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Pasará, pasará, pero el último quedará

La dinámica política en la relación entre poderes se asemeja más a un juego repetido que a una secuencia de batallas finales.

Podemos encontrar política en muchas actividades humanas. Una de ellas es el juego. Si bien Max Weber (1988 [1919]) nos advierte que en el estudio de los fenómenos políticos nuestra atención debe dirigirse sólo a aquellas actividades relacionadas con la dirección o la influencia sobre la dirección del Estado, esas otras formas de la política -menos reconocidas, muy informales- pueden servirnos para establecer analogías útiles en la compresión de las dinámicas centrales, por ejemplo, del proceso de gobierno.

Entre los juegos que podríamos utilizar para el análisis, uno en particular vino a mi memoria mientras escuchaba y leía las distintas miradas expuestas sobre la reforma judicial anunciada esta semana por el gobierno de Alberto Fernández en Argentina. La frase del título forma parte de ese juego y muchxs de Uds. lo habrán reconocido: es el Martín Pescador.

La dinámica de ese juego es muy interesante porque, al igual que en la política, hay una lógica basada en reglas que ordenan el juego y disminuyen la incertidumbre, pero siempre queda un margen para la introducción de lo inesperado, para que aparezca la agencia, para que cambie el status quo, el estado de cosas. Aquí va una breve descripción del juego para quienes nunca lo jugaron: un grupo hace una fila (como un trencito) mientras que otros dos niñes forman un puente tomándose de las manos. Cada uno de estos niñes del puente toma una opción (un color, una fruta, ¿un voto afirmativo o negativo?) entonces a medida que el trencito pasa por el puente el último niñe debe elegir entre las opciones ofrecidas por aquellos. Según la elección que realice cada “último”, repetidamente, uno de lxs niñes del puente suma eslabones, seguidores, que físicamente se ponen detrás de su opción.

La dinámica es muy ilustrativa de un proceso colectivo en el que es preciso optar por alternativas en conflicto. Si elijo manzana, no puedo ir detrás de frutillas, por decirlo de una forma un poco elemental pero muy gráfica. Por supuesto, si el juego fuera absolutamente previsible en sus resultados ya no sería un juego, sería una rutina asfixiante. Y los seres humanos, evidentemente, no nos llevamos bien con las rutinas asfixiantes.

La imagen descripta puede ayudarnos a comprender la dinámica entre poderes en la democracia argentina actual, es decir, una democracia pandémica, polarizada y mediatizada tecnológicamente, pero en funcionamiento. En efecto, a pesar de la difusión de un mensaje crítico al gobierno nacional en relación con una posible concentración de poder, gobierno por decreto y falta de funcionamiento del Congreso, lo cierto es que, en lo que va de esta pandemia, semana tras semana hemos podido observar muestras de coordinación entre distintos niveles de gobierno con pertenencias ideológicas diferentes, esfuerzos de distinta naturaleza (tecnológicos, humanos) para hacer funcionar ambas Cámaras del Congreso en un marco de necesidad de distanciamiento físico, reuniones de comisión virtualizadas y transmitidas por la web y, más importante aún, sanción de leyes significativas para este momento de nuestra historia. No haré una enumeración exhaustiva de lo que probablemente Uds. ya saben, pero mencionaré como ejemplos la sanción de la Ley 27.550 de modificación de la Ley de Educación Nacional, la Ley 27.548 sobre Protección al personal de Salud ante la pandemia y la Ley de Teletrabajo.

Por otro lado, la Ley de Reestructuración de la Deuda argentina tuvo aprobación en el Senado, y ahora pasará a la Cámara de Diputados para su tratamiento. Si bien el problema de la deuda es uno de los más graves que afronta nuestro país, no sólo por lo controvertido de su génesis sino por sus implicancias en caso de no lograrse un acuerdo con los acreedores, no es la iniciativa más sensible.

En cambio, dos cuestiones concitaron la mayor atención, discusión, y evidencias de rechazo por parte de la oposición: la expropiación de Vicentín (luego intervención y al final, nada) y la Reforma Judicial. Es más, al mismo tiempo que el proyecto de Ley de Organización y Competencia de la Justicia Federal ingresaba al Senado se derogaba el decreto 522/2020 que establecía la intervención por sesenta días de la empresa. Llegado el punto crítico, el puente del Martín Pescador, ante las evidentes dificultades que implicaba dar continuidad a la iniciativa Vicentín, pero en la necesidad de conservar la capacidad de fijar agenda y comenzar a establecer los hitos de un legado que permitan pensar no sólo en las legislativas 2021 sino en la continuidad de un proyecto que no vino a pasar el rato, alguien eligió reforma judicial (frutillas en lugar de manzana).

Mientras tanto, veo en un video de youtube que una escuela de Salta reformuló la frase central del Martín Pescador como “pasarán, pasarán y todos jugarán”. El juego, como la política, está hecho por seres humanos capaces de darse nuevas reglas de acuerdo con el tiempo en que viven y en función de las necesidades que buscan satisfacer. ‘Todos jugarán’ es una respuesta de la democracia. Más y mejor Justicia, también.

CienPuntoUno 2020

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