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Opinión | mujer | Viviana Canosa | Covid19

Ni huecas ni heroínas

En torno a las mujeres abundan calificativos y faltan oportunidades.

Hace algunas semanas, la Revista Noticias publicó una tapa con la imagen de Viviana Canosa – periodista y conductora de TV- bajo el título “La rebeldía hueca”. El diseño de la portada dejó muy poco lugar para la imaginación pues la frase principal salía del cráneo abierto de la conductora. En efecto, ese medio de comunicación calificó como “hueca” a una comunicadora conocida por sus mensajes negacionistas sobre la pandemia del Covid y por su escenificación del uso de un químico no apto para consumo humano para la supuesta prevención del virus.

Más allá de cualquier evaluación que podamos hacer sobre el estilo comunicacional de la Revista, resulta llamativo que el comportamiento en cuestión se atribuya a la condición de “hueca” de la conductora. Podemos llenar este espacio con definiciones de la Real Academia sobre el término, pero lo que todxs sabemos es que calificar a una mujer de hueca es una forma de descalificación y denigración que niega cualquier racionalidad. Es lo mismo que sucede cuando en lugar de tontas nos llaman locas, sólo que en este último caso la peligrosidad no deriva de lo que falta sino del exceso.

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<p>Tapa de la Revista Noticias, 16 de abril de 2021.</p>

Tapa de la Revista Noticias, 16 de abril de 2021.

Es interesante que un medio de comunicación lo suficientemente preocupado por una mujer pública como para concederle una tapa no se detenga a imaginar que quizás, sólo quizás, una mujer comunicadora, independiente, famosa puede tener una agenda. De ningún modo esto significa acordar con los mensajes que sistemáticamente pretenden erosionar la confianza en las medidas de prevención, en el proceso de vacunación y generar pánico. Pero me pregunto si se hace la misma lectura de acciones de este tipo cuando los protagonistas son varones. No recuerdo una sola vez en toda mi vida en la que haya escuchado usar ese calificativo para un varón.

A la inversa, la misma práctica se reproduce cuando se confiere el carácter de heroísmo al accionar de las mujeres. Madres abnegadas, mejores cuidadoras, mujeres más sensibles, más organizadas, capaces hasta de pilotear un avión a Rusia o hacer una cirugía con otras mujeres cuando no hay varones disponibles. Esta atribución heroica desconoce dos aspectos fundamentales de las condiciones bajo las cuales las mujeres llevamos adelante nuestra vida: la desigualdad en igual capacidad.

Las mujeres no somos heroínas cotidianas, sino que estamos obligadas a hacerlo todo. La distribución de las tareas de cuidado, no sólo de hijxs sino también de familiares, la responsabilidad por la carga física, mental y emocional que implican esos cuidados, la atribución de culpas cuando algo sale mal, la necesidad de conciliar la vida familiar con el trabajo -sea un empleo, una profesión , una carrera o un emprendimiento- sumado a la presión estética que se ejerce sobre nosotras nos ha entrenado para dar respuesta sin cuestionar la profunda desigualdad que todo ello reproduce. Es cierto que algo está cambiando, que de manera creciente no sólo se contabiliza económicamente el trabajo de cuidado, sino que también se discuten estas condiciones, pero aún queda mucho por hacer en ese terreno.

Y todo esto ocurre en el marco de nuestra igual capacidad. No somos heroínas que piloteamos un avión, somo mujeres profesionales formadas y capacitadas para desempeñar una tarea, igual que los varones. Claro está, los logros deben ser celebrados. Pero su interpretación debería contener el reconocimiento de esta igual capacidad de todas las mujeres en lugar de cierta noción de excepcionalidad que impide la identificación por parte de otras. Todxs somos capaces, lo que faltan son oportunidades.

Hace unos días, durante una entrevista del Consejo de la Magistratura le preguntaron a un candidato a juez de Cámara Federal de Apelaciones sobre el Techo de cristal. La respuesta se viralizó no sólo por su imprecisión sino porque puso en evidencia el desconocimiento de las condiciones de desigualdad que hemos señalado, así como los estudios que desde hace décadas nuestras colegas desarrollan desde diferentes disciplinas para conceptualizar y denunciar estas condiciones.

En este sentido, vale remitirnos al trabajo de nuestra colega, y gran profesora, Virginia García Beaudoux quien ha definido el Techo de cristal como “barreras verticales que les dificultan [a las mujeres] llegar a los puestos más altos, en igualdad de condiciones y salario, en organizaciones corporativas, gubernamentales, partidarias o educativas”[1]. Se trata de obstáculos psicosociales y culturales que inciden sobre las oportunidades y posibilidades de desarrollo de las mujeres. Asimismo, la autora señala la existencia de Paredes de cristal, aquellas que obstruyen la llegada de las mujeres a ciertas áreas consideradas históricamente como masculinas.

Por lo tanto, contra los estereotipos de género que establecen barreras a nuestro desarrollo, y contra todo esencialismo que niegue nuestras capacidades o declame su excepcionalidad, las mujeres continuaremos denunciando en palabras y en acto las condiciones de desigualdad sobre las cuales construimos nuestras vidas y buscaremos incansablemente oportunidades para la igualdad.

[1] García Beaudoux, V. (2017): “Mujeres en carrera al poder: techos de cristal y suelos pegajosos”, disponible aquí.

CienPuntoUno 2020

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