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Ahora hay que bancar

Demandas múltiples, liderazgos polarizados, y una ciudadanía entre el virus y los relatos.

En mayo de 2018, la entonces Ministra de Seguridad de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, se dirigió a un auditorio compuesto principalmente por empresarios en el almuerzo semanal del Rotary Club. En aquella oportunidad, la actual presidenta del PRO exhortó al público diciendo “ahora hay que bancar" (Infobae, 9/5/18)”. Bullrich se había referido a los cuestionamientos a su gestión por el caso Maldonado, así como a los peligros de una división en Cambiemos.

Aquella afirmación sintetiza un estilo de liderazgo político y una manera de entender la actividad política que ha cobrado creciente protagonismo en la actualidad de la Argentina. Durante las últimas semanas, en concordancia con la inauguración de la temporada electoral, la ciudadanía argentina ha sido testigo y partícipe de discursos que expresan una creciente polarización, así como una multiplicación de demandas poco articuladas, dispersas, pero presentes.

Consultada por la marcha del 17A, Bullrich señaló que “la gente va a dejar en el camino a los tibios que no son capaces de entender la necesidad de la representación” (Palabra de Leuco-TN, 18/8/20). Esta ausencia de lugar para los tibios en la dinámica política nacional ha sido analizada en un podcast muy interesante en el que participó uno de los más reconocidos expertos en derechas de la Argentina, Sergio Morresi[1]. Allí, los audios con expresiones de manifestantes ponen en escena una serie de demandas en relación con las instituciones, contra los medios de comunicación “tradicionales”, antivacunas, en síntesis, por la defensa de una libertad que se considera amenazada. Al respecto, Morresi destaca que el autoritarismo de algunas expresiones que adquieren visibilidad en el mundo convive con el nacionalismo y el racismo en la política, junto con el neoliberalismo en lo económico. Además, el politólogo señala que a medida que esas demandas fragmentadas se van amalgamando, surgen liderazgos y partidos que los representan, en el marco de un corrimiento a la derecha que es global.

En Argentina, la marcha del 17A nos permitió escuchar manifestantes que creen que Jesús está en la Constitución, promotores del “Patriarcado Unido Argentino” y detractores de la reforma judicial en discusión en el ámbito legislativo -entre otros-, todo junto y en la calle. Además, algunas expresiones de esos manifestantes mostraron similitudes con el discurso de medios de comunicación -aún hegemónicos- que instalan enunciados a fuerza de repetición sin ahondar demasiado en la explicación de sus argumentos.

Sin embargo, no podemos contentarnos con que los manifestantes salen a la calle porque los medios de comunicación los manipulan. Semejante consideración sería no sólo simplista sino falaz. Independientemente de la influencia que sobre nosotros ejerzan esos medios de comunicación, existe una parte de la ciudadanía argentina que aún en pandemia siente la necesidad de manifestarse públicamente en contra de muchas cosas. Algo la moviliza y ese vector de movilización debe ser contemplado.

Probablemente, los dirigentes que salieron a la calle el 17A hayan considerado oportuno ponerse a disposición e intentar producir una oferta de representación para aquellos que parecen no tener ninguna. Si eso fue oportuno u oportunista lo podemos conversar. Pero sabemos que hay un proceso político de constitución identitaria y partidaria de la derecha que tuvo su expresión inicial en el PRO y luego en Cambiemos, que fue interrumpido por la derrota electoral de 2019, y que está en plena búsqueda de su reformulación no sólo en contenidos sino también en liderazgos. La opción Bullrich parece ser la de la radicalización del discurso. ¿Habrá una opción moderada en Cambiemos para las legislativas 2021?

Y señalo que el proceso en curso de Cambiemos es de constitución identitaria y partidaria porque entre identidades e instituciones hay intercambios. Estoy al tanto de que identidades e instituciones forman parte de dos grandes bibliotecas de la Ciencia Política, dos enormes mesas separadas como diría Almond (1977), pero hace tiempo que señalo la necesidad de hacer dialogar esos enfoques para producir mejores explicaciones de los fenómenos políticos. ¿Podemos pensar que la base electoral de Cambiemos es la misma en 2020 que en 2015, es decir, antes y después de la presidencia Cambiemos? Y no me refiero exclusivamente a si son los mismos electores sino, más importante, si lo que esperan es igual. ¿Cuál fue el impacto de la experiencia gubernamental de Cambiemos sobre la institucionalización del PRO, en tanto partido que accedió al gobierno nacional por primera vez en su historia?

Y al mismo tiempo, mientras que los y las dirigentes opositores dirimen sus internas, el oficialismo busca la manera de producir iniciativas políticas más efectivas y los medios de comunicación repiten enunciados sencillos de decir pero difíciles de explicar, la ciudadanía argentina asiste empobrecida, cansada y frustrada a un espectáculo que la deja entre el virus y la pared, entre el odio y la promesa de un bienestar que no llega, entre el conservadurismo y las iniciativas progresistas que quedan en proyecto.

No se trata de hacer un simulacro de sorpresa frente a la polarización en un país que experimentó un bombardeo en Plaza de Mayo, el terrorismo de Estado y la quema de un féretro con la simbología de un partido -por parte de un opositor- en pleno cierre de campaña de la restauración democrática en 1983 (por mencionar unos poquísimos ejemplos, y de diferente envergadura). Pero, justamente, porque sabemos cuáles son los riesgos de la intensificación de la distancia ideológica en la disputa política, la importancia de los símbolos y el impacto de los discursos públicos en competencia es que la creciente pérdida de moderación por parte de dirigentes, medios de comunicación y ciudadanos movilizados es un llamado de atención respecto al presente de la política en la Argentina y, sobre todo, en relación con el futuro que pretendemos como comunidad.

Si en 2001 la demanda central expresaba “que se vayan todos” en tanto todos “son lo mismo”, ahora hay que bancar una democracia con un centro vaciándose, con discursos de radicalización y con diferencias tan profundas que donde unos dicen Justicia otros responden impunidad.

[1] El podcast se llama Esto pasó posta y está disponible en Spotify. Capítulo: “¿Qué quieren las nuevas derechas?”.

CienPuntoUno 2020

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