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Little Fires Everywhere: mandatos incendiados

La producción de Hulu, protagonizada por Reese Witherspoon y Kerry Washington, se puede ver en nuestro país a través de la plataforma de Amazon Prime Video.

La traducción de un título como Little Fires Everywhere al español podría ser “pequeños incendios en todas partes”. Esa es la forma en que la policía explica el origen de las llamas que consumen la casa de una de las protagonistas al comienzo de la historia y que siembra en el espectador una incógnita: quién, cómo y por qué.

En la novela de la escritora estadounidense A.M. Homes, Música para corazones incendiados, una pareja de mediana edad provoca el incendio de su casa en un intento por reconstruir la familia a partir de las cenizas de una cotidianeidad apática. Los incendios provocados de manera intencional se vuelven, en muchas ocasiones, la representación simbólica de una estructura que necesita sucumbir, consumirse en el fuego, para dar lugar a lo nuevo. Little Fires Everywhere -que cuenta también con la participación de Witherspoon como productora-, no se basa en la obra de Homes sino en la novela homónima de Celeste Ng, que narra la historia de Elena Richardson (Reese Witherspoon) y Mia Warren (Kerry Washington), a partir del momento en que la segunda se convierte en inquilina de una propiedad administrada por la primera.

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En los ocho capítulos en los que se desarrolla la historia, la serie cuenta cómo la llegada de Mia a la localidad suburbana de Shakers, acompañada por su hija adolescente, despierta un interés particular en Elena, que se mueve entre la intriga, la desconfianza y el recelo por lo que la figura de Mia representa en contraste con su vida. Elena es una mujer blanca, de clase media alta, madre de cuatro hijos que trabaja como periodista en un diario local. Mia, por su parte, es una mujer negra que se dedica al arte visual y que vive una vida nómade, en la aparente búsqueda de inspiración para sus proyectos artísticos. Pearl, hija y compañera de Mia en las travesías que las llevan a trasladarse de un pueblo a otro, se fascina por la figura de Elena y el resto de la familia Richardson, al punto de establecer vínculos con estos a una velocidad que desconcierta y asusta a su madre.

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Es difícil decir mucho más acerca de Little Fires sin revelar los secretos que aceitan su trama y que la hacen ágil y atractiva. Lo cierto es que parte de su encanto reside en el retrato de sus personajes y lo que los diálogos revelan acerca de la forma de pensar de los sectores sociales a los que representan. Las intervenciones de Elena en las sobremesas, plagadas de un feminismo y progresismo edulcorado, que neutralizan su situación de privilegio frente a los comensales, son escenas en las que se luce la madurez interpretativa de Witherspoon. Los aires de superioridad moral son un mal de nuestros tiempos y esconden, a su vez, una actitud paternalista que sobrevive a los cambios de época. En la otra esquina, Washington tiene en sus manos un papel resiliente, extraordinario y conmovedor que se desluce, por momentos, en una interpretación que parece forzar gestos y expresiones. Una construcción un poco más gradual en el guión, tal vez, hubiese ayudado a sostener con mayor firmeza las acciones y motivaciones de los personajes. De todas maneras, la dinámica de la confrontación entre las protagonistas, la tensión e incomodidad palpable en sus encuentros, es algo muy bien logrado y la sensación final es que se trata de un drama con mucha potencia.

Algunos de los aspectos que se destacan en la trama son la racialización de las clases sociales y los límites que el género impone a la supuesta libertad de elección que rige en la organización de la vida occidental contemporánea. Este último aspecto se refleja de modo especial en la manera en que la maternidad atraviesa a las protagonistas y el vínculo que sostienen con sus hijos. Hay una idea que sobrevuela la serie: todo el daño que puede provocar una madre es proporcional al daño que le hicieron. Las facturas que no se cobran, se trasladan, a modo de deuda, a la generación siguiente. Y así comienzan los pequeños focos de incendio, hasta que el fuego consume la estructura por completo. Las cenizas alimentan el suelo del nuevo comienzo, aunque nada garantice que lo nuevo sea, por esencia, algo mejor.

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