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Por Milagros Gazcón

En marzo de este año se cumplieron 25 años de la muerte de Omar Carrasco, conscripto neuquino que fuera víctima de una práctica habitual - mas no así “curricular”- en el marco del rol que desempeñaron las Fuerzas Armadas durante los años de vigencia del Servicio Militar Obligatorio en la República Argentina.

En las re-lecturas de la historia reciente que tanto agradan al gobierno nacional, la célebre creación de un “Servicio Cívico Voluntario” en el vigesimoquinto aniversario del hecho que marcara el fin del Servicio Militar Obligatorio en el país, parece, cuanto menos, una ironía con sabor amargo.

El texto de la resolución emanada del Ministerio de Seguridad de la Nación, sostiene que el fin del Servicio Cívico Voluntario en Valores consiste en “brindar oportunidades de formación a los jóvenes a través de los valores democráticos y republicanos, que suponen compromiso cívico para que conozcan sus derechos y sus responsabilidades, sus capacidades y potencialidades personales, el sentido del deber, la capacitación en nuevas destrezas y habilidades, el compromiso con el bien común y el estímulo a capacitarse continuamente, como herramientas para fortalecer su propia valoración, como personas capaces de generar un impacto positivo en su comunidad”.

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<p>Patricia Bullrich ministra de seguridad junto Alejandro Finocchiaro ministro de educación. </p>

Patricia Bullrich ministra de seguridad junto Alejandro Finocchiaro ministro de educación.

Es posible identificar, en el texto de la resolución, características que aluden a un discurso de cierta actualidad a nivel global, como ser el énfasis en el desarrollo de acciones que generen “impacto” sobre la comunidad, pero el propósito de la medida – más allá de cierta espectacularidad preelectoral- parece girar en torno al mismo leit motif que alimentó la creación del Servicio Militar Obligatorio a comienzos del SXX: cohesión e integración social.

Por supuesto, la sociedad “argentina”, de ese entonces era un reflejo de lo que se denominó bajo el término “crisol de razas” y el SMO venía a reforzar la idea de nación y ciudadanía en aquellos varones a los que los que la Ley 1.420 de Educación Común, Gratuita y Obligatoria – fundante del sistema educativo nacional - no había logrado alcanzar. De allí en adelante, el SMO fue reconvirtiendo sus funciones en la práctica, llegando los conscriptos a funcionar como mano de obra “barata” y siempre al alcance de la mano, incluso en las actividades ligadas al terrorismo de Estado.

¿Cuál sería, hoy, el propósito de un Servicio Cívico Voluntario?

Desde la baja del SMO, distintos legisladores y sectores sociales han fantaseado con la idea de su vuelta. Las razones aducidas se basaban en el hecho de asociar el aumento de la inseguridad a una juventud que había “perdido el rumbo” y se volcaba, por ello, a actividades delictivas. La formación militar – y también sus prácticas “no curriculares”- era percibida así como una manera de rectificar esas conductas desviadas.

La propuesta actual del gobierno nacional troca lo “Militar” por lo “Cívico”, pero deja en manos de la Gendarmería Nacional la función de liderar este proceso “formativo” que busca erigirse “como ámbito de cohesión e integración social, dirigido a jóvenes de DIECISÉIS (16) a VEINTE (20) años de edad que se inscriban voluntariamente”. Un ámbito de cohesión e integración social para jóvenes que, por edad, deberían formar parte de otro ámbito de cohesión e integración social preexistente y mejor pensado para el desarrollo de la autonomía necesaria en el ejercicio ciudadano: la escuela.

¿Son las Fuerzas Armadas el lugar propicio para la generación de lazos sociales?

¿Son los lazos sociales generados bajo el control de una fuerza armada compatibles con los valores de una sociedad democrática? Nuestra historia reciente, esa que se ha permitido tantas revisiones en los últimos años, iría por la negativa.

Resta preguntar cuál será el grado de voluntariedad entre los posibles destinatarios del este programa y si el ensañamiento discursivo que existe hacia una parte de la juventud en situación de vulnerabilidad no redundará así en el afloramiento de aquellas prácticas “no curriculares” que hace apenas un cuarto de siglo desembocaron en la muerte de Omar Carrasco.

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<p>Omar Carrasco, conscripto asesinado el 6 de abril de 1994 en Zapala, Neuqu&eacute;n.</p>

Omar Carrasco, conscripto asesinado el 6 de abril de 1994 en Zapala, Neuquén.

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