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El historiador del presente

Hoy no es una fecha cualquiera: es aniversario de nacimiento del periodista y escritor Rodolfo Walsh, quién marcó un antes y un después en las épocas más oscuras de la Argentina, con su prosa leal y comprometida.

Desconocido por muchos, a pesar de que su legado fue uno de los primeros pasos para enfrentar a la falsa omnipotencia de la dictadura, Rodolfo Walsh fue uno de los periodistas y escritores más emblemáticos de la Argentina.

Escribió novelas policiales, muchas de las cuales fueron premiadas, concretó investigaciones de gran alcance sobre los abusos de poder en nuestro país y a pesar de la seducción del exilio, vivió y murió en tierra argentina, combatiendo a cuerpo y pluma.

Walsh nació en 9 de enero de 1927 en Pueblo Nuevo de la Colonia Choele-Choel (que desde 1942 pasó a llamarse Lamarque) en la provincia de Río Negro.

En 1941, arribó a Buenos Aires para realizar sus estudios secundarios, primero en un colegio de monjas en Capilla del Señor y luego en un lugar por demás sombrío e icónico para su literatura: el Instituto Fahy de Moreno. Se trataba de un colegio de pupilo a cargo de curas de una congregación irlandesa, destinado a hijos de familia con dicha ascendencia.

Su experiencia de desamparo infantil en el instituto fue materia prima para escribir, años más tarde, la serie de los cuentos irlandeses: Irlandeses detrás de un gato, Los oficios terrestres, y Un oscuro día de Justica. Este último, en particular, se lee a través de la mente de un Walsh iniciado, sin refugio, pero si se lee en clave política da cuenta de los juegos del poder que acabarían por llevarse la vida del escritor comprometido en plena dictadura militar.

Ya adulto y lejos del pequeño infierno irlandés, comienza a trabajar como corrector de pruebas y traductor. Publicó Diez cuentos policiales argentinos, Variaciones en Rojo (ambas en 1953, la última ganadora del Premio Municipal de Literatura) y dirigió la Antología del cuento extraño (1954).

El joven Walsh profesó un amor incondicional por la literatura policial, que se le revelaba como una oportunidad de ahondar en las trampas del lenguaje y llevar al lector a descubrir los enigmas de una narrativa enmarcada en una Argentina caótica.

Durante 1956, presenció un levantamiento militar contra el gobierno de facto que derrocó a Juan Domingo Perón e instaló el horror en las calles de La Plata, donde él vivía por ese entonces.

Walsh se encuentra en un bar, al que solía ir a hablar de literatura y jugar al ajedrez -otra de sus pasiones-. Una noche de verano se oye un tiroteo, hay corridas, peronistas y militantes rebeldes realizan un alzamiento ante el comando de la segunda división, lo que culminaría en represión clandestina y fusilamientos.

Esa noche, corre a su hogar y allí se refugia. Y de forma cruda y poética, relata: “Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo ‘viva la patria’ sino que dijo ‘no me dejen solo, hijos de puta’”.

Durante esa madrugada del 9 de junio, en un intento por controlar el levantamiento, civiles fueron detenidos y fusilados en un basural de José León Suárez sobre la Ruta 4.

Sin embargo, nada de esto tuvo demasiada influencia en el Walsh escritor de cuentos policiales, que todavía no se convertía en el escritor-político-militante. El gesto definitivo se condensó en una noche, en un bar, cuando alguien se acerca al escritor y le confiesa “Hay un fusilado que vive”.

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<p>Portada de la primera edici&oacute;n de "Operaci&oacute;n Masacre".&nbsp;</p>

Portada de la primera edición de "Operación Masacre".

Walsh logra dar con el fusilado que vive: Juan Carlos Livraga, cuya entrevista inicia la investigación que luego se convertiría en su libro más reconocido: Operación Masacre. Para poder investigar y continuar la febril persecución y búsqueda por meses, alquila una casa en Delta de Tigre bajo el nombre falso de Franciso Freyre.

La larga noche del 9 de junio vuelve sobre mí, por segunda vez me saca de las ‘suaves, tranquilas estaciones’. Ahora, durante casi un año, no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Franciso Freyre, tendré una cédula falsa, un amigo me prestará su casa en el Tigre, durante dos meses viviré en un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver y a cada momento las figuras del drama volverán a obsesionarme nuevamente: Livraga bañado en sangre caminando por aquel interminable callejón por donde salió la muerte (...) los que se salvaron sin que él supiera, y los que no se salvaron”.

Tras entrevistar a Livraga, descubre que el sobreviviente no está solo: en total, encuentra siete sobrevivientes, que con algo de temor por las represalias y con poca intención de rememorar ese instante cercano a la muerte, le brindan los testimonios que luego reconstruirán la historia en Operación Masacre.

Desde ese momento, y hasta su muerte, Walsh se convierte en un autor “híbrido”, entre la realidad y la ficción, el arte y la política, combinación única que es debatida en las calles y las universidades a día de hoy. De hecho, su obra más famosa se categoriza dentro del denominado Nuevo Periodismo, que si bien “inicia” con la novela A sangre fría de Truman Capote (1966), encuentra su antecedente en Operación Masacre, publicada nueve años antes.

Últimas palabras

Tras una larga trayectoria de literatura política (o “política literaria”), pasando por la CGT y la agrupación Montoneros, siempre con la voz en alto para denunciar cualquier abuso de poder, llega el momento de enfrentar la dictadura militar. En 1976, con la promesa de una “solución mágica”, los militares toman el poder en la Argentina e instalan un estado de horror. Desde el primer momento, Walsh va tras los datos que prueban las detenciones clandestinas, las torturas y los asesinatos de la Junta Militar.

A un año del inicio de la dictadura, el 24 de marzo de 1977, Walsh envía por correo a las redacciones de los diarios argentinos y a corresponsales extranjeros la famosa “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Allí, denunciaba las cosas por su nombre: acusaba a los hombres en el poder de perpetrar un Golpe de Estado y aterrorizar a la población. Tras una exhaustiva investigación, incluye en la carta datos, cifras, estadísticas y nombres.

Carta-abierta-Rodolfo-Walsh.pdf

Con plena conciencia de que así sucedería, al día siguiente, emboscado, fue interceptado en la esquina de Humberto Primo y Entre Ríos (Buenos Aires) por un grupo de tareas militares perteneciente a la ESMA. El objetivo era capturarlo vivo, pero Walsh se resistió con su pistola calibre 22. Hirió a uno de sus atacantes, pero recibió una ráfaga de ametralladoras que lo abatió. El grupo de tareas se lo llevó en un vehículo, y desde ese día integra la lista de los desaparecidos argentinos. Su cuerpo nunca fue hallado.

¿Hace falta un cuerpo para recordar? ¿Qué nos enseña la memoria de Walsh? En su legado hay más que libros para enseñar un proceso histórico. Muestran el compromiso de un hombre que sacrificó su propia vida por la libertad de expresión y la verdad.

Jamás adhirió por completo a un partido, jamás levantó una bandera. De acuerdo a las circunstancias, se adhirió a algunos grupos pero su pretensión fue siempre la misma: hacer entender que “el terror se basa en la incomunicación”.

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Rodolfo Walsh en la lista de desaparecidos de la CONADEP.
Rodolfo Walsh en la lista de desaparecidos de la CONADEP.

En el final de Carta Abierta, casi a modo de despedida, escribe:

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto Gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

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