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Luis Miguel, la serie: una biografía demasiado autorizada

La producción que recupera la biografía del astro latino de la canción romántica, mantiene a una buena parte del continente atornillado al sillón todos los domingos a la noche. Con una segunda temporada bastante más floja que la primera, acá algunas de las razones por las que igual vale la pena.

La vida privada de Luis Miguel, como la de cualquier estrella del espectáculo a gran escala, logró copar las primeras planas de la prensa amarilla a lo largo de un buen par de décadas. Sus parejas, la desaparición de su madre, la relación con su hija, fueron temas de gran exposición mediática sobre la vida del artista. Sin embargo, “Micky” se las arregló para resguardar su sentir más íntimo a través de declaraciones medidas y escuetas, filtradas por el accionar de sus managers y equipos de prensa. El contenido de la serie viene de esta manera a romper con el hermetismo alrededor de su intimidad y a rescatar del olvido al líder indiscutible de los rankings de música latinoamericana, luego de una década y media de idas y vueltas en su relación con los escenarios.

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La primera temporada se centra alrededor de su infancia y el inicio de su carrera de la mano de Luis Rey, su padre. Aunque lo justo es decir que, lo que de verdad mueve la trama, es la averiguación del paradero de su madre tras su desaparición. Así, la serie muestra las vicisitudes a las que debe enfrentarse como “niño estrella”, la explotación de su figura por parte de su padre/ mánager y la batalla de su madre por preservarlo de ese entorno en un hogar controlado por la figura paterna.

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La acción va y vuelve entre pasado y presente, un presente anclado entre fines de la década del 80 e inicios de la década del ’90, con un Luis Miguel mayor de edad que busca desesperadamente a su madre y que, por si hiciera falta algo de drama, también comienza a sumar algunos reveses amorosos. La construcción del guion es precisa y aunque algunas fechas se alteran para hacer confluir momentos de tensión y dramatismo, la vida del astro parece haber estado hecha para tener destino de pantalla.

En la segunda temporada, el tiempo pasado es el que se enlaza con el final de la primera entrega y el presente se ubica a mediados de la década del 2000. Sin ánimos de espoilear demasiado una temporada todavía en curso, lo cierto es que, en este caso, la historia ha perdido parte de su magnetismo (el personaje de Luis Rey, interpretado por el español Oscar Jaenada, fue un condimento especial en la temporada inaugural).

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Los eventos y las situaciones dramáticas son un poco más forzados, estirados y sobreactuados y, a juzgar por los dichos de los protagonistas reales, mucho más manipulados con el fin de dejar mejor parado al cantante. Lo más lamentable, tal vez, es que la banda sonora también parece haber sufrido las consecuencias del racionamiento y apenas se consigue disfrutar de un hit por capítulo.

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De todas maneras, el trabajo magnánimo de Diego Boneta en la piel del mismo Luis Miguel así como el del resto del elenco (en el que se destacan unos cuantos argentinos, como César Bordón), sumado al hecho de que lo que se narra como parte del pasado es, probablemente, el inicio de la mejor década del artista, hacen de esta entrega un vicio difícil de abandonar. Los episodios se pueden ver en la plataforma de Netflix - uno nuevo por cada domingo - y las versiones de los hits interpretadas por Boneta se encuentran disponibles en Spotify luego de cada entrega

CienPuntoUno 2020

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