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Opinión | Chubut | Mariano Arcioni

El escribano en su laberinto

Una vez finalizado el año electoral, ha quedado configurado el escenario político de los próximos meses. Al menos desde lo formal e institucional, porque todos sabemos – o deberíamos saber a esta altura – que la política es dinámica y día a día se revalidan títulos y liderazgos.

Para explicitar el copete de este articulo solo basta recordar que hace pocos meses el Gobernador Mariano Arcioni fue reelecto, pero en la actualidad cuenta con un 76% de imagen negativa (de acuerdo a la consultora trespuntocero), siendo esta la peor imagen histórica de un político chubutense.

La imagen del gobierno provincial y del gobernador sigue deteriorándose sin prisa pero sin pausa, solo amortiguada por pequeños armisticios políticos generalmente impulsados más allá de los limites provinciales. Uno de los momentos políticos más complicados del Escribano ocurrió pocas semanas atrás, donde la oposición local y futuro oficialismo nacional contaba con las suficientes manos en la legislatura para impulsar el juicio político del gobernador, y una oportuna “intervención política federal” de papa Wado y papa Sergio lograron suspender (¿momentáneamente?) las hostilidades.

El gobernador Arcioni ha sido muy hábil en forjar alianzas con quienes ostentan la representación popular o, siendo más claro, tienen los votos. Sastre, Maderna, los sindicatos de las actividades económicas representativas de la provincia, son quienes hicieron el esfuerzo y llevaron adelante el desgaste de la elección.

Sin embargo, el Escribano gobierna en soledad. Sin escuchar consejos, el gobernador se ha recluido en sus dos alfiles para el gobernar y ni siquiera escucha a sus ministros o su secretario. Solo el ministro Massoni y el inefable Cambareri tienen acceso libre al principal despacho de Fontana 50. Al punto de generarle al Gobernador la imposibilidad de deshacerse de ellos (como se lo han pedido varios, incluso aliados) dado que sería tanto una demostración de debilidad, como un riesgo contingente por los inconfesables secretos de la gestión que atesoran.

Al igual que la economía, la política se maneja principalmente por expectativas, y allí el Escribano tiene la principal amenaza. Sin estructura propia, hoy Arcioni tiene fecha de vencimiento inexorablemente el 10/12/2023. Una fecha lejana sin dudas, pero nada hace prever que haya algún tipo de cambio en el estilo de management político del gobernador, el reloj corre impiadoso día a día, y da cuenta de ello algunos secretos de la gestión que por ahora anidan en los recovecos del poder, pero de a poco pugnan por salir.

El mapa político de Chubut ha dejado intendencias repartidas en las dos principales fuerzas nacionales, las cuales rechazan la adopción política del gobernador Arcioni. Esto se debe quizás recordando que luego de declarar que “Ni con Macri, ni con Cristina”, la máxima autoridad provincial corrió presuroso en auxilio del vencedor Alberto Fernandez una vez que los distintos peronismos se unificaron bajo su candidatura. Los pocos intendentes de “Chubut al Frente” que quedaron seguramente recordaran al abandono al que fueron sometidos tras las PASO por parte de la autoridad partidaria Máximo Pérez Catan, en cumplimiento de las ordenes del Escribano.

La principal fuente de autoridad del Gobernador es, además de la legitimidad de su cargo, el apoyo que hoy por hoy recibe de su amigo Sergio Massa. El dirigente bonaerense y Diputado electo se sienta en la reducida mesa del poder junto con los integrantes de la formula presidencial Alberto y Cristina. Se sabe que el presidente electo, un dirigente de la escuela clásica del peronismo, gobernara respetando los liderazgos provinciales. Sin embargo, la legitimidad de origen del cargo debe ser respaldada por la legitimidad de referencia, nadie tiene seguro nada y los títulos se revalidan cada día. Ningún gobernador puede invocar su cargo si su provincia no está ordenada políticamente y por ello, claramente, una tonelada de Arcioni no vale lo mismo que un kilo de Schiaretti.

Si la convulsión política crónica a la que esta sometida la provincia no cede, sin dudas el gobernador se convertirá en un “liability risk” (riesgo de responsabilidad civil) demasiado grande, aun para sus amigos. La necesidad de sostener vasos comunicantes con otros referentes provinciales legitimados por el voto puede ayudar a pacificar políticamente la provincia.

Como dijo el General Perón, a quien muchos citan y pocos estudian, “que cada uno sea artífice de su propio destino y ninguno instrumento de la ambición de nadie”.

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