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Las prácticas patriarcales como causa de la crisis política en Chubut

Siguiendo con la propuesta de analizar las prácticas patriarcales como causa de la crisis política de Chubut, recuerdo una anécdota de los años 90, cuyo protagonista fue el arquitecto, Polo Madueño, en ese momento titular del Instituto Municipal de Empleo y Producción de Comodoro Rivadavia (IMEP). La tarea de él y la mía, como funcionaria nacional, era ejecutar políticas públicas que minimizaran el daño de la espeluznante desocupación que atravesaba Chubut y en particular, la ciudad comodorense.

Nuestro objetivo era reinsertar a las y los trabajadores desocupada/os al mercado laboral. Pensábamos que con pequeños proyectos productivos alternativos como huertas, recuperación ambiental, eliminación de basurales y proyectos basados en obras públicas de menor escala (como cordón cuneta, veredas, juegos en los barrios populares) paliaríamos la situación. También organizábamos grupos para realizar acciones solidarias que mejorasen la vida cotidiana del vecino y de la vecina.

No fue nada fácil desarrollar estas políticas. El sentimiento de frustración latía con fuerza en nuestros equipos porque frente a todas estas propuestas, las personas demandaban volver a ser “trabajadores”, a la manera de sus anteriores empleos. En la búsqueda de cómo hacer para que la gente desocupada vea oportunidad en estas acciones alternativas, Polo profundiza un horizonte más lejano, pero aún más necesario de alcanzar: “Debemos lograr despojarnos de esta conducta arraigada de “violadores de la tierra”. Esa idea desafiante expresaba una analogía dura entre las actividades extractivistas y los violadores. “Despojan a la víctima, a la tierra, extraen lo que quieren en ese momento – el petróleo- , se satisfacen y no consideran las consecuencias ambientales, laborales, ni económicas, solo la fuerza los motiva”, describió.

Y fue ahí, cuando buscábamos salir de una crisis, que identificamos parte de la matriz estructural que reproduce las desigualdades. Es el patriarcado en la principal actividad productiva de Chubut, pero puedo extender el mismo comportamiento en la pesca, en la minería y en todas las actividades extractivas.

Los sindicatos son actores principales de la política en nuestra provincia. Y en el marco de este análisis es indispensable preguntarse qué pasa con el modelo patriarcal en los sindicatos. ¿Cuántas mujeres encabezan sindicatos en Chubut?, ¿Cuántas mujeres integran las comisiones directivas de los sindicatos con roles protagónicos?, ¿Cuántos sindicatos se han esforzado para incorporar la perspectiva de género en su convenciones colectivas? Las respuestas a estas preguntas reflejan la participación desigual de los hombres y mujeres en la estructura sindical.

Los llamados sindicatos “fuertes”, vinculados con la energía, la obra pública, la logística, la financiación, tienen practicas patriarcales explícitas, visibles a través de su lenguaje, de las formas de negociación de las paritarias, de postergar la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en todos los ámbitos laborales y también lo reafirman cuando participan en los partidos políticos. Al momento de integrar listas, eligen a sus mujeres para que ocupen lugares. Refuerzan el poder fálico en su actuación, mediante la imposición de la voluntad, la violencia, la fuerza en todas sus formas de expresión. Otra característica del patriarcado: utilizar la fuerza para conseguir su objetivo.

También los dirigentes representativos del poder económico, los CEO de las corporaciones que controlan la explotación de los recursos naturales de Chubut, son quienes replican el modelo patriarcal. Estos señores, que viven en las grandes urbes nacionales e internacionales, se los conoce por las revistas de la farándula, donde muestran a “sus mujeres jóvenes” en los eventos de caridad y por ostentar en esos ámbitos, la renta que obtienen de las concesiones otorgadas por los sucesivos gobiernos chubutenses. Presionan a las Pymes locales, a la clase trabajadora y a los circunstanciales funcionarios para garantizar la maximización de sus ganancias a partir de la explotación de los recursos naturales de Chubut. Mientras la ciudadanía chubutense padece sus reglas autoritarias y la pobreza, suponiendo que las merecen. Otra característica del patriarcado: hacer sentir culpable a la víctima. El temor de perder una pequeña estabilidad y patrimonio, justifica al victimario.

Y así como buscábamos con Polo que los desocupados y las desocupadas vean oportunidades en acciones productivas alternativas, la crisis que actualmente estamos atravesando nos invita a cuestionar: ¿Cuáles son las verdaderas causas de la crisis en Chubut?, ¿Por qué se habla de números, cifras y no de acuerdos programáticos? ¿Por qué no se piensan nuevos modelos de desarrollo?, ¿Por qué no pensamos en nuevas formas de funcionamiento del Estado?, ¿Por qué no cambiamos las prácticas de la política?,¿Quiénes pierden si se mantienen estos modelos de actuación política?, ¿Quiénes podrían ganar si transformamos estos modelos de actuación política? Las respuestas a tantas preguntas seguramente las encontramos en la compartida que tiene el pueblo en las calles, en el movimiento feminista, en los pueblos originarios, en las vecinas y los vecinos que ayudan al que no llega a fin de mes.

Como chubutenses tenemos un gran desafío, y no hay tiempo, no es tiempo de postergaciones. Nuestro futuro no espera y aquí veo que desde el movimiento feminista podemos construir una provincia distinta. Demostramos que el feminismo no tiene fronteras con el Paro Internacional de Mujeres; afirmamos que el feminismo no es sectorial, con la amplitud de nuestras convocatorias; visibilizamos nuestra capacidad de organización en los debates parlamentarios, en las ollas populares, en el encuentro nacional de mujeres en Trelew, y construimos un poder colectivo que no tolera las injusticias. Como feministas trastocamos las estructuras partidarias, las lógicas del gobierno y tenemos que encontrar el camino para que nuestro poder de construir trasversalmente sea el que derrote las prácticas patriarcales en Chubut.

Es hora y ahora. Así saldremos de la crisis. Basta de Machirules.

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