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Día Mundial de la Salud Mental: Concientizar y prevenir

En el Día Mundial de la Salud, es fundamental ofrecer información útil para toda la comunidad, con el fin de prevenir y tratar las enfermedades mentales más comunes, así como superar los prejuicios que dificultan el tratamiento.

Las personas que sufren enfermedades mentales, además de transitar el duro proceso de la enfermedad, sufren también el estigma de la sociedad, que todavía se horroriza y apela al silencio frente a los síntomas. La tarea de concientización es amplia: es necesario aprender sobre las enfermedades mentales, normalizarlas y conocer con claridad qué síntomas son señales de alerta. Aprender a convivir con el diagnóstico propio o de nuestros seres queridos y aceptar un tratamiento es el paso fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas.

En Argentina, se estima que 1 de cada 3 personas sufre al menos un trastorno mental. Los más comunes son la depresión, la ansiedad y las fobias. Y las mujeres suelen ser más propensas a sufrirlas. La adolescencia es la etapa clave para detectar y erradicar los síntomas.

Este año, por el Día Mundial de la Salud Mental, la OMS decidió poner el eje en la prevención del suicidio, otra epidemia que azota globalmente. Mientras algunos toman estos ejes como tabúes, para otros significa una conversación difícil. Pero la mejor manera de ayudar es informarse. ¿Cómo se definen las enfermedades mentales más comunes? ¿Qué síntomas y tratamientos se asocian a cada una?, y lo fundamental, ¿Cómo actuar responsablemente?

DEPRESIÓN: MÁS QUE “ESTAR TRISTE”

La depresión es un trastorno emocional que, además de causar un sentimiento de tristeza constante, esta acompañado por la pérdida de interés frente a las actividades cotidianas, angustia, falta de autoestima, cambios de hábitos en el apetito y la salud y cambios de ánimo. Es común encontrar el diagnóstico asociado a un cuadro de ansiedad o tendencia suicida. La depresión causa en quien la sufre un sentimiento de que no vale la pena vivir.

¿Cómo saber si alguien que conozco está sufriendo depresión?

Entre los síntomas, se registran:

  • Sentimientos de tristeza, ganas de llorar, vacío o desesperanza
  • Arrebatos de enojo, irritabilidad o frustración, incluso por asuntos que parecen “de poca importancia”
  • Pérdida de interés o placer por la mayoría de las actividades habituales o todas, como las relaciones sexuales, los pasatiempos o los deportes
  • Alteraciones del sueño, desde insomnio a dormir demasiado
  • Cansancio y falta de energía
  • Falta de apetito y adelgazamiento, o más antojos de comida y aumento de peso
  • Ansiedad, agitación o inquietud
  • Lentitud para razonar, hablar y hacer movimientos corporales
  • Sentimientos de inutilidad o culpa, fijación en fracasos del pasado o autorreproches
  • Dificultad para pensar, concentrarse, tomar decisiones y recordar cosas
  • Pensamientos frecuentes o recurrentes sobre la muerte, pensamientos suicidas, intentos suicidas o suicidio
  • Problemas físicos inexplicables, como dolor de espalda o de cabeza

Como se puede ver, la depresión se enmarca en un cuadro mucho más amplio que el sentimiento de tristeza, y puede provocar estragos en la vida de las personas que la sufren, ya que si no reciben algún tipo de tratamiento la misma comienza a impactar en todos los aspectos de la vida: el trabajo, la familia, las relaciones personales, la autoestima y autopercepción.

Lo fundamental es estar atento a las señales de alerta y recurrir siempre a un profesional ante la mínima duda. No se recomienda el autodiagnóstico ni la automedicación. También se requiere una escucha activa y empática hacia quien sufre este trastorno, ya que quienes no lo padecen suelen tomarlo como un episodio esporádico de tristeza y tratan de aliviarlo con comportamientos que tienden a estigmatizar aún más al paciente.

Imponer la propia visión y empujar a la persona depresiva a hacer cosas, a estar activo o a “dejar sus problemas atrás”, no siempre funciona, ya que el tratamiento de la depresión es un largo proceso que tiene sus propios tiempos para cada sujeto. Y deben estar acompañados de terapia y/o medicación.

ANSIEDAD: Entender el miedo

La ansiedad es la preocupación y miedo intensos, excesivos y continuos ante situaciones cotidianas. Se compone de síntomas tanto emocionales como físicos, aunque no presenta ningún riesgo a nivel corporal. Si bien la preocupación excesiva es normal, en la ansiedad se presenta de manera intensificada, irracional, y puede derivar en ataques de pánico o un trastorno de ansiedad generalizada. La misma suele tener un origen, pero los síntomas pueden aparecer sin razón aparente. La persona que sufre de este trastorno siente un miedo inmenso ante situaciones que para otros parecen sencillas, y tiende a imaginarse el peor escenario posible en su día a día. Los ataques de pánico, por su parte, están caracterizados por un nivel de tensión y preocupación extremos, acompañados por el miedo a morir. A pesar de que, físicamente, nadie puede morir por un ataque de pánico, al momento del hecho el que lo sufre está fuertemente convencido de lo contrario.

¿Cómo reconocer los síntomas de alguien que sufre ansiedad?

Los síntomas son numerosos y variados. Pueden agruparse de la siguiente manera:

  • Físicos: Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la alimentación, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad. Si la activación neurofisiológica es muy alta pueden aparecer alteraciones del sueño, la alimentación y la respuesta sexual.
  • Psicológicos: Inquietud, agobio, sensación de amenaza o peligro, ganas de huir o atacar, inseguridad, sensación de vacío, sensación de extrañeza o despersonalización, temor a perder el control, recelos, sospechas, incertidumbre, dificultad para tomar decisiones. En casos más extremos, temor a la muerte, a la locura, o al suicidio.
  • De conducta: Estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud motora, dificultad para estarse quieto y en reposo. Estos síntomas vienen acompañados de cambios en la expresividad corporal y el lenguaje corporal: posturas cerradas, rigidez, movimientos torpes de manos y brazos tensión de las mandíbulas, cambios en la voz, expresión facial de asombro, duda o crispación, etc.
  • Intelectuales o cognitivos: Dificultades de atención, concentración y memoria, aumento de los despistes y descuidos, preocupación excesiva, expectativas negativas, rumiación, pensamientos distorsionados e importunos, incremento de las dudas y la sensación de confusión, tendencia a recordar sobre todo cosas desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables, abuso de la prevención y de la sospecha, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.
  • Sociales: Irritabilidad, ensimismamiento, dificultades para iniciar o seguir una conversación, en unos casos, y verborrea en otros, bloquearse o quedarse en blanco a la hora de preguntar o responder, dificultades para expresar las propias opiniones o hacer valer los propios derechos, temor excesivo a posibles conflictos, etc.

Debido a los tiempos eufóricos que propone esta era, cada vez más personas sufren este trastorno. Los síntomas varían dependiendo la persona, por lo que pueden confundirse con síntomas de otros trastornos o enfermedades físicas y no caer en la cuenta de que se está padeciendo ansiedad.

Por otra parte, el estigma en torno a esta enfermedad se acentúa, a diferencia de otras. La persona ansiosa tiende a preocuparse de forma irracional por asuntos que para otros significan algo simple o sin importancia.

Es arduo entender la mente ansiosa desde la mirada ajena. Por ello, se insiste en la escucha, en el entendimiento, que deben formar parte de un apoyo sin prejuicios, que sepa reconocer la magnitud del miedo que se sufre.

SUICIDIO: Rodeado de mitos

Este año, la OMS centró el eje de la discusión en la prevención del suicidio, un fenómeno cargado de mitos y prejuicios que dificulta el reconocimiento del perfil de una persona con tendencias suicidas.

La Organización puso en marcha la campaña “40 segundos para actuar”, para luchar contra esta problemática que se posiciona como la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. El eslogan tiene su fundamento en la escalofriante estadística que indica que cada 40 segundos se produce un suicidio en el mundo.

Entre las señales de alerta, se encuentran:

  • Ideación suicida: pensar, hablar o escribir sobre el suicidio
  • Hacer planes para suicidarse
  • Abuso de drogas
  • Falta de propósitos vitales
  • Preocupación, agitación e incapacidad para dormir
  • Sensación de estar atrapado
  • Desesperanza
  • Apartamiento de los amigos, la familia o la sociedad
  • Enfado, rabia o búsqueda de venganza
  • Temeridad e impulsividad
  • Cambios bruscos de humor
  • Depresión
  • Sensación de inutilidad

Desde hace años, la comunidad médica y psicológica desmintió varios mitos conocidos sobre el suicidio, como el famoso: “la persona que realmente quiere suicidarse no lo dice”, cuando en realidad es probable que quien tenga esta idea en la cabeza lo exprese a otros, aunque sea sutilmente, como una forma de pedir ayuda.

Otros mitos conocidos sobre el suicidio

La mayoría de los suicidios suceden repentinamente, sin advertencia previa.

FALSO. La mayoría de los suicidios han ido precedidos de signos de advertencia verbal o conductual. Desde luego, algunos suicidios se cometen sin advertencia previa. Pero es importante conocer los signos de advertencia y tenerlos presente.

El suicida está decidido a morir.

FALSO. Por el contrario, los suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida o la muerte. Alguien puede actuar impulsivamente al beber plaguicidas, por ejemplo, y morir unos pocos días después, aunque hubiera preferido seguir viviendo. El acceso al apoyo emocional en el momento propicio puede prevenir el suicidio.

Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo.

FALSO. El mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y específico según la situación. Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanentes, y quien haya tenido pensamientos e intentos suicidas puede llevar después una larga vida.

Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como estímulo.

FALSO. Dado el estigma generalizado alrededor del suicidio, la mayoría de las personas que contemplan el suicidio no saben con quién hablar. En lugar de fomentar el comportamiento suicida, hablar abiertamente puede dar a una persona otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión, previniendo así el suicidio.

Romper el estigma, informarse y ofrecer una escucha activa son las claves para ayudar en la prevención y el tratamiento de estas enfermedades, que son muchas más de las ya mencionadas. Hace falta superar los prejuicios para sensibilizar, concientizar y desarrollar terapias adecuadas que hagan la diferencia en la calidad de vida de quienes nos rodean.

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