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El justo motivo

Josefina Suils negó por años el apellido de su progenitor que fue también su abusador. En el 2016 logró la supresión de apellido. Conversó de forma exclusiva para Mil Patagonias Tv.

Josefina Suils es de Comodoro Rivadavia, desde el 2016 el apellido que porta es el materno. Para ella ese es "su apellido" y no el de su progenitor. Llevar en su Documento Nacional de Identidad el apellido paterno significa portar el dolor y las marcas de abuso vivido durante años en su infancia.

El caso de Josefina sienta un precedente, ese vínculo es exclusivamente biológico, legal y no emocional. Una identidad que no se reconoce y que muchas víctimas de la violencia patriarcal buscan negarla u ocultarla.

Ella fue más allá y solicitó a la justicia la supresión de apellido. Pero en este país, y con un Código Civil que no especifica cuáles son los justos motivos para que un juez la autorice, esa lucha no fue tan sencilla.

Finalmente el 23 de julio de 2016, el defensor público Marcelo Flavio Gaeta, a cargo de la Defensoría Pública 2, de la Ciudad de Buenos Aires, le mandó los documentos al director del Registro Civil de Comodoro Rivadavia para que la inscriba como Josefina Suils, por orden del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Nº 83, a cargo del juez subrogante Gustavo Eduardo Noya (EXPEDIENTE 39.281/2014).

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Con eso Josefina se sacó una de las mochilas que cargaba. La otra es una deuda: la del Poder Judicial que con sus 11 años y una madre que le había creído, las paseó por cuanta oficina pública pudo. Y tal vez no es que no le creyeron, pero ¡ le dieron tantas vueltas !, no la contuvieron, no se la hicieron fácil.

Los mismos operadores de la justicia lo reconocen. Cuando llega una mujer, niño o niña víctima de violencia hay que explicarles que el camino de la denuncia no es sencillo, es a veces desgastante. Razón por la cual este tipo de delitos no son de los más denunciados.

Josefina se dice una privilegiada entre tanto dolor, y es porque su madre le creyó y la acompañó a hacer la denuncia cuando de pequeña decidió hablar.

Y es que esos silencios "bien guardados" lastiman y esa imposición social y familiar de "las cosas que no se dicen" enferman. Josefina se está curando pero la herida de una justicia que no llegó y de una causa que prescribió, como si la memoria en el cuerpo abusado prescribiera, es su causa pendiente.

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