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Chubut: entre viejas y nuevas alianzas

¿Cómo va a ser la base de sustentación de cada alianza política? ¿Qué riesgo asumen los actores y cómo se preparan para el futuro próximo? Lee la columna de Pablo Das Neves para Mil Patagonias.

Las tensiones internas en los frentes políticos no son novedad. Salvo que las mismas se vuelvan insostenibles y la distribución del poder sea asimétrica, por lo general sólo se reducen a escarceos mediáticos.

En Chubut, dichas tensiones se han vuelto visibles de la mano del agotamiento de los tiempos para definir los puestos del gabinete y su correspondiente reparto del poder. El gobernador Arcioni se ha reservado para sí mismo la definición del equipo que lo acompañara, sin más que algunos espacios residuales para sus aliados. De igual manera ha sido la resolución de la presidencia del bloque oficialista, donde la joven promesa arcionista Pais se impuso a la experimentada madernista Lloyd Jones, quien seguramente se sentirá aliviada del peso de la defensa oficialista.

Para entender esta nueva configuración del poder en la provincia, hay que reconocer que la construcción arcionista se sostiene tanto en la innegable habilidad del gobernador de generar alianzas con espacios y dirigentes políticos importantes, como así también la capacidad para desconocer pactos y acuerdos.

Esta configuración del gobierno le otorga a Arcioni una importante suma de poder, pero a la vez una importante suma de responsabilidades. Lo novedoso en todo este proceso es el soterrado cambio de alianzas y lealtades que se van observando en el corto y mediano plazo.

Juan Pablo Luque, la estrella política del momento, llegó a la intendencia de Comodoro de la mano de la estructura peronista tradicional (configurada por ocho años de dipierrismo-linarismo), para hacerse su propio camino político.

En este sentido, en algunos sectores se habla en voz no tan baja de un acuerdo con el gobernador Arcioni de realizar un enroque en el 2023, donde Luque acceda a la gobernación y Arcioni a la intendencia de Comodoro. La ingeniería política es inapelable: Ambos no pueden reelegir y necesitan seguir en el poder. Además, para el gobernador, este pacto conlleva el beneficio adicional de incomodar a sus (por ahora) aliados locales, cortando cierto “cordón umbilical” de dependencia petrolera. Resta ver si esta nueva e incipiente alianza se corresponde en un futuro con una disminución de apoyo político y legislativo.

En Trelew ocurre algo similar. Conocedor que tiene por delante un 2020 difícil, inteligentemente el intendente Maderna ha decidido concentrarse en la gestión, ya que la política parece serle esquiva por ahora. A la ya mencionada perdida de la conducción del bloque por parte de Lloyd Jones y la casi nula participación en el gabinete provincial, el intendente Maderna observa algunos acercamientos de Arcioni a su archirival sector mackarthista, mas algunas operaciones que salen de quienes formaron su círculo más íntimo. Dueño de una paciencia oriental, por ahora no parece haber “vueltos” planificados.

Puerto Madryn no escapa a esta tendencia. La familia Sastre se quedo con la vicegobernación y la intendencia, pero la irrupción de ciertos nombres pone en duda algunas alianzas.

La convocatoria oficialista del diputado Grazzini, de origen elicechista y presente cercano a Luque, funcionó al igual que en Trelew y Comodoro como una provocación al jefe político territorial.

La respuesta del vicegobernador electo fue la presentación en sociedad de su equipo de colaboradores como una suerte de gabinete en las sombras. Entre ellos se destaca el experimentado Jerónimo García en el rol de coordinador, cuyas diferencias (producto de pactos recíprocos incumplidos) con Arcioni son públicas y evidentes.

Mientras esta olla a presión que resulta el oficialismo sigue levantando temperatura, otros 3 grupos de poder son merecedores de atención.

En primer lugar, una suerte de “Conseil des Anciens” cuyas figuras visibles son Linares, Mackharty y Yahuar, aunque no hay que desechar otras figuras que integran este sector. Se posicionan cercanos al gobierno nacional, con vínculos innegables producto de su historia, y un claro distanciamiento del oficialismo provincial basado en el pronóstico del fracaso del mismo. Este experimentado grupo, acostumbrado a moverse dentro del poder no cederá su espacio y difícilmente se sume fácilmente a un espacio que no lidere, o al menos integre en forma contundente.

Por otra parte, el kirchnerismo local liderado por Santiago Igón y Nancy Gonzalez ha demostrado ser un experimentado “sprinter”.

Mientras los demás espacios pelean su lugar batallándolo diariamente, este espacio se mantiene por debajo del radar para a último momento acelerar y lograr liderar los cargos electivos. De línea directa nacional, no se inmiscuirán en cuestiones domésticas hasta que sea el momento preciso, pero nadie puede discutir que estarán sentados en la mesa principal.

Finalmente, pero no por ello menos importante, hay que observar el lento pero constante crecimiento de la UCR. Con ocho intendencias y convencidos de ser oposición del pan-peronismo nacional y provincial (aun cuando la unificación de este ultimo sea una utopia), diseñan su estrategia basada en un cuarteto de referentes. Los prolijos intendentes Ongarato y Juncos, la sorpresa rawsense Biss, y el sólido diputado Gustavo Menna. Estos dirigentes, apoyados desde la rosca por el diputado Pagliaroni y el abogado Gutierrez Hauri, desplazaron de la conducción del partido centenario al rancio sector de Mario Cimadevilla, un perito en fracasos cuyo mayor merito ha sido negociar con los oficialismos de origen justicialista que sus hijos ocupen cargos de relevancia.

Así las cosas, Chubut se debate entre nuevas y viejas alianzas, las cuales (también hay que decirlo), se encuentran transversalmente cruzadas por intereses económicos, mediáticos y judiciales.

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