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Periodismo a prueba

El periodismo, los comunicadores y quienes trabajamos con la información, una vez más nos ponemos a prueba en el ejercicio de nuestra tarea. Otra de las deudas que quedó en evidencia con la pandemia: la revisión permanente de nuestras prácticas.

Cada tanto aparecen hitos que nos permiten evaluar qué tan a la altura de las circunstancias estamos y qué tanto de humanidad le ponemos a un trabajo que por momentos se parece bastante a show o disputa de vedettes por un cartel.

REVISANDO

Fue la tormenta del 2017 donde, para ser justa, los medios fueron un servicio, una compañía y la posibilidad del contacto de aquellos que estaban aislados y sin servicios.

El rol de los medios de comunicación fue destacado por muchos y nos permitió además, darnos cuenta, que los medios tradicionales no estaban extintos.

Capítulo aparte merece el rol de las redes sociales (incluida whatsApp) que con sus excesos generaron miedo y hasta se llevaron puesto a un funcionario provincial que cayó en esa tentación llamada: PRIMICIA.

Pasado un tiempo hubo otra situación extrema que nos golpeó como sociedad. Su tratamiento, la irresponsabilidad en los discursos, el desafío de pacificar a través de la palabra, volvió a mostrar la mejor y la peor cara de los medios, de los trabajadores de medios: “el linchamiento en Fracción 14”.

Hoy, en tiempos de Coronavirus, es la información oficial, proveniente de los Gobiernos, la que se ha convertido en un insumo esencial y nos permite evitar graves errores. Porque no es un tema menor lo que se dice y cómo se dice, entendiendo que hasta las principales potencias del mundo, que nos llevan semanas de ventaja en el tema, han puesto el acento en la comunicación, evaluado distintas estrategias.

La conformación de un Comité de Crisis, el reporte diario (nuevos contagios, muertes, pacientes recuperados y datos estadísticos), conferencias de prensa, son algunas de ellas.

El Ministerio de Salud y la Secretaría de Medios también se anticiparon difundiendo una serie de recomendaciones para el ejercicio de “una comunicación responsable” con criterios avalados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Defensoría del Público.

Entre varias de las sugerencias aparece:

“Promover abordajes rigurosos y evitar el pánico…por eso las informaciones deben tener una orientación concreta, precisa y chequeada que pueda orientar a la población.

Es fundamental atender y neutralizar el potencial efecto generador de pánico social que estas modalidades de comunicación pudieran propiciar. Y se sugiere: evitar la difusión de conjeturas personales, rumores, titulares e imágenes de alto impacto, musicalización y sonidos de catástrofe al igual que magnificar los datos (cifras de personas contagiadas, falta de suministros sanitarios, entre otros aspectos) en pos de la espectacularización.

ESPECTACULARIZACIÓN

Los medios en Argentina tenemos una obsesión con el registro numérico de alto impacto. En su momento fue el seguimiento del Riesgo País, el Dólar en todas sus variantes (oficial, Blue, ahorro, contado con liqui, futuro, etc), precio del barril de petróleo, el Nivel del Puesto La Mata (nivel del lago Musters que abastece de agua a Comodoro Rivadavia), y ahora: El conteo minuto a minutos de contagios y fallecidos por Covid -19.

Hay medios que han optado por ofrecer esa información en sus portales de noticias (sujeto a lo que comunican los reportes oficiales), pero el atractivo que encontraron muchos periodistas e influencers es, a medida que se van conociendo nuevos contagios (sin los comunicados pertinentes) postear esos datos como en una carrera de quién lo cuenta primero. Varias veces alejándose completamente de la rigurosidad en el chequeo de la información, sin preguntarse para qué sirve y si ayuda el dato que se está proporcionando. Abandonando por completo la responsabilidad.

La pregunta que cabe hacernos es: ¿sirve que el ciudadano tenga el minuto a minuto de los contagios?, ¿sabemos qué podemos generar en personas que sufren de pánico, que viven solas, que son mayores o tienen un factor de riesgo?, ¿qué puede hacer ese individuo con esa información que no sea más que preocuparse?

En momentos tan complejos como estos debemos abandonar las ansias de primicia, porque no sumamos, sólo sirve para alimentar nuestro ego, es más personal que colectivo, y de ésta, como dicen, salimos todos juntos.

Debemos descansar (más allá de la desconfianza que alguno pueda tener de las cifras oficiales, hoy no podemos más que creer) en que esos datos sean comunicados por las autoridades sanitarias. Que no sea un número frío y que se puedan presentar los datos acompañados de medidas y mensajes tranquilizadores.

UN MAL DE MUCHOS

La aparición de las redes sociales como fuente de información ha facilitado mucho la vida de las personas, cambiando notablemente la forma de informar e informarnos. Y ha mostrado sus pro y sus contra. Pero la falta de regulación, en un espacio que es tierra de nadie, gobernado por RT, likes y seguidores, generan la falsa creencia del “buen periodismo” o de “el buen periodista”.

También están aquellos que juegan a serlo, desconociendo la responsabilidad que eso conlleva, las buenas prácticas que deben ser condición para la publicación o divulgación de una noticia. Hoy un poco todos juegan a dar primicias, pero lamentablemente copiando los malos hábitos, aquellos que los propios medios buscamos desterrar.

Y para no caerle sólo al periodismo en su aporte al caos en tiempos de pandemia, están las FUENTES (quienes proveen de información al periodista). Muchas veces los datos surgen desde el mismo personal de salud, incluso identidades e información confidencial sobre el estado de salud de los pacientes.

En este caso será el mismo Ministerio de Salud quien deba sancionar y repensar esas prácticas entre su personal.

INFODEMIA

Infodemia, una palabra que muchos conocieron o empezaron a escuchar con frecuencia también en la pandemia. Es un mal que nos acecha como sociedad. La invasión de noticias falsas, maliciosas, poco confiables, que alimentan el pánico, la angustia o promueven conductas incorrectas. Especialistas sostienen que frente a “emergencias sanitarias, las operaciones de desinformación pueden poner en riesgo la salud de millones de personas”.

Mario Riorda, académico, docente, politólogo e investigador explica que la OMS sostiene que el nivel de estigma asociado con Covid-19 se basa en tres factores principales: es una enfermedad nueva para la cual todavía hay muchas incógnitas; a menudo tenemos miedo de lo desconocido y es fácil asociar ese miedo con “otros”. Por eso Rioda explica que las palabras que se utilizan para nombrar cosas o situaciones son importantes y condicionan las acciones y pone de ejemplo: “caso sospechoso”, que está contraindicado porque perpetúa estereotipos.

Y yendo un poco más allá advierte que tampoco deberíamos adjudicarle ubicación o etnia al virus (no es virus chino o virus asiático): “Usar terminología criminalizante o deshumanizante crea la impresión de que las personas enfermas de alguna manera han hecho algo mal o son menos humanos que el resto”.

En conclusión, todos tenemos mucho por revisar hacia adelante sobre nuestras prácticas, y preguntarnos qué esperamos sacar de esto como sociedad.

Las situaciones límites nos enfrentan con lo mejor y lo peor que tenemos, ¿queremos salir mejores de la pandemia?, ¿tenemos algo para aprender de todo lo que estamos viviendo?, cada uno desde su lugar, su tarea, oficio o profesión, pensemos qué podemos ganar de esta experiencia, para que no sea en vano el aislamiento, la pérdida en algún punto de nuestra libertad cotidiana, el habernos sentido lejos de nuestros afectos, del haber sentido miedo. ¡Ojalá salgamos mejores!

Y los trabajadores de medios, que hace pocos celebramos un nuevo Día del Periodista, repasemos todos los días nuestras prácticas, haciéndonos preguntas sobre la relevancia, la utilidad y la responsabilidad de cada cosa que publicamos y decimos, hagamos carne la frase tan trillada de que la noticia es más importante que el periodista, y que el buen periodista no es quien la cuenta primero, sino mejor.

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