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¿Cuándo decir basta en internet?

El avance de las tecnologías y la oferta de plataformas de streaming que ofrece el mercado han hecho que el consumo en internet se vuelva casi primordial en nuestras vidas. Esperamos el fin de semana para ver una serie, vemos recetas de youtube, incluso estos contenidos han servido de puentes entre la educación y las nuevas culturas. En ese proceso, ¿en algún momento discernimos que vemos y cuestionamos las conductas de las personalidades que nos entretienen? ¿qué pasa con las figuras que se forman dentro de otras plataformas como Twitch y Youtube?.

En las últimas horas, La Faraona, un youtuber e influencer, fue la nueva mira de las redes sociales. Martín Cirio comenzó siendo un youtuber que contaba experiencias de Egipto vinculadas con sus vivencias sexuales entre un humor ácido y negro. Tras hacerse conocido, colaboró con algunas personalidades del espectáculo como Catherine Fulop, Las Bandanas, Oriana Sabatini, y decenas de youtubers.

Tras una pelea con El Dipy, el youtuber acusó al cantante de cumbia de pedófilo por tener una canción que hablaba sobre la violación en grupo de una niña de 15 años. Mediante un intercambio de tweets, quién quedó más expuesto fue el acusador. En las últimas horas vimos los hashtag #Faraona y #MartinCirioPedofilo, seguido de hilos en twitter en los que Cirio, hacia chistes de índole sexual, sobre abuso sexual y pedofilia.

Más allá del debate sobre los alcances del humor y que se haya justificado expresando que cambió su pensamiento, lo interesante es abordar cómo se construyen los dichosos “influencers” en las redes sociales y que tan importante es su ámbito personal en esa construcción, como se diferencia de los personajes y que tanta importancia le damos como consumidores a ello. Ha sucedido así, con grandes figuras nacionales como Maradona, Marcelo Tinelli y a nivel internacional, uno de los casos más palpable es el de Michael Jackson.

En este aspecto juega de manera directa la llamada “Cultura de la cancelación”, el intento de sacar, desterrar, retirar el apoyo, en cierto sentido también decepcionarse, de figuras públicas, del espectáculo, la política, influencers, deportivas, por conductas en su ámbito privado.

¿Debemos entonces, tener un medidor de la moralidad a la hora de consumir contenidos?

Como consumidor uno tiene la posibilidad de elegir que mirar, en qué horarios, donde, y abrir una vara de la “moralidad” para ser un usuario consciente de lo que consume. Lo más correcto sería que podamos tener una mirada crítica de lo que se nos expone, y no ser los llamados consumidores pasivos, quienes ven contenidos más allá de la racionalidad. Hace diez años podíamos ver en la televisión programas como Videomatch, donde hombres se desnudaban frente a una mujer y a muchos les parecía gracioso, hoy en día, los espectadores y usuarios de las redes sociales, no tolerarían tal show. La crítica en redes sociales hoy, te posiciona, te condena y te cancela.

Esa vara finalmente la ponemos nosotros, y es a partir de nuestras vivencias y criterios personales que decidimos cancelar alguna figura, el problema aparece cuando se está a cargo de consumidores pequeños, aquellos que comienzan a formar sus primeras experiencias y donde internet es un lugar de construcción y aprendizaje.

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Consumidores pequeños, nativos digitales.
Consumidores pequeños, nativos digitales.

Los consumidores pequeños, no entienden internet como los más adultos, ellos nacieron con más tecnologías incorporadas, son nativos digitales y hay que poner una alerta diferente. Los más pequeños, no pueden discernir entre los consumos irónicos, cosa que los adultos sí.

En ese punto, entendiendo la importancia que tiene lo que se consume en el proceso de aprendizaje y educación, hay que poner una mirada más atenta, observar que se consume, como se hace y los diferentes lenguajes que se emplean en las redes. Finalmente, el avance de las tecnologías y las plataformas, son las que forman nuevas personalidades en el entorno y que se vuelven un consumo diario en nuestras vidas.

CienPuntoUno 2020

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