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El largo primer año de Alberto

Aunque parezca matemáticamente imposible, algunos años duran más que otros, como el primer año del gobierno de Alberto.

El 2020, ese año que recordaremos denso y fugaz, extenso y repentino, fue también el largo primer año del gobierno de Alberto Fernández en la Argentina.

Los balances de fin de año suelen ser engañosos porque los hacemos cansados y quizás también frustrados por todo lo que no fue, o todo lo que no fuimos. Entonces, en lugar de balances podríamos intentar un ejercicio de reflexión que nos permita pensarnos y, por qué no, proyectarnos hacia el 2021. Allá vamos.

¿Vieron alguna vez una nube de palabras? Se trata de una representación visual elaborada en base a un conteo de palabras. Las palabras más frecuentes en un texto o en una web se destacan más. Por ejemplo, se me ocurrió hacer una nube de palabras de mi perfil en Mil Patagonias, donde se enlistan mis columnas de cada domingo[1]. El resultado puede verse al final de este texto. A primera vista, mis preocupaciones se relacionan con Chubut, Comodoro, la democracia, los políticos, la sororidad, el género, la pandemia, los problemas, la violencia, América Latina.

Podríamos hacer el mismo ejercicio en forma analítica respecto al primer año del gobierno de Alberto Fernández. En este caso la respuesta no la daría una herramienta tecnológica sino cada uno de nosotrxs, en base a nuestro propio registro de las evidencias disponibles.

En ese sentido, si tuviera que elegir las cinco palabras que definen el primer año del gobierno de Alberto diría que son las siguientes: esfuerzo, deuda, gobernadores, aborto, Cristina.

Esfuerzo. Esta es una de las palabras con mayor resonancia en el discurso presidencial, y no sólo desde el inicio de la pandemia. En las palabras del presidente durante el acto de asunción hace casi un año, la referencia al esfuerzo estuvo presente 6 veces y 8 durante el discurso de apertura de sesiones legislativas ordinarias[2]. En aquellas oportunidades, la idea de esfuerzo estaba asociada a una comparación con el inicio del gobierno de Néstor Kirchner en 2003, al desempeño de la Justicia en relación con la propuesta de reforma judicial, a la universalización del derecho a la educación en la primera infancia, a la prioridad respecto a los derechos de las mujeres, al control de la inflación y al aporte solidario de quienes más tienen.

Esa idea de esfuerzo fue premonitoria en función de la multiplicación de tareas y asignación de recursos que demandó la pandemia: implementación del aislamiento, Ingreso Familiar de Emergencia, Programa de Asistencia al Empleo y la Producción, gestión de información y seguimiento de casos del Ministerio de Salud, puesta en marcha del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y renegociación de la deuda externa en ese marco son sólo algunos ejemplos. Y, por si fuera poco, Alberto se convirtió en el presidente que tuvo que velar a Maradona junto a un país agobiado y en llanto.

Deuda. A principios de agosto, en este mismo espacio, destacábamos dos estilos de resolución de problemas del gobierno nacional que podíamos identificar con una estrategia fallida en el caso Vicentín y otra exitosa respecto a la renegociación de la deuda argentina.[3] La restauración de la sostenibilidad de la deuda pública es, sin dudas, uno de los logros que el gobierno de Alberto Fernández podrá anotar. Recordemos que en abril nos enfrentábamos al default – denominado “virtual” en aquel momento. Las consecuencias que un fracaso de la reestructuración hubiera producido en un año como este son inimaginables, teniendo en cuenta que la deuda que se logró renegociar asciende a U$S 66 mil millones.[4]

Gobernadores. Si bien el federalismo argentino siempre viene con sorpresa, nadie podía anticipar un año atrás que la gestión de una pandemia se ubicaría en la lista de temas principales a tratar entre gobierno federal y gobiernos subnacionales. A principios de mayo, el oportunismo y las dificultades de coordinación ya se habían revelado y las imágenes de conferencias de prensa conjuntas con amables mesas multinivel y multi partidos eran un lejano eco.[5] Polarización creciente, denuncia de infectadura, discusión sobre virtualidad de las sesiones legislativas – con solicitud de declaración de certeza a la Corte Suprema incluida-, y protestas de policías bonaerenses rodeando la residencia de Olivos son las imágenes que vinieron después.

El largo 2020 termina con la firma del Consenso Fiscal por parte de 21 gobernadores, seguido del pedido de suspensión de las PASO -según informan algunos portales [6]- y la incógnita sobre el futuro de la relación entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta en el marco del conflicto por la coparticipación.

Aborto. Desde “volvimos y vamos a ser mujeres” hasta “Alberto, tenés un atraso” y ahora nuevamente la expectativa sobre si #SeráLey, la deuda que nuestra democracia tiene con las personas gestantes estuvo presente durante todo el primer año del gobierno de Alberto. Al respecto, ya hemos señalado aquí las urgencias y resistencias que rodean a esta cuestión.[7]

Cuando crecían las dudas sobre el compromiso efectivo del gobierno nacional con la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el presidente envió el proyecto al Congreso y su debate en comisiones comenzó de inmediato. El próximo 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, la Cámara de Diputados trataría el proyecto. Luego, el Senado tendrá la oportunidad de ampliar el reconocimiento de derechos en la Argentina y hacer algo diferente a lo que ocurrió en 2018.

Cristina. Desde el anuncio de la fórmula presidencial en el lejano 2019, la incógnita sobre el rol que la ex presidenta desempeñaría como vicepresidenta recorrió la política argentina. Aunque recorrió más a la oposición mediática y partidaria que al oficialismo. Cristina, Cristina, Cristina. Su presencia en el discurso opositor ha sido constante, aunque su participación haya estado circunscripta a su función en el Senado. La vicepresidenta no participó de conferencias por Covid, aunque sí estuvo presente en el anuncio de reestructuración de deuda y escribió una carta en ocasión de los 10 años del fallecimiento de su esposo. Es notable como Cristina siempre representa un problema para algunos grupos, ya sea por sus reiteradas comunicaciones públicas en tanto presidenta o por sus mentadas ausencias como vice.

Lo dicho hasta aquí no agota lo que es posible analizar respecto al 2020 de Alberto y cada unx podría elaborar su propia lista de palabras clave, sus etiquetas para este año, o su nube de palabras si así lo prefiriera.

A propósito, si hiciéramos el mismo ejercicio pensando en el 2021 ¿cuáles serían nuestras primeras ideas o palabras sobre el próximo año?

Como esta es mi última columna del 2020, dejo hecha la propuesta para pensar en este diciembre eterno. Un poco de fuego amigo, nada más.-

[1] Esta herramienta está disponible aquí.

[2] Los discursos presidenciales están disponibles acá.

[3] Tarea fina, 9/8/20.

[4] Info disponible aquí.

[5] La política de blancos móviles.

[6] Por ejemplo, Infobae, 4/12/20.

[7] Una mujer sola, 8/11/20.

Ilustracion 1.jpg

CienPuntoUno 2020

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