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Opinión | argentina | Cambiemos

La realidad es una pared

El probable triunfo del candidato presidencial Alberto Fernández en las próximas elecciones nos pone ante un escenario de nuevo cambio de época, así como ante la necesidad de reflexionar sobre sus límites.

Hace algún tiempo, en el marco de un diálogo sobre un problema complejo y difícil de abordar, una persona me dijo: “La realidad es una pared”. La frase, tan dura como la pared a la que hace referencia, pretendía poner de manifiesto dos imperativos: en primer lugar, sólo del reconocimiento de las cosas tal cual son puede derivar alguna posibilidad de cambio; en segundo lugar, ese reconocimiento puede no ser cómodo, ni agradable, sino un encuentro con aspectos reveladores del sí y de los otros.

Pasa en la vida, pasa en la política. La experiencia Cambiemos tendrá que ser pensada y estudiada a la luz de sus políticas, de sus decisiones, pero también de sus efectos y de la subjetividad política que supo expresar por un tiempo. Si no reconocemos la potencia que esa construcción política adquirió, la cual le concedió el triunfo en las elecciones presidenciales 2015 y en las legislativas 2017, será difícil mirar el futuro sin ingenuidad.

La pared a la cual nos enfrentamos, como todas, tiene dos lados: uno mira al pasado y otro mira hacia el futuro.

Hacia el pasado, y como marcas de este tiempo político, se destaca la creciente expresión en el espacio público de manifestaciones que podríamos calificar de derecha. Incluso, una mirada apresurada podría indicarnos que repentinamente apareció la derecha en la Argentina.

Sin embargo, la sociología política y la historia podrían venir en nuestro auxilio para señalarnos que los partidos políticos y los enunciados en el discurso público expresan cogniciones, creencias y prejuicios que anidaron y anidan en parte de la sociedad argentina y que, en todo caso, encuentran un clima de época propicio para su cristalización en estructuras o etiquetas partidarias, o en consignas como “el curro de los derechos humanos” y la “ideología de género”, por citar dos significados que fueron enarbolados en el último debate presidencial por el candidato Espert. También el candidato Gómez Centurión se refirió en esos términos a la lucha por Justicia que llevan adelante las organizaciones de derechos humanos y la sociedad argentina, uno de los procesos salientes de nuestra democracia.

Sin negar la capacidad de la política de producir y reforzar subjetividades, existió y existe en parte de la sociedad argentina un terreno fértil de resistencia al igualitarismo, reclamo de orden y disputa por la memoria. Un rechazo decidido frente a los procesos políticos que expandieron derechos y con ellos crearon nueva ciudadanía, que no se desvanecerá en el mediano plazo, sino que probablemente encuentre nuevas y variadas formas de representación y realización de sus intereses.

Hacia el futuro, nuestra pared presenta indicios que serán evidencias sobre las cuales trabajar. Argentina está pensada como una democracia de partidos, aunque la realidad se empeñe en demostrarnos que vivimos una democracia de frentes y desplazamientos, con personalismos que rozan el emprendedurismo político individual y con fuerte fragmentación partidaria. La reciente unidad del peronismo es estratégica, pero probablemente se medirá en el corto plazo con el despliegue de una agenda de gobierno en la cual, en última instancia, hay que decidir. De la habilidad para articular esa pléyade de significados que es el peronismo dependerá cuánto dure la unidad.

La cultura del marketing y el consumo nos acostumbró a vivir en un mundo impostado en el que nos venden las más variadas promesas de bienestar y formas de la felicidad dosificadas con comodidad. No habrá nada cómodo en los próximos años. El trabajo político que requerirá enfrentar, otra vez, el endeudamiento, la inestabilidad cambiaria, la pobreza, el desempleo y la desigualdad crecientes será arduo, colectivo, generoso, comprometido y honesto, o no será.

La realidad es una pared, pero como tal puede ser pintada, reformada o incluso derribada con la pasión transformadora que anima a aquellos que creen profundamente en la política y con la inteligencia necesaria para saber cuándo y cómo avanzar.

La realidad es una pared, pero nosotres argentines somos más.

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