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Entre la pérdida y la resistencia

Hace un año y medio que Fabiana no tiene noticias de su hijo, ya que se lo quitaron después del abuso que ocurrió en el barrio LU4 de nuestra ciudad. Día a día exige la revinculación y final restitución de su bebé.

Por Lola Sánchez

Hace más de un año que Fabiana no tiene contacto con su hijo, quien fue víctima de abuso y lesiones graves por parte de quien se conoce como A.E.O, un malabarista que al momento del hecho compartía la vivienda con ella y su propio hijo.

Entre una vida desmoronada que intenta recuperar y un “juicio” mediático en paralelo que recae sobre ella, continúa luchando por lograr la revinculación con su bebé, quien a día de hoy tiene casi dos años y vive con una familia temporal.

El caso no llegó a muchos medios, a excepción de los detalles del juicio, que viene desarrollándose hace semanas. Se prevé que culminará hoy, cuando se conozca el veredicto del acusado.

Fabiana expresó que desde la justicia hay pruebas suficientes para acusarlo y para creer en su testimonio, a diferencia de la teoría del defensor de A.E.O, quien otorga el beneficio de la duda al acusado, así como la posibilidad de señalar a la madre en calidad de autora del hecho.

Sin embargo, luego de lo sucedido, en marzo del 2018, tuvo que dejar todo atrás: su hogar, su trabajo, sus mascotas, su vida entera. Y comenzar de nuevo tras el shock que sufrió luego de enterarse lo que le había sucedido a su hijo. Señaló que desde la comunidad de vecinos de la vivienda anterior se la escrachó vía redes sociales y se creó un voz a voz que acabó por señalarla cómplice.

Lo curioso es que las opiniones comenzaron a circular sin haber acudido a su testimonio en primer lugar. “Empezaron a difamarme”, señaló Fabiana. “Nunca nadie me preguntó a mi”.

¿Y LA MADRE? ¿ALGUIEN LE PREGUNTÓ A ELLA?

Desde el primer momento, Fabiana señala que hubo una sospecha inicial hacia ella, por lo que pasaron horas hasta que los médicos le dieron un panorama completo del diagnóstico de su hijo.

Según los médicos que lo atendieron y prestaron su testimonio en el juicio, se observó en los genitales del bebé un “eritema en el periné alrededor del orificio anal, con borramiento de pliegues, con dilatación menor a dos centímetros” al momento de ser analizado. “Presentaba una pequeña solución de continuidad entre hora cinco y hora seis, que se describió como fisura y un hematoma en hora dos”, concluyó la forense. Según los expertos, “este tipo de lesiones están ampliamente descriptas en la literatura médica como maltrato infantil”.

“Recuerdo cuando salió de operación, me daban la información de a poco, no me revelaban el abuso”, explicó Fabiana. Y señaló que su hijo terminó con varias secuelas: hemiplejia, retraso y pocos avances cognitivos.

Debido a que ella había quedado en shock, estado en que permaneció durante ocho meses hasta poder lograr avances con su terapeutra, le quitaron a su hijo. Y a pesar de cumplir con todos los requisitos que se solicitó desde la Ley para la revinculación, no volvió a tener contacto con él.

A raíz del caso comenzaron a surgir cuestionamientos que son comunes en hechos de esta índole, “¿dónde estaba la madre?”, “¿cómo no se dio cuenta?”, “es tan cómplice como el acusado”. El peso de estos cuestionamientos recayó sobre el día del hecho.

Dio su testimonio de ese momento, pero a causa del shock muchos datos se le traspapelaron, como detalles o días concretos. “Quisieron usar eso en mi contra”, subrayó. Contó que ese día notó que su bebé lloraba mucho, “se ve que tenía miedo. Y cuando me vio me sonrió. Se quedó conmigo, lo trate de dormir, no se dormía, no se tranquilizaba”.

Por razones económicas, el acusado vivía en su casa, junto a su hijo de un año y medio. Ese día llegó al caer la tarde, alrededor de las 19 horas. Fabiana cuenta que salió a comprar. “Cuando salí, baje al palier, y cuando estaba en la vereda que daba a la habitación sentí que mi hijo lloraba. Estaba durmiendo. Yo pensé, ¿vuelvo? Capaz sintió que me fui y lloró. Y no, era que ese tipo lo estaba abusando”.

Relata que cuando volvió, el acusado y su hijo “estaban mirando tele como si nada”. Fabiana retomó sus tareas cotidianas hasta que escuchó llorar a su bebé, “fue un grito fuerte”. Señala que A.E.O se levantó a verlo, lo que la extrañó, puesto que “él no era de ir a verlo. Lo miró y dije ‘está raro el nene’. Cuando yo lo voy a ver, se estaba arqueando: estaba convulsionando. El tipo ya lo había abusado y golpeado”.

Señala que incluso los doctores dudaron de ella, a juzgar por la tardanza en comunicarle el diagnóstico completo.

Por su parte, los vecinos también comenzaron a difamarla y a crear una suerte de “juicio mediático”. Tomaron detalles de su privacidad para hacerla responsable: dijeron que de su casa salía olor a marihuana, que ella era mala madre, que no miraba a su hijo con amor, que el bebé lloraba constantemente.

“Algunos escuchaba como lloraba mi hijo y nadie dijo nada”, señaló Fabiana. “Cada uno sabe que lo que hizo y lo que no”. Asimismo, subrayó que los comentarios de los vecinos dan cuenta de la veracidad de su relato: el verano que nació su bebé, cuando aún no vivía con A.E.O, los vecinos le decían “¿Tuviste un hijo? Ni se lo escucha llorar”. Luego de que el acusado volviera de viaje y se instalara en su hogar, comenzaron a escucharlo llorar con mayor frecuencia.

“Su versión [la de A.E.O] es mentira. Yo no estaba cuando sucedieron los hechos. Y antes mi hijo estaba bien. Hay evidencia, mi amiga le sacó fotos antes de que él viniera a Comodoro. Se lo ve gordito, cuando estaba conmigo sola. Ese día se lo veía como triste. Vos ves la diferencia abismal que hay”.

También expresó que pocos medios se acercaron a conocer su testimonio. Dijo que una periodista local, ante la exposición del caso, preguntó: “¿Y la madre? ¿Alguien le preguntó a la madre?”. “Pero el compañero cambio de tema”, contó Fabi. “Ahi te das cuenta lo mediáticos machirulos que son”.

Expresó la diferencia que hubo entre el trato hacia el acusado, a quien se lo “protegió” censurando su rostro y su nombre, mientras a ella sus propios vecinos la escracharon vía Facebook, exponiendo su apellido, su dirección y la información de su familia. Todo bajo la idea de la “mala madre”.

“¿Mala madre por qué? ¿Por qué dejaba a los nenes durmiendo y me iba rapidito a comprar a Walmart en el auto y volvía? ¿Por qué iba a comprar leche, por eso soy mala madre?”, manifestó Fabiana, evidenciando la vara patriarcal con que se juzga a las mujeres en estos casos. “¿Cómo iba a saber que él era así? Son lobos disfrazados de cordero”, señaló en referencia al acusado.

“Lo van a condenar, me lo dijo el fiscal”, aseguró. “Tuve que verlo. Cuando fui al juicio estaba ahí, y lo mire con la peor cara de odio cuando expusieron las secuelas de mi bebé. Hasta el defensor me preguntó ‘¿Y por qué le sacan a su hijo?’, yo lo miré con cara de ‘¿me estás cargando?’. Me largué a llorar. El me miraba como si nada. Y me lo había dicho mi psicóloga, ‘no sirve de nada que le digas algo, él es un psicópata’”.

Espera que el juicio pueda condenarlo: “Ese hombre nos arruinó la vida a mi bebé y a mi”.

EMPEZAR DE NUEVO, APRENDER A PERDER

Fabiana cuenta la parte más difícil del proceso: la pérdida. Además de perder a su hijo, perdió todo lo que conocía.

“Yo me fui a ver cómo estaba mi nene y nunca más volví. Mis amigas me decían ‘no vuelvas Fabiana porque la gente está muy loca y dicen que te quieren linchar, por si te pasa algo’. Ahora al tipo este lo ponen como la estrella, me enteré que la madre pidió que le tengan misericordia. ¿Misericordia de qué? si a mi hijo no le tuvo misericordia”.

Perdí todo, me fui con lo puesto. Mis vecinos me hicieron cómplice, me acusaron de que yo sabía todo (...) ellos necesitaban un chivo expiatorio

Relata que sus vecinos se quedaron con las llaves, mataron de hambre a sus gatos y le impidieron volver a causa de las amenazas: “Amenazaron a mi hermana, me dijo que hizo las correspondientes denuncias, pero fue por todo el odio que tienen hacia mi”.

Después de sufrir un shock tras lo sucedido, necesitó 8 meses de terapia para recuperarse. Entre la ayuda psicológica, la Justicia de Familia le pedía dejar de cursar la carrera de Letras que tenía en curso y no tener un trabajo doble turno. Hoy en día cumple con todos los pedidos pero aún no tiene noticias de su bebé.

Fabiana está cursando algunas materias de la carrera de Letras en un plan de terminalidad y con un trabajo estable. Espera nerviosa el veredicto que se dará a conocer hoy al mediodía.

No solo sufrió el silencio de la Justicia, sino que fue parte de un juicio mediático que la señaló y le quitó todo lo que tenía. “Estoy empezando de nuevo”, expresa ella. Incluso la despidieron de la escuela donde daba clases, con el pretexto de una Ley que los amparaba, pero ella sabe que fue una manera de protegerse de las malas lenguas. “Mis alumnos ven todo lo que circula y lo creen”, cuenta con tristeza.

Sin embargo, trata de reconstruirse, paso a paso, a la espera de que se haga efectiva la Revinculación que ya está aprobada por Ley. “Estoy estudiando para dar un final”, me cuenta durante la entrevista, “con lo del juicio me quedé en stand by, pero ayer pude estudiar dos horas y media, bastante bien para el lío que hay, por eso no miro redes, nada”. Un pequeño gesto que encarna la resistencia.

“Días atrás del hecho yo había leído un poema muy lindo…”El arte de perder”, de Elizabeth Bishop. Yo intuía que me iban a sacar a mi bebé”.

Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto

que amo) no habré mentido. Por supuesto,

no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces

pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre”.

Fabiana se mantiene firme en su pedido y en su deseo de recuperar a su hijo. Señala que quiere exponer su voz, lograr que el caso llegue a alcance nacional, y que si no hay signos positivos desde la Justicia, va a apelar a tratados internacionales.

OTRA MALA VÍCTIMA

Fuera de la Justicia y las voces que condenan, localmente se mantiene unido un grupo de compañeras feministas que se hacen presentes en cada manifestación e intervención. Sol Cañumil, referente local del tema e integrante de la Comunidad de Géneros de la UNPSJB, estuvo presente en diversas intervenciones en apoyo a las “malas víctimas”: mujeres que sufren la ausencia del Estado, el abuso, la violencia y son condenadas por defenderse, por no corresponder a la idea tradicional de “víctima”. Cuando el grupo se enteró del caso de Fabiana, se organizó una intervención en el centro de la ciudad, exponiendo carteles con crudas frases que daban cuenta de la situación que estaba viviendo.

Al respecto, Sol manifestó “estamos tratando de acompañarla como podemos. Es muy complejo lo que a ella le pasó, en distintos niveles. Por un lado la situación de violencia y abuso que sufrió su hijo, ese fue el tema que a ella la desestabilizó emocionalmente. Nunca pensamos que se iba a llegar a la instancia en la que estamos hoy en la que no le permitieran tener contacto con su hijo desde hace un año y medio”.

“Se trata de un caso que no está siendo mirado con perspectiva de género”, precisó. “A Fabi en un principio se la condena socialmente. Se transmiten ideas del tipo ‘¿que hacía la madre?’, ‘¿por qué deja a su hijo con cualquiera?’. Entendemos que está viviendo violencia del Estado, que no le permite ningún contacto con su hijo, negándole la revinculación que se le aprobó”.

“Todos esos sesgos hacen que se tenga una visión parcializada de toda la situación, cargadas de prejuicios sexista”, advirtió Cañumil.

“Si la ponemos en relación con otras situaciones de delitos, de condenas, podemos pensar por ejemplo en los hombres femicidas que matan a sus parejas, madres de sus hijos, y pueden exigir tener contacto con sus hijos, justamente basadas en esta idea de revinculación. ¿Por qué a tantas personas habiendo cometido delitos no se les niega esto y a Fabiana que es una víctima más si?”

En esta línea, subrayó la dificultad de conectar con un público que pueda sentir, entender ese dolor: “Cuesta mucho generar empatía. Nosotras hablamos del concepto de mala víctima, que no se adecua al canon de la víctima debil, fragil, pasiva, muerta incluso. Fabiana es víctima pero no se ve el dolor ni el daño que se le ejerció (...) Casos como estos no generan la adhesión de las mayorías”.

“Ahora tiene que continuar la denuncia para que esto sea tratado con perspectiva de género. Estamos exigiendo la revinculación y la restitución de su hijo. Por lo pronto, en estado de alerta, esperando lo que nos va contando Fabi y conversando esto, difundiendo. Es importante difundir y especialmente difundir buena información”, concluyó la referente feminista.

Por su parte, Fabiana aprende a perder, como lee en el poema de Bishop que lleva siempre con ella, pero por su hijo continúa resistiendo y exigiendo a la Justicia. Por el momento, se espera el veredicto del acusado.

Me contó que tiene planeado escribir un libro de poemas dedicado a su hijo. También lleva con ella un poema que le escribió a su bebé:

“Dulce querubín, / boquita de requesón / regurgitas amor de tu vientre querendón / ojitos color café / con pestañas rizadas / ¡Aroma de bondad irradian! / naricita de botón, / círculo de amor / carita de cultrún / ¡bum, bum, bum! / Ulises, ese eres tú".

Fabiana expresa: “Perdí todo, hasta mi familia, pero lo que no perdí fue el humor y las ganas de luchar”.

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