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El mañana es hoy

Vivir con lo nuestro, la consigna de la cuarentena para construir un día después.

Aún transitando los efectos de la pandemia Covid-19, comenzaron a aparecer acuerdos entre los que creemos en lo colectivo y tenemos como prioridad lo comunitario sobre los interés individuales. Las voces se alzan diciendo, que la salud no puede seguir siendo un “negocio”, que la vacuna contra el coronavirus, cuando aparezca, debe ser de acceso igualitario, que las guerras despilfarran riquezas que podrían utilizarse para alimentar a la población mundial, y por lo tanto, debemos replantear el funcionamiento de los organismos internacionales.

Estas ideas, que ahora aparecen en algunos billonarios del mundo se contraponen a las de los buitres de siempre. La reserva federal de EEUU intervino con programas especiales para salvar a algunos sectores comprometidos, y el titular del fondo BlackRock pasó a ser el brazo ejecutor de esos programas, destinado a salvar al dólar, y mientras treinta millones de personas quedan desempleadas, un reducido grupo de norteamericanos acrecentó sus riquezas, porque no dejan de aprovechar sus vínculos para hacer negocios.

ENTRE EL FIN DEL CAPITALISMO Y LA EMERGENCIA DE NUEVOS MODELOS

La descripción del escenario futuro es disputa entre los intelectuales. Unos dicen que es el fin del capitalismo especulativo y la desigualdad, otros hablan de nuevos modelos de Estado que instauren condiciones de vida dignas para todos los habitantes. Los hay quienes preanuncian una profundización de la pérdida de la privacidad en nuestros datos a cambio de un más eficaz seguimiento de la salud e incluso de sistemas de calificación de las conductas ciudadanas, hasta quienes reclaman como resultado de la pandemia, una más plena vigencia de los principios neoliberales que nos han traído hasta acá. No son pocas las voces que consideran que la globalización sufrirá un severo golpe que se traducirá en fronteras más cerradas y un retorno a los modelos de mayor autonomía nacional al menos en la provisión de un conjunto de bienes y servicios. Pero también y como refrescando el tiempo de las ideas y las aspiraciones de justicia, se rescatan propuestas otrora marginales, ahora como conceptos centrales, tales como el ingreso básico universal o el impuesto a las grandes riquezas mundiales.

Transitando esas contradicciones mundiales, Chubut, que ya estaba mal, profundiza su situación de parálisis institucional con poderes del Estado en hibernación. La producción dependiente de las exportaciones sin mundo a quien vender, y los ciudadanos chubutenses, aislados en el sentido mas amplio del término, con medios de comunicación y una dirigencia que aún no ha decidido propiciar la reflexión crítica ni abordar los temas que permiten pensar en el futuro. Es indispensable analizar cómo nos organizamos para minimizar el daño de un hecho incierto, inédito y con impacto generalizado que tiene el coronavirus. Chubut y su dirigencia aún no pueden luchar con los vacíos de propuestas y manejar las quejas y las críticas.

LA FALTA DE VOLUNTAD POLÍTICA AGUDIZA LA CRISIS DE CHUBUT

El sector más dinámico de nuestra economía -Hidrocarburos- está sumergido en una de las peores crisis mundiales de los últimos tiempos, y los dichos del titular de la Cámara que agrupa a las Pymes del sector, dan cuenta que hay empresas cuya facturación fue cero en abril. Cero, como la nada misma. Y comienzan a verse avisos ofreciendo retiros voluntarios o advirtiendo que no se podrá hacer frente al pago de salarios en los plazos legales.

La pesca, ante un pedido de una contribución municipal extraordinaria, tiene actores que amenazan con irse dejando en la calle a los trabajadores, cuando fueron en los últimos años los que mas renta acumularon a partir de recursos naturales de todxs los chubutenses. Es una demostración de irresponsabilidad social, falta de compromiso comunitario y de sensibilidad con los mas vulnerables.

Los comercios de calle al borde de la quiebra por falta de ventas en los últimos 50 días. El turismo, sabiendo que la próxima temporada de naturaleza -ballenas-, deberá apostar al viajero local, y por ahora, hasta septiembre, sin medios aéreos; y la cordillera casi sin temporada de esquí.

Las obras públicas semi paralizadas, con la única expectativa puesta en decisiones externas: que después del invierno el gobierno Nacional empiece los planes de reactivación.

Los emprendimientos culturales sin saber cuando volverán los eventos presenciales y los masivos.

La economía social, pidiendo, gritando la necesidad de ser parte del proceso de producciones inclusivas, para buscar la sostenibilidad de sus integrantes y un modelo de prácticas más solidarias.

Se podrían seguir describiendo las penurias de cada sector, pero es suficiente como muestra de lo que se sufre día a día.

Y esto sin considerar la complejidad de la situación de quienes no tienen trabajo y peor aún, tampoco la esperanza de una pronta solución que les permita vivir con los niveles mínimos de dignidad merecidos en su calidad humana.

Chubut está inmerso en una crisis extremadamente grave, y vemos que día a día se profundiza. Sin duda, en aislamiento social preventivo y obligatorio tenemos mucho mas tiempo para leer, reflexionar y analizar ideas que puedan contribuir a revertir esta grave situación.

VIVIR CON LO NUESTRO PARA GARANTIZAR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

A veces hechos distantes se cruzan. Mi hija, vive en el País Vasco, en esos intercambios gracias a los medios electrónicos, contaba que la región tiene una ventaja importante, ya que viven de sus propias producciones agropecuarias, tiene fuertes industrias alimenticias, existen productos locales de excelente calidad y que el único faltante que tuvieron durante el aislamiento fue harina por unos días. A partir del 26 de abril la industria volvió al trabajo pleno, y a partir del 2 de mayo, todos pueden salir a caminar una hora por día. Solo bares y restaurants seguirán cerrados al publico, conociendo que ir de ¨pixos¨ y tomar ¨una copa ¨ en los atardeceres vascos son hábitos de gran concentración de gente.

Ese mismo día, buscando material para preparar una clase en la biblioteca de casa, apareció un viejo libro del Dr. Aldo Ferrer, escrito hace muchos años, en 1983. Al abrir el texto, lo primero que aparece es su título extenso: “Vivir con lo nuestro, para romper la trampa financiera y construir la democracia.” Nada más actual a pesar de que su impresión coincide con el regreso de la democracia a nuestro país, y su actualidad reside en que hoy también debemos sentar las bases de un proceso de recuperación productiva, romper la trampa de la financierización global y construir un rol del Estado diferente, más activo, más protagónico.

En estos días, leía una nota que describe que el CCT CENPAT – CONICET puso a disposición de las autoridades y la comunidad una web para informar, colaborar con la prevención, control y la mitigación de los efectos de la pandemia, utilizando un sistema de información geográfica que ayuda a coordinar acciones de asistencia vinculadas al coronavirus.

No resulta fácil en Chubut pensar en un futuro esperanzador, pero quiero proponer un desafío, alcanzar garantía alimentaria para todos los chubutenses.

El puntapié inicial de esta invitación, se basa en una adaptación del principio de Vivir con lo nuestro, aprovechando nuestras producciones locales, que complementada con la web del CCT CENPAT – CONICET, nos permitiría coordinar la colaboración y la acción, tan necesarias en esta situación de crisis.

Hoy la primera preocupación debe ser la salud, y en ese marco, la seguridad alimentaria debe ser prioridad. La garantía alimentaria implica accesibilidad y calidad. Chubut dispone de tres valles bajo riego y áreas agroecológicas con capacidad para la producción agropecuaria, que puede asegurar el autoabastecimiento para la totalidad de su población, y generar excedentes.

Asimismo, disponemos de cuota social de Merluza y de variado costero, que puede ser utilizada para diversificar la alimentación y afianzar una equilibrada nutrición. De esta descripción, queda claro que podemos obtener, ganado bovino, porcino, ovino, merluza y otras especies, hortalizas, frutas, cada una de ellas puede producirse como alimento fresco o puede ser elaborada, agregando valor y convertirse en una conserva o un excedente a proveer en otros lugares, si cubrimos la totalidad de las necesidades provinciales. Simultáneamente, contamos con establecimiento habilitados por SENASA que pueden procesarlo y evitar así los despidos amenazantes.

Y ahora nos preguntamos: ¿cuanto invierte el gobierno nacional, provincial y municipal en compra de alimentos que se adquieren fuera de la Provincia? ¿Es muy difícil organizar un fideicomiso para financiar una organización de producción de alimentos? ¿Es muy difícil pensar en una colaboración de todos los actores de estas cadenas productivas para lograr esta organización que permita garantizar seguridad alimentaria para todos los chubutenses?

PENSAR OTRO MODELO PARA CHUBUT

Tenemos esfuerzos públicos y privados dispersos que podemos concentrar y organizar, necesitamos trabajadores que estén dispuestos a cobrar un salario básico para transformar las materias primas, empresarios que estén dispuestos a poner a disposición de la comunidad sus infraestructura -Chacras, pasturas, plantaciones, embarcaciones, plantas, etc.- a cambio de cubrir los costos de funcionamiento de las infraestructuras productivas. Necesitamos centros de procesamiento comunitario que elaboren los excedentes, y las pymes metalmecánicas del petróleo pueden ayudar a adecuar equipos. Es indispensable contar con logística -camiones, sistemas de frío para resguardar las materias primas, etc.- y todo esto bajo una organización comunitaria, con la colaboración de los profesionales, técnicos, universitarios, personas con experiencia que contribuyan con la gestión para lograr este objetivo.

La consigna es trabajar para cubrir el costo y lograr garantía alimentaria.

No faltará quien diga que es una competencia desleal y la respuesta es una pregunta ¿Hoy todos los chubutenses comen tres veces al día alimentos de calidad? Si la respuesta es no, entonces solo estamos cubriendo una necesidad no satisfecha. Lejos está en el ánimo de la propuesta, afectar a los productores locales, todo lo contrario. La idea es dinamizar sus producciones, generar canales de distribución nuevos, organizar un sistema mas evolucionado del trueque que organizamos en el 2001 y evitar que muchos de los trabajadores y trabajadoras queden en la calle.

Una alternativa de colaboración laboral de este tipo no es incompatible con el cobro de los programas del gobierno nacional y en algunos casos las empresas podrán utilizar el pago de salarios previsto en el marco de las ayudas nacionales.

Las localidades podrán complementarse, la que produce ganado, lo canjeará por merluza, u otros alimentos. Los profesionales aportaremos las equivalencias para troquear, sabiendo que la premisa máxima y condición es que el lucro no sea el eje central, sino la solidaridad y la movilización de nuestros recursos.

¿Es una propuesta solo en el marco de la pandemia? Hoy la urgencia nos moviliza, pero los aprendizajes pueden quedar. Los vínculos se consolidan si logramos construir confianza entre los que integran las cadenas de producción, habilitamos futuros mercados y empezamos a contar con sistemas de información geográfica que registre la localización de las producciones, que registre las productividades, que facilite los intercambios. En definitiva, que integren capacidades y conocimientos disponibles en nuestro territorio y que el Estado podría (debería) estar coordinando para superar esta coyuntura, creando nuevas oportunidades de futuro.

Si logramos organizarnos para garantizar el alimento, otro desafío, que también es pensar en términos de salud, son la creación de bienes o emprendimientos culturales. Necesitamos poder recuperar las producciones culturales, videojuegos locales, libros, instrumentos musicales autóctonos, dar clases, talleres, organizar charlas, brindar shows, teatro, exhibiciones, entre otros. Puede que sea más difícil pensarse en vivir con nuestras creaciones culturales, pero es absolutamente posible y necesario.

El Mañana es hoy, si no, no habrá día después.

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