Banner Radio Header

Todos los estudios sobre complejidad económica, que miden el uso intensivo del conocimiento en los rubros y productos de la economía, especialmente los destinados a la exportación, ubican en los últimos lugares las provincias de la Patagonia Austral. Las dinámicas productivas son de poca industrialización y de baja complejidad tecnológica.

Aunque no sea tan evidente, esto empobrece la capacidad fiscal en las provincias. Los ingresos brutos y otros impuestos provinciales o municipales se basan en actividades de baja participación en las cadenas de valor organizadas en torno a grandes empresas extractivas. También sensibiliza a vastos sectores de la población que adjudican a las actividades primarias peligros sobre los ecosistemas y baja capacidad de financiar servicios públicos de calidad por parte de provincias y municipios.

La coparticipación definida en los 80 y las regalías en los 90 generan una estructura de ingresos rígida que no ha demostrado ser expansiva los últimos 30 años. No han acompañado la ampliación de derechos sociales ni el incremento de las poblaciones. El cumplimiento del pacto fiscal impulsado por el gobierno anterior hubiera agravado de forma notable esto.

Los desafíos de la sociedad del conocimiento para el desarrollo sustentable de las sociedades y el territorio han sido enunciados pero no han logrado orientar y estructurar políticas públicas de mediano y largo plazo que se propongan resolverlos. Es visible que el impulso que se había logrado en la región luego de la creación del Mincyt a nivel nacional hasta 2015 se ha perdido.

La mayoría de los empleos, incluso aquellos que en términos relativos están mejor remunerados, no exigen mayor formación ni conocimientos técnicos. Las prácticas empresariales y sindicales surgen inevitablemente de este escenario. Lo mismo ocurre con la baja articulación de las universidades con las economías locales e incluso en el abandono prematuro de la escuela secundaria. Es muy baja la tensión que el mercado laboral genera sobre el sistema de educación formal en Patagonia austral.

La primacía de la explotación de los recursos naturales, base de la economía regional, que ha sido el pilar de del desarrollo desde la creación de las provincias a mediados del siglo XX no parece ya estar dando por si misma las respuestas eficaces para el desarrollo sostenible, ni intrageneracionalmente ni intergeneracionalmente.

Un plan deliberado o cien años de soledad

Las tendencias no se modificarán por las lógicas del mercado, al contrario estas tienden a favorecer inercias más difíciles de cambiar. Si no son más conflictivas es porque se incorporan al paisaje y por la energía que ponen cotidianamente los dirigentes políticos y sociales por la ¨paz social¨.

Solo un plan deliberado que asuma el desarrollo de la Patagonia en su integralidad puede marcar la diferencia. Hay ejemplos interesantes en cada provincia pero es necesario integrarlos a agendas más amplias y escalarlos para que puedan tener impactos significativos en el mediano y largo plazo.

Es necesario completar las grandes obras de infraestructuras iniciadas por Néstor Kirchner en 2003 cuando dijo que se habían terminado cien años de soledad y agregar además una nueva generación de políticas públicas que introduzcan aspectos de la ciencia, la tecnología y la innovación como parte sustantiva de una nueva matriz productiva. Es posible hacerlo y es además necesario.

Las cadenas de valor son muy cortas. Todas son hacia atrás basadas en servicios a grandes empresas pero sin formar parte de los eslabones más valiosos de cada sector. El concepto de empresas proveedoras se ha impuesto sobre el de Pymes que puedan atender diversos mercados con mayor autonomía. No hay sustitución de importaciones significativas radicadas en la región destinadas a la explotación de recursos naturales.

No solo el agregado de valor es inexistente o bajísmo de acuerdo al sector (hemos convertido en un commodity el aluminio, lo que es una curiosidad mundial) sino que además la distribución de valor en el territorio es insuficiente para favorecer nuevos ciclos de ahorro e inversión interna.

Algunas provincias patagónicas han mostrado una mayor capacidad que otras para manejar las situaciones de coyuntura; es cierto que con eso disminuyen las crisis de corto plazo pero también que aún no se logran diseñar escenarios de transformaciones más profundas. Es posible que la respuesta por el futuro no sea solo provincial sino que sea inevitablemente regional con fuertes acuerdos nacionales.

Si en última instancia en el corto plazo los gasoductos y oleoductos deben terminar en la provincia de Buenos Aires, Mendoza o Santa Fe habrá que analizar un poco más la participación en la cadena de valor. También habrá que revisar el rol de empresas como YTec en el territorio y sus vínculos con los yacimientos.

Seguramente la energía esta entre las posibilidades de integración regional por su tradición pero también hay áreas de vacancia como es el caso de la Iniciativa Estratégica Pampa Azul implementada por Cristina Kirchner destinada a la producción y procesamiento de recursos oceánicos que quedó trunca en su componente productivo en 2016.

Federalismo inteligente

La estructura económica puede ser una limitación para el desarrollo regional pero es funcional a otras regiones que posiblemente no quieran cambiar el status quo. Patagonia es proveedora de recursos naturales para otras regiones más industrializadas del país y esto no facilita que emerjan estrategias más vinculadas a la agenda de las transformaciones económicas en el sur tal como se están dando en esos mismos territorios, muchas de ellas impulsadas por el Estado Nacional.

Las estadísticas son contundentes sobre el modelo nacional vigente y el lugar de Patagonia en él, es necesario asumir que su persistencia puede crear más problemas que beneficios tanto a nivel nacional como regional.

El tratamiento de los recursos naturales y sus vinculaciones con una nueva industrialización va a requerir un federalismo inteligente que aborde de manera completa las nuevas sensibilidades ciudadanas sobre la sustentabilidad ambiental, las necesidades nacionales de corto plazo como el ingreso de divisas y otras de largo plazo como la inserción de argentina en el mercado internacional. Esto no se puede hacer sino es desde cada una de las jurisdicciones.

La situación de crisis financiera del presupuesto nacional y de cada uno de los presupuestos de las provincias patagónicas en los últimos años no es sencilla. En el sur cuestiona además algunas tesis como las del ¨mal holandés¨ que supone un subdesarrollo por exceso de riqueza en la sociedad.

A pesar de la insistencia del gobierno anterior no tenemos sociedades ricas y seguro que no tenemos Estados con presupuestos abundantes. Todos están muy lejos de CABA por ejemplo. Al contrario son deficitarios o con equilibrios frágiles aún con buenas administraciones. Sin desarrollo de las capacidades endógenas la mera dotación de recursos naturales no genera riqueza, no al menos en el territorio donde se extraen.

Crisis y estilos de gobierno

La crisis nos atrapa en el presente y nos remite a revisar el pasado de forma constante en tono de culpas. La peor respuesta es creer que debe suspenderse el debate sobre el futuro mientras se da respuesta a la crisis del presente.

En este contexto no es menor reflexionar también sobre el enfoque de como gobernar. Si en medio de la situación grave que se vivía en 2004 Néstor Kirchner no hubiera firmado el decreto sobre Arsat, el país no hubría podido enviar al espacio una década después un satélite ni preservar la órbita. Los estilos de gobierno son claves para resolver esta aparente contradicción entre presente y futuro en política, hay experiencias donde recostarse en el pasado reciente y hay que aprovecharlas.

Y esto es así porque no todos son problemas internos. O mejor dicho, no hay problemas internos de gobierno que se resuelva siempre en el mismo nivel y el mismo tiempo en el que se originan, por eso existen las estrategias que impulsan los y las estadistas. El modo de abordar la agenda de gobierno del Presidente Alberto Fernández crea en ese sentido buenas expectativas, fortalecerla regionalmente es necesario.

Por diversas razones se ha acelerado la dinámica por la cual los países buscan avanzar lo más rápidamente posible en este proceso de cambio continuo, algunos se hacen eco de la nueva conciencia ambiental por el cambio climático y otros movilizan las transiciones productivas y energéticas porque potencian el desarrollo económico, la competitividad, el empleo, los ingresos fiscales, la prosperidad, el bienestar social y el desarrollo sostenible.

Cada región del país enfrenta problemas similares, dar respuestas eficaces es el desafío de cada gobierno. Lo que es seguro es que la cultura de la demanda, donde la jurisdicción menor le exige a la mayor la solución a sus problemas ya no tiene lugar.

Si el presente parece que requiere algunos conocimientos financieros es seguro que el futuro requiere una inteligencia estratégica, en la capacidad de combinarlos estarán las mejores respuestas. La esperanza está vigente pero el tiempo de descuento ya empezó.

[i] Profesor Titular e Investigador del Instituto de Trabajo, Economía y Territorio de la UNPA y profesor del Doctorado en ciencias de la Ingeniería de la UNPSJB.

Dejá tu comentario

Seguí leyendo