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Política | desobediencia | Covid | Pandemia | Argentina

Giros

En la política como en la vida, hay cambios que son desplazamientos y hay giros con magnitud de volantazo.

Para muchxs de nosotrxs escuchar la palabra giros nos remite emocionadxs a la canción de Fito Páez que lleva ese nombre. Y qué bien vendría “dar media vuelta y ver qué pasa allá afuera” porque, efectivamente, “no todo el mundo tiene primavera”.

No hay primavera en Argentina que se convierte poco a poco en un campo minado sobre el cual todo paso es un riesgo. Cerrar los edificios escolares y promover la educación no presencial tiene efectos; continuar con clases presenciales en un momento crítico en contagios por covid también.

Trato de imaginar un evento global de la magnitud de esta pandemia y no lo consigo. En otros momentos de la historia hubo plagas, enfermedades, guerras mundiales pero su alcance parecía algo del pasado. Quizás me traiciona la contemporaneidad con el problema, una pandemia que nos impide abrazar a un ser querido porque se nos presenta el temor a hacerle daño, que nos obliga a aislarnos masivamente como estrategia de prevención y provoca una disputa mundial por las vacunas, mientras una parte de ese mismo mundo cuestiona su efectividad.

Quizás me condiciona también el acceso a la información en tiempo real sobre qué decisiones y restricciones se toman en distintos países del mundo. Newsletters, canales de noticias y redes sociales cuentan el tiempo que les toca contar, un tiempo marcado por la sombra de la muerte. A veces se siente como una mirada al abismo, una vuelta interminable en el Samba del Italpark. Produce vértigo observar como a diario distintos gobiernos y sociedades se enfrentan al deber de decidir cómo salvar la vida del mayor número posible. Un giro inesperado para un gobierno, por ejemplo, como el de Alberto Fernández que asumió a fines de 2019 con una agenda que tenía de todo menos la posibilidad de prever un desafío como el actual. Giros.

Sí eran previsibles algunos de los efectos negativos y respuestas que generó el último anuncio presidencial. Nadie esperaba que la oposición aplaudiera de pie al presidente, pero la insinuación de desobediencia es una puerta que no queremos abrir. Porque mientras lxs dirigentes juegan a quién declara más fuerte, lxs argentinxs sufren la pobreza, la inflación y la incertidumbre respecto a si recibirán una adecuada atención de su salud cuando lo necesiten. Decir que el sistema sanitario se ha relajado tampoco contribuye a mejorar la respuesta.

Tampoco hay primavera para nuestrxs vecinxs. En los últimos días, los procesos electorales en Ecuador, Perú y Bolivia repusieron la noción de “giro” para pensar los cambios en las preferencias electorales y los consecuentes resultados en la dirección que toma la democracia política en América Latina.

La pregunta que ronda los análisis es si la victoria de Lasso en Ecuador, la participación de Keiko Fujimori en la segunda vuelta en Perú y la derrota del MAS en cuatro departamentos en Bolivia forma tendencia y permite pensar en un giro a la derecha en nuestra región.

Sin embargo, la categoría de giro no parece encajar adecuadamente con el remolino que vive la representación democrática latinoamericana, la fragmentación de los sistemas de partidos, la crisis de los liderazgos, la incidencia del voto nulo, la polarización en torno a la expresión de demandas ciudadanas y, como señala nuestra querida Yanina Welp, la “desconexión entre partidos y votantes”.[1]

El devenir del proceso judicial contra Lula en Brasil también adoptó un giro esta semana con la decisión del Supremo Tribunal Federal que confirmó la anulación de las condenas contra el ex - presidente [2]. Un proceso judicial viciado envió a Lula a la cárcel e impidió su candidatura presidencial. Brasil podría haberse ahorrado a Bolsonaro.

En una época turbulenta en la que los discursos políticos pueden ofrecer algún horizonte de sentido o acelerar una espiral de enfrentamiento en la que nadie gana, resuena el poema de Alejandra Pizarnik La palabra que sana: “Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”.

Que el mundo que desenterremos con el lenguaje sea uno más compasivo y dispuesto a encontrar una forma de vivir juntxs, aún bajo condiciones extremas como las que atravesamos. Ese sería un giro oportuno. La furia sólo destruye, nada crea, ni siquiera el mar.

[1] Welp, Y. “¿Sorpresas en el ‘superdomingo’ andino?”, Agenda Pública, 14 de abril de 2021, disponible aquí.

[2] Gortázar, N. “El Supremo de Brasil confirma el fallo que permite a Lula ser candidato a la presidencia en 2022”, El País, 15 de abril de 2021, disponible aquí.

CienPuntoUno 2020

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