Banner Radio Header

Opinión | argentina | aumento | Cambiemos | CFK | concentración | crisis | Cultura | debate | Déficit | demanda | Deuda | devaluación

Nación, Provincia, Municipios, balances negativos y oportunidades de futuro

La mera apuesta a un alineamiento de Nación, Provincias y Municipios ya no es una respuesta por si sola eficaz.

La sociedad Argentina deberá enfrentar desafíos muy complejos a partir del 10 de diciembre de 2019. La caída económica pone en debate la política y en crisis las instituciones. El escenario genera tensiones desacopladas. La mera apuesta a un alineamiento de Nación, Provincias y Municipios ya no es una respuesta por si sola eficaz.

Los desafíos y los riesgos no distinguen jurisdicciones y municipios no siempre se podrán coordinar las acciones y esfuerzos para diseñar políticas públicas destinadas a recuperar el crecimiento económico sin provocar más desigualdades.

El Producto Bruto interno a fines de 2019 será aproximadamente 3,4% más bajo que el de 2015 y si se lo mide por habitante será el 7,3% más bajo que el de 2015. La tendencia de estos meses indican que seguirá cayendo más abruptamente el último semestre.

Las tasas de crecimiento de las inversiones han sido muy erráticas desde que asumió Cambiemos. El leve crecimiento de registrado en 2015, especialmente el último trimestre con cerca del 7,8% cayó en 2016 tras la devaluación y el primer ajuste fiscal. Si bien hubo un pequeño rebote en 2017 desde el segundo trimestre de 2018 se desplomó alcanzando niveles de -25% anual. El mejor momento de Macri en 2017 la inversión no llegó al nivel de 2011.

El déficit fiscal como porcentaje del PBI no solo que no bajó sino que subió por el incremento de los pagos de los intereses de la deuda. Nadie pudo imaginarse el deterioro generado al sector público en tan poco tiempo, el ajuste brutal del gasto iniciado en 2018 y continuado en 2019 aún tiene un déficit mayor que en 2015. La cuenta de interés de la deuda triplica a la existente en 2015.

Las cuentas públicas de la Argentina han perdido consistencia y si no se corrigen generarán una creciente debilidad en todas las políticas públicas. El pago de intereses de la deuda se lleva hoy el doble que lo que se llevaba en 2015. La tendencia tiende a agravarse y la sociedad no tolera ya el aumento sin más de los impuestos existentes. Es altamente probable que sea necesario encarar una reforma impositiva estructural teniendo en cuenta también los desequilibrios regionales.

La inflación se ha disparado de forma irreversible. El enfoque monetarista del manejo de la inflación ha fracasado. Este año la inflación alcanzó el nivel más alto desde 1991, uno de los peores de la historia del país.

La caída del crecimiento económico y el crecimiento de la deuda pública son una mala combinación. Este año llegará al 89% del PBI, uno de los más altos de la historia Argentina. Esto ha venido acompañado de un deterioro de las cuentas externas y un cambio en la naturaleza de la inversión extranjera donde creció la especulación financiera y los préstamos al sector público casi exclusivamente. Cuando se compara toda la serie desde 2003 la inversión extranjera directa durante el gobierno de Macri fue un 9% por debajo de la registrada por el gobierno de CFK.

1 de cada 10 empleos industriales registrados se perdió desde 2015. Todos los sectores de la economía destruyeron empleos, pero lo ocurrido en el sector productivo industrial compromete la capacidad de respuesta de corto plazo en la recuperación económica. La mitad de las máquinas industriales del país están paradas.

Desde agosto se han desplomado aún más las variables centrales, la caída de las reservas internacionales en dólares ha caído más del 25%, el tipo de cambió saltó en cerca del 35% y la caída de los depósitos privados en dólares se aceleró. Que el FMI haya decidido esperar para realizar la última transferencia es un dato pero también un alerta sobre su evaluación de la profundidad de la crisis y la dificultad del actual gobierno nacional para enfrentarla.

Cada una de estas dimensiones económicas y otras no mencionadas en esta nota empiezan a impactar de manera grave en la sociedad. Los datos que INDEC difundirá esta semana sobre pobreza la ubican entre 35% y 36%, con alrededor de 8% de indigentes. En magnitudes directas 14.400.000 pobres y un poco más de tres millones de indigentes. El incremento desde 2015 tomando cualquier fuente es enorme.

Quienes ya están pensando en el próximo gobierno proyectan que los informes de marzo de 2020 no van a bajar de 40% de pobres urbanos. La UCA ha analizado su composición y llegó a la conclusión que al menos un 6% de esos nuevos pobres lo son primera vez en sus historias familiares. Es decir se han destruido estructuras familiares formadas en la clase media en varias generaciones. Algo similar ocurrió en la década de los 90 y durante la dictadura militar.

Algunos desafíos para el país que viene

Los desafíos macroeconómicos van a exigir no solo políticas específicas (financieras, fiscales, productivas) sino enfoques de gobernanza que permitan afrontar las emergencias sociales y las asimetrías regionales que se han generado.

Un acuerdo económico social que logre estabilizar precios y tarifas, incluidos salarios, para cada uno de los sectores económicos va a ser central. El objetivo general de bajar la inflación no puede ser incompatible en el mediano plazo con la mejora de la productividad. Es imaginable que más allá que se busque un acuerdo general sobre el salario mínimo va a ser necesario que se atiendan las características de cada uno de los sectores de la economía, incluyendo tasas de ganancias de empresas y compromisos de inversión.

Salir del default técnico actual exige que haya un nuevo acuerdo con el FMI, generando un sistema de reestructuración de deuda que permita disminuir la incidencia tan alta de los intereses en el déficit público, buscando recuperar capacidad financiera para instalar una nueva generación de políticas de promoción económica. Seguramente en la primera etapa será sobre los sectores exportadores para la generación rápida de divisas, pero en simultáneo va a ser necesario un conjunto de políticas activas destinadas a recuperar el mercado interno.

El reperfilamiento de la deuda va a ser necesario revisarlo íntegramente, no se va a poder hacer sin incluir a las provincias dentro de las líneas de acción. Hoy alrededor de 17 provincias y un número no establecido aún de municipios tienen serios problemas para afrontar los sueldos sin costosos financiamiento de corto plazo y muchas dificultades para poder definir sus presupuestos para 2020 de forma equilibrada.

No se va a poder recuperar la economía sin un plan de desarrollo productivo que deliberdamente, contradiciendo incluso algunas dinámicas de corto plazo del mercado, se proponga poner en marcha la capacidad ociosa de las Pymes y de cada una de las cadenas de valor del país. Se podrá empezar por las que tienen más vinculación con las exportaciones pero no será posible recuperar grandes zonas del país si no se genera una política muy agresiva de recuperación industrial y generación de nuevos negocios.

Cada uno de estas acciones deberá también medirse en metas de empleo y poder adquisitivo, buscando disminuir desigualdades y asimetrías regionales.

Es necesario realizar un federalismo pleno. La centralización de los procesos decisorios en las políticas y la concentración del capital y de las instituciones que lo regional en el país ya es inconsistente con la demanda de desarrollo sustentable en cada región del país. Este nuevo federalismo va a requerir no un plan sino muchos planes de desarrollo industrial y tecnológico, así como estímulos financieros para cada una de las economías regionales del país.

El desarrollo de cadenas de valor y tramas productivas exige políticas activas del sector público y acuerdos estratégicos con cada uno de los territorios. La planificación debe recuperar un rol central en la orientación estratégica del modelo de desarrollo del país y de cada región. La resignación de la voluntad nacional ante el mercado financiero internacional ha generado costos altos para el país.

Estrategias locales y cultura de la demanda.

Un gran sector de la dirigencia de provincias y municipios deberá cambiar su cultura de la demanda por una con nuevas habilidades que incluyan la capacidad estratégica de generar propuestas regionales y locales desde sus territorios orientados al desarrollo sustentable.

Las ciudades y provincias deberán generar políticas públicas proactivas en este nuevo escenario. Las políticas de desarrollo local y regional van a ser cada vez más necesarias. La diversificación de la economía requiere de innovación productiva basada en usos intensivos del conocimiento. Esto no lo provee el mercado; al contrario se observa cada vez más que los procesos de ¨destrucción creativa¨ del mercado que definía Schumpeter generan escenarios locales cada vez más difíciles de revertir; los procesos creativos se dan entre los dueños de las patentes y en las regiones más desarrolladas y los procesos de destrucción solo en los territorios menos favorecidos, especialmente si se trata de economías muy primarizadas y extractivas.

Argentina está en condiciones de romper la tradicional inconsistencia entre recursos naturales, industria y tecnología. Las regiones en las que domina la extracción de hidrocarburos y minería, así como la prevalencia de pesca de captura sin agregado de valor van a tener que realizar un esfuerzo adicional en esta dirección. La generación de empleo de calidad y de nuevos servicios tecnológicos exige políticas explicitas de mayor calidad que las implementadas hasta ahora.

Si se logran las interacciones necesarias hay nuevas oportunidades para que las provincias y municipios convoquen a las universidades, los centros tecnológicos, los nuevos profesionales y las empresas radicadas en cada una de las zonas del país. Patagonia ha sufrido estos años una serie de consecuencias negativas graves en sus tejidos productivos y el empleo, pero es reversible siempre y cuando se generen nuevos pactos territoriales. La macroeconomía no va a resolver por sí mismo los desafíos de la época.

Para recuperar el Estado es necesario que además quienes ejerzan como funcionarios valoren lo público. La experiencia de los CEOs del sector privado no generó resultados positivos, y si generó una serie de conflictos de intereses que es altamente probable que terminen judicializados en corto tiempo. Hay oportunidades para recuperar la sociedad y el mercado solo si primero se recupera el Estado y la calidad de lo público, tanto a nivel local como regional.

Dejá tu comentario

Seguí leyendo