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que quisimos derrochar”

Estelares

El 26 de junio la ONU conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. Particularmente el término Lucha nos lleva a pensar que el problema se entabla en términos de una guerra. Podría imaginarse un campo con trincheras o una batalla medieval, donde se tiene al enemigo bien identificado con otro color de uniforme y otro estandarte, fácilmente diferenciable de nosotros porque nos es ajeno. Guerra es el término introducido el 17 de junio de 1971, por R. Nixon, en referencia al modo en que se iba a atacar el problema del consumo de sustancias.

Esta misma política se extendería a nivel global durante casi 45 años.

Pero la metáfora bélica, y no de manera ingenua, invisibiliza la verdadera problemática. Además de alejarla del campo de la salud.

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Otra guerra que se llevó a cabo casi un siglo antes, entre 1839 a 1860 conocida como “la guerra del opio” entre China y Gran Bretaña, tuvo en su fundamento el intento británico de equilibrar la balanza comercial a partir de introducir en China el derivado de la adormidera como una mercancía. Acto que incrementó el consumo, el cual hasta ese momento no había causado los estragos que se dieron luego.

En este cambio de estatuto de la droga; que comienza a ser ubicada ya no sólo como un bien de uso, sino en su faz de bien de cambio, que le da un nuevo lugar, desde el cual podemos comenzar a pensar su lado más peligroso.

Para la OMS una droga es toda sustancia que al ser ingerida (por diversas vías) provoca en el sistema nervioso modificaciones que hacen que la persona vea, piense y/o se sienta de manera diferente. Hace un par de años durante una capacitación brindada por José Luis Tuñón escuché la mejor definición “la droga es la mercancía perfecta”. Lo es en tanto que luego de consumida, la droga no deja nada en el sujeto, es evanescente.

¡Qué mejor mercancía que aquella que desaparece al consumirse! Donde la diferencia entre el bien de cambio y el bien de uso es abismal; sólo queda una fugaz alteración de los sentidos, placentera la más de las veces (no siempre), y que genera un intento reiterativo de alcanzar en forma compulsiva esa plenitud alucinatoria de fórmula química.

El problema estará entonces en el consumo. Palabra interesante, la cual toma un nuevo valor desde mediados de siglo XX, precisamente cuando el consumo de sustancias comenzó un incremento del que hoy poco se puede predecir cuáles serán sus límites.

Es también en este particular modelo de consumo de la droga, el que se intenta traspolar a otros bienes, como son los gadgets tecnológicos (celulares, tablets etc.) donde, salvando las distancias, cada vez su caducidad se acelera en los tiempos y se convierten en obsoletos antes de terminar de pagar las cuotas con que se compraron. Donde los mercados y gobiernos se agitan temerosos cuando hay indicadores de una probable baja del consumo de bienes, y que rápidamente las políticas que se aplican en todo el planeta apuntan siempre a incentivarlo.

¿Cómo será posible diferenciar entonces un consumo debido de uno indebido? ¿Cómo dejar de morder el señuelo sobre los objetos? Cuando una computadora es la que me da la felicidad de conectarme con los que quiero pero en la práctica resulta lo contrario; o cuando una compañía de celulares vende, no un servicio de telefonía, sino el ser Ilimitado.

No es un pensamiento nostálgico, no es un elogio a las heladeras Siam, esas que pasaban de abuelos a nietos. Por el contrario, bienvenida sea la tecnología, pero no sin un espíritu crítico de preguntarnos ¿Desde dónde quieren vender ese objeto? Que siempre es desde el lugar de lo que me falta, y eso que falta, eso que no tengo será completado por una mercancía. Es el señuelo que mordemos todos los días.

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Pero para copia no hay mejor que el original. Allí donde el gadget fracasará, estará la droga. Están las que espabilan, las que relajan, las que permiten rendir más allá de los límites de mi cuerpo, las que concentran, las que tranquilizan a los niños, etc. En esto no hay diferencias entre drogas legales e ilegales, es más bien, un saber de farmacopea.

Pero principalmente la droga es una forma de lidiar con los avatares de la vida, siendo el método “más tosco y más eficaz” (Freud). Es decir, de menor elaboración psíquica y una inexorable capacidad de producir placer y satisfacción alucinatoria. A través de la droga se consigue lo que la vida deniega, sin tener que lidiar con el otro, el semejante; del cual poco a poco voy prescindiendo. En esta fórmula está su lado más peligroso, el que atenta directamente contra el lazo social; es decir, ir en contra de la particularidad que nos hace humanos.

Seguimos derrochando el tiempo considerando que un sistema punitivo resolverá una problemática de salud. Resulta imposible establecer estrategias de prevención en consumos problemáticos cuando quien manda es el mercado. Y en el mercado la droga aparece como un objeto entre otros a ser consumido. El problema de las drogas está enmarcado en cómo la época consume. Y pensar que hay que dar una “Lucha” contra las drogas nos hace creer que el consumo no está en nosotros.-

Lic. Sebastián Núñez - Psicólogo - M.P. 0596

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