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Opinión | Educación | Vidas

La educación también salva vidas

Es tiempo de valorar la importancia de la educación con acciones concretas.

La educación transforma la vida de las personas. Quienes trabajamos en actividades e instituciones de enseñanza lo sabemos porque lo hemos visto. Hemos atestiguado de qué manera gradual, pero evidente, nuestrxs estudiantes se convierten en personas con más recursos discursivos y cognitivos, más habilidades para enfrentar lo desconocido y posiciones más sólidas. Eso nos hace felices, ser partícipes de esos logros, haber contribuido de alguna forma, da sentido a nuestro trabajo. Y ello sin caer en el mito del maestro explicador de Rancière (2003) sino desde una perspectiva que reconoce la autonomía de lxs sujetos del aprendizaje y, por lo tanto, su capacidad de emancipación y de protagonismo en el proceso.

A lo largo de los años, trabajé en instituciones públicas y privadas y en distintos niveles de enseñanza, cada uno con sus particularidades y requerimientos. Mis estudiantes han sido desde adolescentes hasta adultxs mayores, jóvenes que contaban con recursos y apoyos y muchxs otrxs que no tenían nada, pero tenían la escuela, la uni, sus grupos y compañerxs.

Puedo decir que he visto cómo sucede el aprendizaje. Los momentos de frustración, a veces de enojo, la curiosidad, el deseo de aprender y de ser, ese instante en que ocurre la comprensión – fundamental para la apropiación significativa de lo que estudiamos, mucho más allá de la memoria-, las dificultades y obstáculos que se presentan cuando no se cuenta con estrategias y hábitos de estudio. Porque, al menos en mi experiencia, aprender y estudiar se relaciona más con un trabajo sistemático que con una inteligencia destacada. No se necesita ser brillante para aprender. Pero es indispensable contar con el tiempo, la voluntad, el deseo y las condiciones contextuales para que ese aprendizaje sea posible. Así, es necesario haber desarrollado gradualmente nuestra capacidad de aprender, la cual es universal – todxs podemos aprender-, pero no automática.

Es ese desarrollo gradual el que se ha comprometido seriamente en la provincia del Chubut, donde hace más de tres años que lxs estudiantes no cuentan con clases de manera sistemática. Si bien el último año y medio de pandemia afectó la prestación del servicio de educación y obligó a realizar adecuaciones en los dispositivos de enseñanza-aprendizaje, diseñar protocolos y elaborar medidas de prevención de los contagios, la crisis de la educación en Chubut es anterior a la pandemia y es probable que continúe una vez que el virus sea contenido.

En todo el país, el debate sobre presencialidad o virtualidad en las escuelas ha sido parte de la agenda pública pandémica. Para lxs defensores de la presencialidad a toda costa no hay enseñanza-aprendizaje fuera de ese formato de co-presencia, sin mediación tecnológica. Dado que trabajo en una carrera con modalidad a distancia me veo en la necesidad de señalar que también en contextos de virtualidad, distancia o procesos de enseñanza-aprendizaje asincrónicos aprender es posible. Las necesidades y los recursos que se ponen en juego son diferentes, pero en ambas situaciones se aprende. Es cierto que la conectividad a internet puede ser un factor de exclusión por razones geográficas o económicas. Pero también es preciso recordar que si las escuelas no están en condiciones aptas para recibir a lxs estudiantes la presencialidad es una ficción.

En Chubut, lxs estudiantes no han tenido clases porque el gobierno provincial incumplió un acuerdo salarial que realizó antes de las elecciones a gobernador 2019[1], porque los docentes también fueron víctimas del pago escalonado, porque la educación pública no se puede financiar con la vocación de lxs maestros, y porque a un año y medio de comenzada la pandemia aún hay escuelas cerradas por reparaciones y con plazos de ejecución que hacen dudar de su apertura inmediata[2].

El avance en el proceso de vacunación contra Covid-19 en la provincia es un aliciente en este escenario dramático porque favorece el cuidado de la vida y con ello las condiciones para el aumento gradual de la presencialidad y de la movilidad de los recursos humanos, necesarios para poner a las escuelas en condiciones apropiadas de trabajo y aprendizaje. Según un tuit del ministro de Salud provincial, al 15 de agosto el 74% de la población mayor de 18 años estaba vacunada con primera dosis, unas 333.492 personas, mientras que el 26% contaba con el esquema de vacunación completo, 117.251 personas, según la información difundida[3].

Pero no sólo las vacunas salvan vidas. La educación también lo hace porque permite elaborar proyectos de vida autónomos, imaginar el futuro, construir capacidades, desarrollar habilidades y fortalecer nuestras condiciones para el ingreso al mercado de trabajo. Más aún, la educación nos permite complejizar nuestro pensamiento, y eso sirve para resolver problemas de matemáticas, aprender historia o enfrentar los muchos y diversos desafíos que a cada unx nos toca vivir.

La educación salva vidas. Es hora de tomarla más en serio.-

[1] “Chubut, la provincia que acostumbró a los estatales a no cobrar”, El DiarioAR, 11 de enero de 2021, disponible aquí.

[2] ATECH sigue denunciando las malas condiciones edilicias en las escuelas, Mil Patagonias, 15 de junio de 2021, disponible aquí.

[3] Tuit del Ministro Fabián Puratich.

CienPuntoUno 2020

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