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Patria: dos familias marcadas por el conflicto armado

La miniserie de HBO es una adaptación virtuosa y conmovedora de la novela de Fernando Aramburu sobre la historia de dos familias vascas atravesadas por la violencia del accionar de ETA en su propio territorio. Una historia coral, pero centrada principalmente en la figura de las matriarcas de ambas familias, Bittori y Miren.

La lluvia golpea contra las ventanillas de un auto. Dentro del auto, se escuchan los marcadores finales de los partidos de fútbol de la jornada a través de la radio, mientras los ocupantes preparan sus armas. Sobre una mesa de luz, una radio reloj sintoniza la misma emisora. Txato (José Ramón Soroiz), quien parece no haber pegado un ojo en lo que aparenta ser una siesta, se levanta de la cama y mira por la ventana hacia un pasacalle escrito en euskera (la lengua tradicional de la cultura vasca). Algo en su cara, un rictus, denota pesar, preocupación. Al pasar Txato por la sala de estar, Bittori (Elena Irureta), que dormita en un sillón, lo despide casi sin abrir los ojos. La cámara se queda con la imagen de Bittori, entredormida, hasta que suena un disparo. Lo que sigue es su andar desesperado, desde la ventana hasta la puerta del departamento, acompañado de un sollozo: “no, no, no”. Así comienza el primer capítulo de Patria, la miniserie de HBO creada por Aitor Gabilondo (El príncipe, Vivir sin permiso), basada en la novela homónima de Fernando Aramburu, un verdadero éxito del mercado editorial español de los últimos años.

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Aramburu manifestó en varias entrevistas que Patria no debía ser leída como un panfleto que sentara una posición a favor o en contra de los hechos que rodearon a la historia de ETA en el país vasco, sino como un relato desde la perspectiva de la “gente común”: aquellas familias que se vieron envueltas en el conflicto separatista al ser parte de una misma comunidad y las divisiones, los recelos y la desconfianza que se produjeron a raíz del accionar terrorista. Patria es una historia coral que, a su vez, le da un protagonismo central a la figura de las dos matriarcas, Bittori y Miren (Ane Gabarain), que sufren, cada una a su modo, el impacto de la violencia sobre sus vidas y las de sus familias. De acuerdo a información difundida por en redes sociales por HBO, el mismo Aramburu llegó a sugerir que, por el rol que ocupan Bittori y Miren en la historia y la manera en que ambas traccionan el devenir de la trama, la novela debería haberse titulado “Matria”.

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Y si de hablar de difusión y publicidad se trata, las semanas previas al estreno de la miniserie no estuvieron exentas de revuelo. Una cartelera de promoción en el centro de Madrid desató la polémica. La imagen era un cuadro de composición doble. A un lado, Bittori sosteniendo el cuerpo de Txtato bajo la lluvia, arrodillada, en medio de una calle vacía. A otro, el cuerpo desnudo y vejado de un etarra en lo que parece ser el piso de una comisaría. La leyenda que se leía sobre la imagen parecía equiparar el sufrimiento de las víctimas con el de los victimarios. La recepción de esta acción de difusión fue muy discutida y los medios se hicieron eco de la polémica rápidamente. Aramburu salió a defender el sentido de su obra contra lo que entendía era una estrategia de marketing. Su intención nunca fue equiparar ese sufrimiento, sólo mostrar el padecimiento de las familias y preguntarse por los caminos de la reconciliación en historias marcadas por la violencia extrema. ¿Es posible saldar las deudas de esas divisiones, esas fracturas? ¿Es posible reparar ese dolor? ¿Es la búsqueda de algún tipo de explicación, un pedido de perdón, un manto de humanidad que permita convivir con el dolor?

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Bittori abandona su pueblo luego del asesinato de Txato y decide regresar una vez que ETA anuncia el fin de la acción armada. Sólo busca entender por qué. Cómo y qué fue lo que llevó a tejer esa distancia entre su familia y sus amigos de toda la vida. Cuál fue el punto de quiebre. Con el correr de las escenas, a través de flashbacks, se descubre la amistad cómplice entre Bittori y Miren, como así también entre Txato y Joxián, el marido de Miren. Esos amigos-familia, con hijos que crecen a la par, que comparten grupos de amigos y una cierta afinidad con los movimientos independentistas, algo que parece casi natural en todo miembro de la comunidad vasca. Pero la cosa se complica cuando Joxe Mari, el hijo de Miren, empieza a tener una militancia próxima a ETA y, por otro lado, Txato, dueño de una empresa transportista, comienza a ser extorsionado para contribuir financieramente a la organización armada. Ahí es donde estas comadres empiezan a tomar distancia, a cerrarse sobre sí y sobre la seguridad de sus familias. A su manera, cada una abraza el nido que da sentido a su vida y el lazo y la empatía se desvanecen, se diluyen. La vida en común es un recuerdo lejano, de otro tiempo, muy lejos de este presente de dolor, de separación y de tragedia.

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Las actuaciones son notables y de un dramatismo dosificado. Profundas, pero sin estridencias. Gabilondo, creador de la miniserie, sostuvo que en la elección del elenco protagónico se buscó respetar una forma de ser propia de los vascos. Una suerte de corteza áspera, con un sentido interno muy particular del arraigo, de la pertenencia a la familia y, por supuesto, a la patria. Ese territorio subjetivo, real o imaginario, que ninguno de los personajes parece dispuesto a resignar y que entrelaza lo íntimo, lo cotidiano, con lo colectivo. Una adaptación soberbia, distinguida y, sin dudas, conmovedora. Se emite todos los domingos a las 21 hs por la señal HBO.

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CienPuntoUno 2020

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