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Psicopatologización de la vida cotidiana

De cerca nadie es normal”

Caetano Veloso

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La vida es eso que nos pasa, se nos pasa.

Y en esto que nos pasa, hoy nos llega el rumor que el próximo CIE - 11 (una clasificación y codificación de enfermedades de nivel mundial) introducirá el código MG2A, que ubicaría dentro de los síntomas generales a la vejez. Más allá de que esto es un trascendido con un alto grado de veracidad, no nos causa ninguna sorpresa a quienes trabajamos en el ámbito de la salud. Esta tendencia que se conoce como la Psicopatologización de la vida viene desde las últimas décadas. La misma alerta ha causado el manual clasificatorio de salud mental conocido como DSM- 5, donde cada vez con mayor frecuencia se constataba que situaciones de la vida podían considerarse como una patología o como una enfermedad a tratar las más de las veces desde una única práctica y con el requerimiento de medicalización psicofarmacológica.

Sin entrar en un terreno tan específico como es el que nos toca a los profesionales de la salud mental, la mayoría de nosotros podemos ver ejemplos en distintos ámbitos de nuestra vida cotidiana. Si les parece, podrían poner el ojo en las publicidades de venta de medicamentos que se ven en la televisión habitualmente. Desde la venta de ibuprofeno, que apunta a tener que soportar dolores que causan por ejemplo las vacaciones de invierno de los hijos, el dolor de espalda del trabajo o el próximo final a rendir; o medicamentos como la buscapina que desatan el nudo en la panza implicaría comprar una casa.

Hoy estas medicaciones de venta libre se ofrecen para soportar el malestar de la vida cotidiana, pequeñas muletas químicas que nos permiten transitar los caminos borrascosos de nuestro día a día.

La felicidad que como ideal opera en nuestra época, un ideal que impera el ser feliz 24/7; sin descanso, sin pérdidas, sin tirar mala onda, sin poder dejar de vibrar alto. Y frente a este ideal es claro como la vejez se muestra como su reverso. Si la vejez llega a lo público, si nos llega a una pantalla es no siendo la vejez. Es un adulto/a mayor realizando proezas atípicas para esa edad. La gravedad del asunto va en que ya nos es solo aquello que es deseable ser, o como cada quien puede con distintas situaciones o etapas de la vida, sino el elevo de la apuesta a psicopatologizar, a clasificar como enfermedad mental, a los aspectos que no alcanzan los imperativos ideales de la época.

Paradójicamente, ante el imperativo de normalidad, quizás el síntoma sea algo que nos salve. Algo que rescate nuestra humanidad justamente en eso que no encaja, que no funciona. Y ante un requerimiento de felicidad plena y permanente, como una máquina que no descansa de ser feliz; seguir humanos es resistirnos a ser esa máquina de felicidad. Es aquí donde muchos de los profesionales de la salud mental vemos en los síntomas no algo a erradicar rápidamente, sino como una guía a pensar la salvación en el estudio de esa parte que no encaja.

Y quizás no sea tan loco no encajar perfectamente en estos tiempos.-

Lic. Sebastián Núñez - Psicólogo MP:0596

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