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Opinión | violencia de género | femicidios

Desambiguar las violencias

Nos rodean múltiples formas de violencia. Verlas tal cual son es el primer paso para erradicarlas.

En 1994, se estrenó la película neozelandesa El amor y la furia[1] en la que se cuenta la historia de una familia maorí. Rápidamente el film nos volvió testigos de escenas de marginalidad, desesperanza y violencia extrema, especialmente violencia de género. Nunca vi tantos espectadores levantarse e irse de un cine. Las imágenes de las violencias de género, de la marginalidad, de la pobreza transcurrieron una tras otra. Poco a poco el espanto inicial cedió ante la fuerza de la repetición, como si la capacidad de asombro se gastara.

No obstante, no sólo generaron consternación esas imágenes sino también las palabras, especialmente el título. Por mucho tiempo me quedé pensando en esa idea, el amor y la furia, y a pesar de que el título puede ser efectivo comercialmente, creo que es confuso. En cambio, considero preciso desambiguar las violencias, delimitar su significado de manera independiente de otros vínculos, prácticas o sentimientos.

Señalo esto porque algunos de los datos más recientes sobre femicidios en Argentina nos exigen una reflexión más profunda sobre el problema de las violencias. El Observatorio Nacional Mumalá elabora un Registro nacional de femicidios, femicidios vinculados, Trans/Travesticidios y Lesbicidios. El último informe señala que 275 mujeres, travestis y trans sufrieron una muerte violenta entre el 1 de enero y el 30 de octubre 2020, de las cuales 227 son femicidios, femicidios vinculados y trans/travesticidios. Otras 48 muertes de mujeres están en proceso de investigación. Además, en el mismo período se produjeron 226 intentos de femicidios.

Estas cifras resultan abrumadoras en su conjunto, especialmente respecto a dos datos adicionales. Por un lado, quiénes son los perpetradores. El 41% de los femicidios fue cometido por la pareja de la víctima, el 22% por la ex pareja y el 13% por un familiar. En suma, la enorme mayoría de estas mujeres muere a manos de alguien con quien sostenía o sostiene un vínculo. Pero no deberíamos confundir la violencia con el amor. Es probable que por discursos que justifican la violencia asociada a una supuesta pasión del amor la cocina de nuestra casa se vuelva el lugar más peligroso para muchas mujeres. Y nos puede pasar a todas. Tampoco ayudan los estereotipos de la violencia cuando es probable que muchas de las personas que lean estas palabras hayan experimentado en cuerpo propio que la violencia atraviesa nuestras familias independientemente del nivel educativo, posición socioeconómica u otro tipo de características.

Por otro lado, la multiplicación del daño. 23 femicidios pertenecen a la categoría de vinculados. Esto quiere decir que se trata de niñas y niños que fueron asesinados para causar sufrimiento a una mujer cis, trans o travesti, o que se interpusieron en la línea de fuego[2]. Además, 265 niñas, niños y adolescentes sufrieron la pérdida de su madre.

Y hablamos de violencias en plural porque este problema asume muchas formas[3], se camufla en nuestras casas, pero también habita el mundo público. Por ejemplo, la violencia política contra las mujeres en razón de género es objeto de investigaciones dentro de la Ciencia Política y ha dado lugar a sistemáticas reflexiones. Esta semana, en la mesa redonda ¿Por qué a las mujeres les cuesta más hacer política que a los hombres?, organizada por la Red de Politólogas y la UISEK, pudimos asistir a valiosas exposiciones sobre este tema. Entre ellas, nuestra gran maestra Line Bareiro hizo referencia a los ataques a la sexualidad de las mujeres, a la exposición a la violencia y cómo esas prácticas afectan la calidad de la política. Asimismo, fueron esclarecedoras las intervenciones de las expertas Jennifer Piscopo y Virginia García Boudoux. Piscopo hizo una observación fundamental: para trabajar sobre la desigualdad de género es preciso reconocerla. Si no se reconoce el problema no hay incentivo a políticas públicas igualitarias.

En Argentina se encuentra vigente la ley 27.533 impulsada por la senadora chubutense Nancy González (Frente de Todos) y modificatoria de la ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres. Su objeto se refiere específicamente a visibilizar, prevenir y erradicar la violencia política contra las mujeres entendiendo por tal “aquella que, fundada en razones de género, mediando intimidación, hostigamiento, deshonra, descrédito, persecución, acoso y/o amenazas, impida o limite el desarrollo propio de la vida política o el acceso a derechos y deberes políticos”. En Chubut, contamos además con la Ley XV N° 26 de Protección Integral e Igualdad de Oportunidades y Equidad de Género.

Sin embargo, como ha señalado García Boudoux, es decisivo cambiar las representaciones mentales del liderazgo político, el cual es percibido como natural en los hombres y no así en las mujeres. Esa desigualdad de entrada en la política hace que, por ejemplo, a las mujeres se les exija mayor calificación que a los hombres para el mismo puesto, tal como lo ha señalado también la colega Paula Canelo.

Al respecto, la violencia política contra las mujeres no puede ser comprendida como un “derecho de piso”, ni como el precio a pagar por querer participar en la vida pública. Allí hay otra desambiguación pendiente. La violencia no puede ser prueba de idoneidad ni pago de entrada. Tal como lo establece la ley, tenemos derecho a vivir una vida pública y política libre de violencia.

En conclusión, las formas de la violencia son múltiples, permean nuestra vida en ámbitos muy diversos, y sólo nuestra militancia atenta contra todas las formas de violencia puede permitirnos desarmar discursos, desambiguar sentidos y erradicar prácticas que erosionan nuestras democracias porque afectan el ejercicio de la libertad, la participación y la igualdad efectiva.

El título de la película debió ser El amor o la furia, con una enorme ó excluyente que indique la imposibilidad fáctica de llamar amor a cualquier forma de daño, o de eludir el problema de las violencias.

[1] Su título original es Once were Warriors, dirigida por Lee Tamahori.

[2] Según el Ministerio Público Fiscal, “El femicidio vinculado comprende la muerte perpetrada por un femicida para castigar o destruir psíquicamente a una mujer sobre la cual ejerce la dominación. La víctima de este hecho puede ser una mujer o un varón, indistintamente.” Disponible acá

[3] La ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres establece los tipos de violencia física, psicológica, sexual, económica y patrimonial, simbólica. A su vez, contempla las modalidades de violencia doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.

CienPuntoUno 2020

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