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Opinión | Eduardo Duhalde | Golpe de Estado | Argentina

Inmunizados

La sociedad argentina muestra indicios de inmunización frente a algunos males.

Ante la repregunta atónita del conductor y sus colegas, Duhalde no sólo ratificó sus dichos, sino que -desafiante- pretendió fundamentar lo expresado en una supuesta capacidad de las FFAA argentinas para llevar adelante una operación como esa, así como en el resurgimiento del militarismo en América Latina. Además, señaló que Argentina es la “campeona” de las dictaduras militares.

Posteriormente, Duhalde alegó haber padecido un “desenganche de la realidad” y hasta hipotetizó sobre los posibles efectos psicóticos de la pandemia[1]. Más aún, señaló que “no lo tenía que decir”, pero no se retractó.

Al respecto, no sabría ni por dónde empezar si no fuera porque el repudio generalizado a las declaraciones del ex presidente revelan que la mayor parte de la sociedad civil argentina y de su clase dirigente han desarrollado anticuerpos frente a algunos males, por ejemplo, la recurrencia a las fantasías golpistas en tanto salida a las crisis sistemáticas que como país hemos tenido que atravesar.

Como método general, empezaré por el principio. Más allá del impacto que generó la vehemencia con que el ex presidente Duhalde aseguró que habría un golpe, lo cierto es que hace tiempo el discurso público de dirigentes y analistas - muchos sin responsabilidad de gobierno - se nutre de expresiones que ponen en duda la institucionalidad democrática de nuestro país.

En lo que va de este año – pandémico, por cierto- ya asistimos a la denuncia de una supuesta “Infectadura”, a la invocación del fantasma del estallido – por ejemplo, en palabras de Ernesto Sanz”[2] y a una creciente radicalización del discurso público de dirigentes con chances electorales en 2021 (tema de mi columna del domingo pasado)[3]. Sin ir más lejos, el pasado viernes en el programa Hablemos de otra cosa, el diputado nacional Fernando Iglesias manifestó su preocupación porque “hay una amenaza de violencia y de suspensión de la institucionalidad” derivada de lo que considera una pelea de poder interna entre el presidente y la vicepresidente de la nación argentina.[4]

En ese sentido, las palabras de Duhalde resonaron mucho más profundamente, dado su contenido en tono de aseveración de un golpe de Estado. Sin embargo, sus dichos se inscriben en un cuestionamiento sistemático a la institucionalidad democrática argentina que, pretendiendo erosionar al presidente, no hace otra cosa que lastimar la presidencia.

No podemos desconocer el impacto que la pandemia, y las medidas adoptadas en consecuencia, tienen sobre la sociedad argentina, su economía, su forma de vida, de la misma manera que han impactado sobre las sociedades de otros países. Según Ámbito Financiero, Alemania registra una caída del 10,1% en su PBI en el segundo trimestre 2020 [5] . Por su parte, Clarín informa que Francia “tuvo una cuarentena menor a los dos meses y una caída del producto bruto pronosticada en el 12,5%” [6].

Pero utilizar la preocupante situación social y económica de la Argentina para poner en duda la continuidad democrática, la supervivencia del propio régimen, reitera prácticas a las cuales la sociedad argentina dio una respuesta contundente y sostenida desde hace varias décadas: Nunca Más. Y juramos Nunca Más porque experimentamos las consecuencias sociales, económicas, políticas, culturales y hasta psicológicas asociadas a la represión, la apropiación de bienes e hijxs, la destrucción encubierta de patriotismo.

Nuestra democracia tiene problemas, deudas pendientes con la igualdad, la justicia, y aún con la memoria. Pero la respuesta a esos problemas está en construir más y mejor democracia, no en otro régimen. No se fuga hacia el infierno.

Exigir rendición de cuentas de todos los poderes públicos, no aceptar la corrupción como precio por el gobierno, seguir luchando por la igualdad en todos los ámbitos de nuestra vida, son sólo algunos caminos que podemos transitar para producir una mejor democracia. Y, por supuesto, sostener nuestra promesa de nunca más a la desaparición de ningún argentino ni argentina. ¿Dónde está Facundo Astudillo Castro? ¿Dónde está Iván Torres? ¿Dónde está María Cash?

Una querida colega, Flavia Freidenberg, junto a Camilo Saavedra Herrera, han marcado una idea y un concepto imperativos para este tiempo: la capacidad de resistencia de las democracias.[7] Si bien no pueden desconocerse los retos que enfrentan nuestras democracias, y los cuestionamientos a sus resultados, se trata – aún – de regímenes que pueden dar respuesta a las demandas ciudadanas, teniendo en cuenta que han logrado incrementar la participación de grupos históricamente subrepresentados, rutinizar procedimientos electorales, y reconocer derechos.

Como señala Daniel Zovatto a partir de la investigación de IDEA[8], en las últimas cuatro décadas, sólo el 27% de las democracias de la región sufrió interrupción, mientras que la mayoría ha mostrado resiliencia.

Si queremos vivir en libertad, nuestros esfuerzos intelectuales, humanos, económicos, políticos y sociales tendrán que concentrarse en lograr que el 100% de las democracias latinoamericanas – incluyendo a la argentina- profundice su calidad y mejore su desempeño, en lugar de abrir la puerta para ir a jugar con la muerte.

[1] "Desenganche de la realidad": Eduardo Duhalde explicó sus polémicos dichos sobre un "posible golpe"

[2] Ernesto Sanz: cuánto tiempo demora esto en explotar”

[3] Ahora hay que bancar

[4] Amenaza de violencia y suspensión de la institucionalidad

[5] Por la pandemia, el PBI de Alemania tuvo su mayor caída en 50 años

[6] El avance de la pandemia: Balance del coronavirus: cómo les fue a Argentina y otros países en muertes, casos, cuarentena, testeos y caída del PBI

[7] La capacidad de resistencia de las democracias

[8] La democracia se expande, pero su calidad se deteriora

CienPuntoUno 2020

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