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La Pandemia: Punto de inflexión para este mundo desigual

Hoy vivimos una crisis mundial inédita y es sobre lo único que tenemos certeza. Nos sobran incertidumbres, y muchas son sobre nuestro futuro.

Antes de la pandemia, el mundo ya se preguntaba sobre el futuro del capitalismo monetarista y especulativo imperante, si tenía solución la brecha de desigualdad cada vez más compleja en los elementos que la componen y el imparable crecimiento de la concentración de la riqueza, como nunca antes se había visto desde el nacimiento del capitalismo y su predominio.

Y recordé una anécdota de junio del 2009 cuando, todavía viviendo los estertores de la crisis originadas en el modelo especulativo de las hipotecas y sus derivados, desde la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Económicas invitamos a dar una conferencia a uno de los más destacado investigadores argentinos en el área, el Dr. Daniel Heymann, para analizar la crisis del 2008. Explicó con su habitual claridad y capacidad ilustrativa, los orígenes de la misma, los desbastadores efectos, pero también nos advirtió que en ese momento nadie sabía cómo se saldría de esa crisis.

En los meses sucesivos, vimos gobiernos salvando a los bancos con fondos públicos, y poco vimos sobre las responsabilidades respecto a los desfalcos que realizaron esas mismas entidades que recuperaron sus pérdidas a costa de los ciudadanos comunes, con muy escasas repercusiones. No hubo mayores críticas ante el salvataje del sistema financiero dedicado a la especulación masiva y globalizada que generaba estrafalarias fortunas muchas veces en sólo segundos y que terminaban pagando con sus impuestos a lo largo de décadas de vida, aquellos dedicados a trabajar y producir.

PERO APARECIERON LOS INDIGNADOS

Esta situación comenzó a generar indignación que como suele suceder en los pueblos, comienza por abajo. Y fue desde ahí que se empezó a quebrar el discurso hegemónico, y aparecieron economistas que levantaron la voz y empezaron a poner en agenda el tema de la desigualdad, y fundamentalmente la injusticia en la distribución. El mundo empezó a ver, e identificar a ese 1% que concentran la riqueza que a una importante mayoría del resto le niegan, para poder subsistir, para poder obtener lo que mínimamente un habitante de este mundo se merece y por supuesto, para en muchos casos de amplias clases medias, les permitiría asegurar la igualdad de oportunidades y condiciones equitativas de vida para sus hijos.

Thomas Piketty, (2019) en su extenso texto “Capital e ideología”, nos cuenta del importante proyecto por el que están construyendo la base de datos más importante para reflejar la evolución histórica de las desigualdades de renta y de riqueza. Que este proyecto compromete a cien investigadores en 80 países y permite disponer de esa información para analizar con mayor profundidad la situación.

Mariana Mazucatto (2019) en “El valor de las cosas, quien produce y quien gana en la economía global”, cuestiona los principios vigentes y dominantes de la economía capitalista, las mediciones del PBI sobre el que se pregunta por qué los cuidados (y otros servicios) no se han incorporado al mismo, y la estructura de preferencias para determinar el valor de las bienes que instalaron hace muchos años los modelos económicos marginalistas, para luego interpelarnos y llevarnos a reflexionar sobre si las teorías no están atravesadas por los intereses de los discursos hegemónicos. O más precisamente, desarrolladas para su hegemonía teórica y fáctica.

Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de CEPAL, nos alerta que Latinoamérica y el Caribe, es una de las regiones más ricas del planeta en materia de recursos naturales y también la más desigual, compartiendo niveles de pobreza con África.

Podría seguir enumerando, pero el objetivo es pensar si efectivamente la crisis generada por la pandemia, provocará los cambios que ya se reclamaban o terminará como la crisis del 2008 reafirmando el modelo imperante al subsidiar a los especuladores y concentrar la riqueza, y peor aún, profundizando la DESIGUALDAD.

NUEVAS DISCUSIONES Y UNA AGENDA MAS ABIERTA A LAS NECESIDADES

La pandemia puso en agenda temas que los medios masivos no ponían en discusión, el rol del Estado, la forma de financiamiento del Estado, los impuestos a los ricos, la importancia de la economía real sobre el mundo financiero ficticio, en definitiva, ¿qué modelos de desarrollo queremos para nuestro mundo?

Los que alzamos la voz desde hace muchos años, en distintos espacios contra la desigualdad, tenemos coincidencias que ahora se vuelven consignas para guiar nuestras acciones, sabiendo que no será fácil la pelea, porque el poder económico y sus medios, procuran imponer mitos que en forma de verdades científicas, vuelven conservadoras las estructuras del Estado y a muchas instituciones, para que nada cambie.

Mazucatto nos invita a que detectemos a los que efectivamente crean valor en la sociedad y quienes extraen ese valor del colectivo, en beneficio propio y aumentan sus tenencias (en todas las formas) y concentran sus riquezas aumentando la desigualdad. Hace un estudio muy acabado, sobre casos concretos -Apple, Tesla, Google, etc.- demostrando que todos los nuevos ricos basados en los desarrollos tecnológicos, fueron inversiones del Estado, de esas comunidades, y luego unos pocos se apropiaron de la renta colectiva en beneficio de sus negocios innovadores.

La globalización –vieja conocida- instalada como requisito de la libertad económica y la competitividad, se volvió un engaño, una realidad espuria.

¿Existe la competitividad cuando existe tanta concentración, cuando cuatro o cinco fondos de inversión concentran patrimonios superiores a los PBI de muchos de los países que integran el G20?,

¿Existe dicha libertad para el trabajo y los seres humanos, o estos están sometidos a infinidades de restricciones y lo único auténticamente libre es la circulación del capital financiero?,

¿Cómo se entiende la igualdad con la coexistencia de verdaderas guaridas inexpugnables en las que algunos pueden refugiar inmensas fortunas muchas veces al margen de la ley, de quienes con esfuerzo y sacrificio, cumplen a diario con sus obligaciones y aportan solidariamente al desarrollo de sus sociedades?

¿Existe independencia económica y autonomía de los Estados y en consecuencia igualdad entre ellos, con el nivel de endeudamiento de los países emergentes generados por perversos mecanismos de organismos internacionales en complicidad con funcionarios locales y claramente en contra de los intereses mayoritarios?

Desde las incertidumbre e incógnitas que nos plantea el futuro, hoy toman relevancia las palabras de nuestro presidente Alberto Fernández, que expresara en estos últimos días… “¿Cuál va a ser el valor de las empresas el que había o el que hay ahora...en gran medida el capital financiero que ha tomado las empresas que había, ha convertido el mercado en un juego de pocos…Nadie que haya abrazado a la política puede estar tranquilo con su conciencia cuando ve estas cosas…la meritocracia de la que se habló en estos años es falsa, porque el más tonto de los ricos tiene más oportunidad que el más inteligente de los pobres”. En esa reflexión aparece claramente un cuestionamiento a un mundo que destruye economías, empresas, empleo, vínculos comerciales, sin importar que mujeres y hombres son parte de esos universos y que deberían estar en el centro de la escena y tristemente no siempre están.

Por eso desde este rincón extremo del planeta, nuestra amada Patagonia, demos respuesta a la pregunta inicial, que la pandemia efectivamente sea un punto de inflexión para construir un mundo mas igualitario, y sumémonos a la tarea.

No nos dejemos ganar otra vez por los pocos que concentran la riqueza.

Nosotros somos más.

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