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Política electoral argentina: entre el desborde y la irrelevancia

¿El espectáculo de la política electoral argentina suma votos o amplía distancias?

Las últimas semanas, lxs argentinxs hemos asistido a un espectáculo abrumador, un escenario de acusaciones, escándalos y expresiones ociosas que no me atrevería a llamar campaña electoral.

La foto del presidente participando de una reunión social en su casa en pleno aislamiento obligatorio– dictado por él mismo-, las explicaciones posteriores que no lograron reducir el impacto de esa imagen sino amplificar sus ramificaciones; los insultos que el candidato libertario vocifera contra el jefe de Gobierno de la Ciudad de Bs. As. - y prácticamente contra todo con lo que no está de acuerdo- lo cual, de manera interesante, le concede crecientes espacios en medios de comunicación y lo vuelve una ‘figura’ atractiva para diversos programas radiales y televisivos; la negación de la agencia a los sujetos en razón de su clase que la ex gobernadora bonaerense -ahora candidata porteña- propina cuando señala la diferencia entre “fumarte un porro”[1] en Palermo o en una villa. Esta breve enumeración expresa el desborde respecto a reglas elementales de una democracia como lo son una cierta aspiración a la igualdad y la valoración de la palabra como herramienta para la expresión de las diferencias, en el marco de una lógica adversarial.

Al mismo tiempo, esta etapa electoral de la política argentina se ha llenado de imágenes y discursos de enorme irrelevancia. La asociación curiosa, aunque no nueva, entre identidad política y puesta en práctica del deseo sexual expresada por una candidata[2], y la justificación de las expresiones en tanto dirigidas a un público “joven” que, teniendo en cuenta los niveles de pobreza que los afectan después de un fallido gobierno neoliberal y una pandemia, puede que también esté preocupado por el futuro, el empleo, la vivienda, la supervivencia; el debate abierto por el diario de la guerra del carpincho, como si no fuera claro -a estas alturas- el problema que la apropiación de la naturaleza representa en cuanto a sus consecuencias (Pengue, 2008); el sonido estéreo entre la promesa ministerial de sumario a una docente acusada de adoctrinamiento y la defensa presidencial de un debate ‘formidable’, todo al mismo tiempo. No diré nada sobre la Santileta porque ya se rompió.[3]

Justo es decir que en este contexto se destacan las actitudes de moderación que sostuvieron Leandro Santoro- precandidato a diputado del Frente de Todos- frente a las provocaciones del libertario, y Fernán Quirós – ministro de Salud de CABA- ante el intento de un medio opositor por volverlo partícipe de un juicio público a un ex ministro de salud.

Podemos pensar que esta secuencia de desborde e irrelevancia disfrazada de campaña electoral no es lo que Edelman (1988) tenía en mente cuando publicó La construcción del espectáculo político, un clásico. Allí, el autor reconoce el papel de los símbolos y hasta la función psicológica que cumplen los liderazgos, entre ellas, hacer comprensible un mundo social complejo, ofrecer símbolos del bien y el mal al alcance de la mano, transferir responsabilidades. Sin embargo, la pregunta es si los ejemplos descriptos en este texto expresan nuevas formas de liderazgo o en su mayoría revelan las dificultades de la clase política para acercar la distancia con lxs representadxs. Estamos frente a un espectáculo político, eso ya lo sabíamos, pero ¿de qué naturaleza? Y esa naturaleza ¿es un efecto de la pandemia o expresa el ruido en la representación?

Tampoco este presente de la política electoral parece interpretar la propuesta de Mouffe (2007) de construir una esfera vibrante de lucha agonista como antídoto al clima de época pospolítico, o antipolítico, actual. ¿Acaso en estas elecciones pandémicas no hay espacio para el debate de propuestas y proyectos? ¿Lo había antes? Y, por favor, tengamos presente que el debate de propuestas no consiste en una expresión propagandística cerrada a todo intercambio sino en una construcción conjunta, porque de la discusión y de la confrontación de ideas puede surgir algo nuevo.

Me pregunto por las consecuencias de una política electoral practicada del modo descripto, en un contexto de extrema sensibilidad y necesidad de respuestas. Esta semana, la consultora Zuban Córdoba publicó parte de una encuesta en la que se preguntó sobre el nivel de acuerdo con la frase “Siento que en las campañas electorales no le hablan a personas como yo”. Las respuestas indicaron que el 49,4% estuvo ‘muy de acuerdo’ con esa frase, mientras que el 24,4% manifestó estar ‘algo de acuerdo’. En total, el 73,8% de lxs encuestadxs expresó que que lo que están diciendo lxs candidatxs no es para ellxs.

Esta distancia percibida está en relación con lo que afirmamos junto a Valeria Brusco en un texto[4] gestado a partir del Proyecto “Identidades, experiencias y discursos sociales en conflicto en torno a la pandemia y la postpandemia” (Programa de Investigación de la Sociedad Argentina Contemporánea -PISAC), Red Encrespa[5], dirigido por Javier Balsa. Allí, señalamos que en las entrevistas analizadas y “con relación a quienes cumplen funciones políticas, se les percibe distantes y enredades en enfrentamientos que no expresan el día a día de les ciudadanes”.

Quienes dedicamos nuestra vida a la política, ya sea a su estudio o a su práctica, sabemos que es tan generosa que siempre da otra oportunidad. Por ello, a pocos días de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), y a más de dos meses de la elección general, estamos a tiempo de reorientar la dinámica de la política electoral teniendo como horizonte la resolución de los problemas urgentes que marcan la cotidianeidad de cada unx de nosotrxs, así como la ideación de un imaginario de futuro, tan necesario para pensarnos como comunidad política. En suma, que esta campaña signifique algo.-

[1] “Vidal: ‘una cosa es fumarte un porro en Palermo y otra en la 1-11-14’”, Mil Patagonias, 1/9/21, disponible aquí.

[2] “A lo Rampolla, Tolosa Paz habló de sexo: ¿por qué los jóvenes son más felices con el peronismo?” disponible aquí.

[3] “La Santileta duró un día: la camioneta de campaña de Diego Santilli tuvo un desperfecto”, Ámbito Financiero, 2/9/21, disponible aquí.

[4] Brusco, Valeria y Orr, Analía. “Más allá de la grieta, la resignación”. La Tinta, 10/8/21, disponible aquí.

[5] Red Encrespa.

CienPuntoUno 2020

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