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Fleabag: humor ácido y tragedia personal

La extraordinaria serie creada y protagonizada por la británica Phoebe Waller Bridge, coproducción de Amazon Studios y BBC Three, arrasó en el género comedia en la última entrega de los Emmy. Cuenta con dos temporadas, de seis episodios cada una.

La primera temporada de Fleabagno es fácil de digerir en un principio. La serie, cuyo debut se dio a mediados de 2016, aparece categorizada bajo el género de comedia en la plataforma de Prime video, y este rótulo puede predisponer a los espectadores acostumbrados a los clásicos gags del género a una sensación extraña, tal como cuando se toca a la puerta equivocada. Para quienes se embarcan en esta aventura y experimentan esa sensación, la sugerencia es que, antes de claudicar, aguarden hasta el episodio final de la temporada.

Fleabag cuenta la historia de una londinense treintañera que atraviesa una crisis personal debido a su dificultad para encajar en los estándares propios de una vida “adulta” y que sólo parece encontrar refugio en los encuentros sexuales ocasionales. Su familia - un padre viudo y poco presente, subyugado por un nuevo matrimonio, una madrastra pasivo-agresiva (interpretación exquisita de Olivia Colman) y una hermana profesionalmente exitosa, algo fría y distante - le enrostra estas falencias en cada situación que los congrega. Por si fuera poco, el emprendimiento que fundó junto a su mejor amiga, acumula deudas y se encuentra próximo a la quiebra.

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Esa combinación de situaciones próximas al desastre, hace del humor ácido de Fleabag algo bastante próximo a la comedia negra. Mientras que los flirteos y los encuentros casuales son situaciones donde se despliega el libreto más o menos típico de la comedia, las interacciones con su familia pueden alternar entre la comedia, la tensión dramática y la tragedia casi sin aviso, lo que descoloca a los espectadores acostumbrados a la previsibilidad. La crisis de la protagonista encierra mucho más que el drama mundano de la utilidad y el propósito de vivir una vida acorde a las expectativas sociales. La carga de ese desgano esconde una culpa que la atormenta y que se revela hacia el final de temporada.

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Waller-Bridge cosechó numerosos premios por la versión televisiva de Fleabag –en principio, se trató de una obra de teatro – y la producción fue bien recibida por la crítica. Esta ficción inclasificable, una comedia que pone en jaque al género – y que quizás desnude, más bien, su anacronía – no sólo se destaca por la incorporación de guiños a la audiencia como la ruptura de la cuarta pared (la protagonista habla a cámara y establece así una cierta complicidad con el público), sino también por la presencia de diálogos y monólogos en los que el personaje expone de una forma singular y conmovedora los dramas existenciales de su vida. Vale añadir que la frescura del personaje, acentuada por el carisma de la protagonista, traccionan la atención y la empatía de quien observa, con el deseo de que esa tragedia personal encuentre, en algún momento, cierto reparo.

La segunda temporada se estrenó en 2019 y, pese a que el tono de la tragedia se vuelve menos punzante, la incorporación de Andrew Scott en la piel de un sacerdote que se convierte en el interés amoroso de la protagonista, devuelve momentos de gran profundidad dialógica y una de las mejores escenas de la serie, con una Waller Bridge personificando el drama de manera demoledora.

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CienPuntoUno 2020

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