Banner Radio Header

Opinión | Educación | Pandemia | Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica

Aprender para enseñar

Sostener la educación a pesar de la pandemia nos recordó que sólo aprendiendo podemos enseñar.

Este ha sido un año arrasador, no quedan dudas. Nos vimos forzados a comportarnos contra nuestra intuición típica: aislarnos en lugar de juntarnos, sentar a nuestros hijxs frente a la pantalla en vez de limitar las horas que pasan conectados a la tecnología, revisar -y desconfiar de- cada una de nuestras rutinas, en lugar de simplemente vivirlas.

Al mismo tiempo, muchxs argentinos y argentinas se enfrentaron a la imposibilidad de trabajar, a la pérdida de empleos e ingresos, mientras que otrxs tuvieron que adaptarse muy rápidamente al teletrabajo y a formas de comunicación y producción completamente mediatizadas por la tecnología. Entre estos últimos estamos lxs docentes y estudiantes de distintos niveles de enseñanza.

Claro que no todxs los docentes ni todxs los estudiantes pudieron continuar su proceso de enseñanza aprendizaje de la misma manera, dada la persistencia de conflictos por salarios no pagos -como en Chubut- así como una serie de constreñimientos que hicieron de una tarea ardua una gesta imposible.

En ese sentido, la pandemia y los consecuentes cambios en nuestra forma de vida y trabajo no sólo expusieron las desigualdades estructurales sobre las que hemos construido nuestra vida en común, sino que las agudizaron.

Al respecto, el informe producido por la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica señala que la restricción tecnológica ha sido la principal dificultad para enseñar en la pandemia. [1] A su vez, 9 de cada 10 docentes encuestados para esa evaluación afirma que su trabajó aumentó en el contexto de aislamiento y sólo uno de cada tres refiere disponer de una computadora de manera exclusiva. Más trabajo, aislamiento, salarios que no alcanzan o lisa y llanamente no se pagan, escolarización domiciliaria, dispositivos compartidos, problemas de conectividad, necesidad de adaptarse rápidamente a los cambios, en suma, una combinación exigente.

Asimismo, la CEPAL advierte que la pandemia de Covid puso en evidencia la insostenibilidad de la actual organización de los cuidados, así como su centralidad: “En América Latina y el Caribe, desde antes de la pandemia, las mujeres dedicaban el triple de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, esta situación se ha visto agravada por la creciente demanda de cuidados y la reducción de la oferta de servicios causada por las medidas de confinamiento y distanciamiento social adoptadas para frenar la crisis sanitaria”. De este modo, la pandemia también profundizó desigualdades de género que tendremos que revisar de cara a la “nueva normalidad”[2].

Entre quienes tuvimos la oportunidad de continuar nuestra tarea docente en formato 100% virtual, los desafíos enfrentados han sido múltiples.

El primer desafío es explicarles a quienes reclaman que no hay clases, o que el año está perdido, que las muchas horas que pasamos preparando y dando clases, leyendo para esas clases, aprendiendo a usar nuevas tecnologías, buscando recursos, reelaborando actividades, respondiendo consultas, conteniendo angustias y dificultades, corrigiendo trabajos, haciendo devoluciones, leyendo más y tomando exámenes, mientras internet se corta sin piedad, desmienten ese cuestionamiento.

En particular, respecto a la virtualización de las universidades, el proceso ha sido controvertido y no exento de dificultades. No obstante, como señala Adrián Cannellotto “la pandemia creó un escenario propicio para repensar la transmisión de conocimientos en el mundo digital que estamos construyendo” [3]. Además, esta experiencia pandémica ha dejado planteada la pregunta por la incorporación definitiva de la virtualidad en la educación, no en reemplazo sino en complementariedad con la educación presencial. Más que una readecuación curricular podría tratarse de un cambio de paradigma.

El segundo desafío es comprender y explicar que la educación no significa únicamente formación técnica, absorción de contenidos o aprendizaje del “juego escolar” (Fried, 2005) [4] en referencia a un conjunto de técnicas y reglas que hacen posible memorizar ideas que se olvidarán pronto, sin desarrollar un pensamiento real. La educación es inclusión, oportunidad de desarrollar pensamiento crítico, formación básica, técnica y profesional; la educación también es encuentro, como se pueda y en el espacio físico o virtual que se disponga, es saber que hay otro a quien uno le importa y que es importante para unx. La educación se forja en vínculos que exceden por mucho la presencialidad. ¿O acaso cuando estamos haciendo una tarea para la escuela, o un trabajo para la universidad o escribiendo una tesis no tenemos en nuestro imaginario a muchxs de esos docentes que nos acompañaron? ¿Acaso no los recordamos varios años después?

El tercer desafío, el más importante, es – y ha sido todo el año- aprender de esta experiencia. Y aprender significa apertura, admisión de lo nuevo, creatividad, disposición a hacernos preguntas. Es posible que en esta época del año lo único que queramos sea cerrar este 2020 tan arduo, pero quizás también sea un momento oportuno para hacernos preguntas. ¿Qué aprendimos como docentes? ¿Qué y cómo aprendieron nuestrxs estudiantes? ¿Qué sabemos sobre ellxs y sobre nosotros mismos que ignorábamos un año atrás? ¿Cómo reinventamos el futuro bajo las condiciones que nos toca atravesar?

Abrir la pregunta por nuestros aprendizajes como docentes, como personas, es el camino para poder enseñar. Abrir la pregunta sobre nuestrxs estudiantes es la manera de no olvidar el sentido de nuestro trabajo y de la educación.

Que las preguntas sean puertas que se abren, que suenen a invitación y no a interrogatorio, que expresen la disposición a aprender en quienes enseñan, que formen parte de un proceso reflexivo ineludible para elaborar la excepcionalidad vivida. Que de esas preguntas surjan nuevos aprendizajes, porque sólo aprendiendo podemos enseñar.

[1] Más info aquí.

[2] Más info aquí

[3] Cannellotto, Adrián (2020): “La virtualización de las universidades”, Le Monde Diplomatique, edición 256, octubre.

[4] Citado en Ritchhart, R., Church, M., & Morrison, K. (2014). Hacer visible el pensamiento. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Paidós. Pág. 306.

CienPuntoUno 2020

Dejá tu comentario

Seguí leyendo