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Opinión | Pandemia | Pobreza | Política

El último apaga la luz

Pandemia, pobreza y proximidad componen un escenario desafiante para los gobiernos locales.

Una de las primeras cogniciones que tratamos de compartir con estudiantes de Ciencia Política es que la política está protagonizada por personas. Al final de toda una cadena de estructuras, instituciones y significados lo que encontramos son seres humanos tomando decisiones, intentando implementarlas, incidir sobre ellas, recibir sus beneficios o afrontar sus consecuencias.

Esta realidad se pone en evidencia de manera nítida cuando enfrentamos nuevos problemas, cuando lo incierto se hace concreto y cuando lo inesperado acontece. Ese puede ser un momento de innovación y aprendizaje o de desconcierto y desorientación.

Un buen ejemplo es la respuesta política a la pandemia. Gobiernos de distintas orientaciones ideológicas y alcance territorial tuvieron que dar alguna respuesta a ese emergente, incluso cuando esa respuesta fuera hacer como si nada pasara. Y, por supuesto, hay consecuencias. La situación de Brasil con 300.000 muertos y una crisis política en curso sirve como ejemplo. [1] Aunque la idea de crisis no es extraña al vecino país – tampoco al nuestro-, sí es nueva su causa.

En Argentina, las medidas relacionadas con la cuarentena, la restricción de la circulación y reformulación o limitación de actividades evitaron el desborde del sistema sanitario y salvaron muchas vidas. A su vez, el Ingreso Familiar de Emergencia, el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, las prórrogas impositivas, el congelamiento de monto de alquileres y suspensión de desalojos tuvieron por objeto mitigar los efectos económicos de la pandemia.

Sin embargo, la segunda cognición de la política es que nada se hace en el vacío. Ningún plan, programa, política o evento ocurre aisladamente, sino que se inserta en un proceso político, económico, social, cultural e histórico. Así, la sumatoria de los condicionamientos económicos que ya enfrentaba nuestro país a inicios de 2020 y los efectos de la pandemia produjeron el resultado abrumador informado por INDEC, según el cual 42% de los y las argentinxs viven en la pobreza.[2] Si bien el ingreso total familiar aumentó 8,5%, lo hizo por debajo de los aumentos en la Canasta Básica Total -incluye bienes y servicios no alimentarios- que registró una suba promedio de 16.2%.

Quizás el dato más preocupante de ese informe está dado por los grupos de edad según condición de pobreza: el 57,7 % de las personas de 0 a 14 años son pobres, así como el 49,2% de quienes tienen entre 15 y 29 años. Niñas, niños, adolescentes y jóvenes son la población más vulnerada por la pobreza en la Argentina del 2021.

Si la política la hacen personas, si ello no ocurre en el vacío, podríamos pensar la incidencia pronunciada que los efectos de la pandemia y la pobreza tienen a nivel local y territorial. Si la política pudiera medirse como en un mapa de calor, los focos más marcados estarían en las ciudades.

La política encuentra en el ámbito local un espacio propicio para su desarrollo, y más aún la política democrática. La proximidad (Annunziata, 2008), la creciente interacción y dependencia mutua entre actores político-institucionales y sociales (Carmona, 2012) así como la multiplicación de demandas propias de un espacio público cada vez más heterogéneo convierten a los gobiernos locales en la primera – y a veces la única- puerta a tocar.

Sin embargo, el gasto público local ha sido históricamente muy reducido en comparación con la disponibilidad de recursos de los presupuestos de niveles provinciales y nacional. Como ha señalado Cravacuore (2017) “El gasto subnacional se incrementó sustancialmente, pero la descentralización fiscal en los municipios resultó menor si se la compara con la de la mayoría de los países latinoamericanos”. El autor señala que el aumento de la participación de los municipios en el gasto público consolidado llega al 8,4% en Argentina.[3]

Si bien diversos programas nacionales tienen impacto local con asignación de recursos, la gestión de las demandas ciudadanas en relación con la efectivización de derechos y las necesidades urgentes corren por cuenta de los municipios. Más aún en el caso de provincias comprometidas fiscalmente y con serias dificultades para dar respuestas a esas demandas.

En conclusión, pandemia, pobreza y proximidad configuran un escenario desafiante para los gobiernos locales, los primeros en abrir la puerta y los últimos en apagar la luz.

[1] Alerta máxima en el Cono Sur por el crecimiento descontrolado de casos en Brasil

[2] INDEC (2021). Informe Técnico Vol. 5, N° 159, “Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos. Segundo Semestre de 2020”, marzo.

[3] Cravacuore, D. (2017). La recentralización municipal en la Argentina. Estado Abierto. Revista Sobre El Estado, La Administración Y Las Políticas Públicas, 2(1), pp. 167-190.

CienPuntoUno 2020

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