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Ávila hace el trabajo sucio

El dirigente petrolero asumió los costos políticos y sociales de cortar la inercia del conflicto entre el gobierno y los estatales.

El miércoles 4 de septiembre a las 3 de la mañana manifestantes estatales que estaban en 3 y 26 fueron desplazados a la fuerza por un grupo de trabajadores petroleros que los superaban en número. La maniobra había trascendido con nivel de certeza el día anterior. Por lo tanto, todos los actores involucrados (gobierno, sindicatos, poder judicial y empresarios) estaban anoticiados de lo que iba a suceder y actuaron en consecuencia. Nadie llegó a ese momento sorprendido.

Por la tarde 40 mil personas coparon las calles de Comodoro en respuesta a lo sucedido. Algunos dicen, en la movilización más grande que se recuerde en la ciudad. Los docentes tienen un “a priori” a su favor: son desde siempre motivo de orgullo y símbolo de la democracia Argentina.

Sin embargo el hecho más novedoso no fue la masiva protesta de la comunidad de Comodoro Rivadavia, sino lo ocurrido en la ruta. Allí se vio una suerte de paraestatalismo institucionalizado, avalado por el propio gobierno, como única respuesta a un conflicto que todavía no se agotó. El vacío de poder del Ejecutivo (también del resto de los Poderes) encontró respuesta en dirigentes gremiales que resultaron los garantes del sistema y la “paz social”.

Son Ávila y Llugdar (con mayor protagonismo del primero) quienes se hicieron cargo del impotencia gubernamental. Son los deudores solidarios de una coalición política que empezó a crujir el mismo día que ganó las elecciones. Pagan el costo político que Mariano Arcioni no pudo afrontar. El gobernador no cumplió aquello que comprometió y se enfrentó a los conflictos (predecibles) sin herramientas económicas, ni políticas.

El costo político y social que afrontan los petroleros es importante. Y lo hacen en nombre del Sistema. Por tanto, las críticas desde la izquierda son acertadas: Ávíla y compañía defienden el modelo político y económico vigente, no sólo al gobierno. Políticos oficialistas y opositores, empresarios gigantes, grandes, medianos y chicos, jueces y fiscales provinciales y federales: todos le deben a los petroleros haber hecho lo que ninguno quiso, supo o pudo hacer.

Y aunque algunos de los referentes de la oposición hoy vociferen solidaridad con los estatales, no hubo uno que haya bancado públicamente (y tampoco en privado) los cortes de ruta en el acceso a los yacimientos petroleros. El resultado, parcial, conforma a todo el sistema: puso fin a una parte del problema que tenía contra las cuerdas a vastos sectores de la comunidad ante la potencial ruptura de la cadena de pagos de la economía regional de la Cuenca del Golfo San Jorge.

En este escenario Ávila resigna cualquier deseo electoral próximo, además de arriesgar su lugar como presidente de Petrominera en el ejecutivo provincial: prenda solicitada por los estatales en el fragor de las movilizaciones. "El Loma" político perdió mucho de lo construido la madrugada del miércoles. No obstante el Sistema recordará por siempre sus decisiones esa primer semana de septiembre de 2019.

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