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Opinión | Peronismo | 17 de Octubre | Argentina

Sólo el olvido puede vencer al peronismo

¿Cuántas veces teorizamos el fin del peronismo? Sin embargo, esa identidad persiste y promueve nuevas preguntas.

“Romperá la tarde mi voz…” canta Mercedes Sosa mientras pienso, otra vez, en el peronismo. Como dice Julieta Quirós (2018)[1], “los porqué del peronismo son lugares sobresaturados”. Nos preguntamos muchas cosas sobre el peronismo, y en ese coro de preguntas hay un intento por descifrar su complejidad.

Ese esfuerzo de comprensión no es exclusivo de los y las cientistas sociales, sino que se confunde con una pregunta por la argentinidad. Todos tienen algo para decir sobre el peronismo. Esa es su potencia como experiencia histórica.

Sin embargo, de vez en cuando nos preguntamos si el peronismo sobrevivirá los embates de la contingencia encarnada en nuevos problemas y demandas, competidores, internas, resultados electorales.

La última vez que nos hicimos esa pregunta, el peronismo -en su versión más reciente- estaba a punto de ser derrotado por Cambiemos en segunda vuelta. En ese momento de incertidumbre sobre el futuro del peronismo y de la construcción política del kirchnerismo, el interrogante a explorar era si lo popular seguía siendo peronista [2]. ¿Acaso se había construido otro partido o movimiento con aptitud para representar lo popular y disputar el predominio peronista? En ese sentido, no se trata de negar los orígenes ni características del radicalismo pero su performance electoral previa a la alianza con el Pro y la formación de Cambiemos no lo hacía ver como un competidor con chances serias por sí mismo. Entonces, la mirada quedó puesta en Cambiemos y en el PRO.

A poco más de un año de iniciado aquel gobierno, en diciembre de 2016, habíamos empezado a encontrar las respuestas. Tal es así que, en un análisis fundado en la observación de los hechos, pero reducido en prudencia, me atreví a señalar que “el peronismo puede dormir tranquilo” [3]. En ese momento, había quedado claro que el contenido de las políticas de Cambiemos atentaban contra la posibilidad de construir una base popular sólida y perdurable, arrebatando al peronismo su razón de ser.

Ahora bien, a más de un año del anuncio de fórmula presidencial que le devolvió el alma al cuerpo al pueblo peronista, y a 10 meses de consagrado el triunfo en primera vuelta de aquella opción, otra vez arrecian las preguntas. Nuevos liderazgos, que podríamos calificar de derecha, intentan disputar la representación de las demandas populares de seguridad y empleo, y el albertismo no arranca. Todos somos conscientes de la excepcionalidad del tiempo que nos toca vivir, pero también sabemos que un gobierno, además de decidir lo que no quiere ser, necesita definir y adoptar una identidad, aunque sea una identidad subordinada a otra más amplia, como sucede con cualquier peronismo. El presidente no quiere un plan porque sostiene que no funcionan [4], no quiere movilizaciones porque su fomento sería incoherente con la prédica del aislamiento, además de riesgoso sanitariamente [5], no quiere impulsar el tratamiento de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo porque considera que no es el momento [6].

Al respecto, no se trata de que no haya argumentos para sostener estas negativas. El problema es que la afirmación identitaria de una nueva fase del peronismo requiere delimitar un nombre y reclamar para sí la conducción del movimiento.

Un movimiento que persiste en una identidad que se renueva, que agrega más de lo que muta. Así, el desafío profundo es evitar el olvido. No sólo el olvido de aquellos que se sienten identificados con su ideario, con sus valores, sino el olvido del sentido histórico del peronismo, más crítico aún, por parte de sus dirigentes. Y no digo sentido histórico en referencia al pasado, sino histórico en relación con la pregunta por el lugar del peronismo en la vida política de la Argentina, cómo encaja el peronismo en el rompecabezas argentino.

En mi biografía, el peronismo es el brillo en los ojos de mi papá cuando contaba cómo un niño de un remoto paraje rural recibía un juguete que, de otro modo, jamás hubiera tocado. Para él, el peronismo era una ética de la generosidad, la capacidad de tender la mano a quién lo necesita, sin juzgarlo.

Es cierto que, como dice Roy Hora [7], la movilización popular del 17 de octubre no es la única en la historia argentina y quizás no fue la primera. Pero es única en el sentido fundante que tiene para millones de personas, para millones de historias de vida como las que cada unx puede contar, y en la capacidad de moldear la historia política de un país, de construir sentido, lo que Alejandro Grimson (2019) ha llamado “capacidad hegemónica”.

Ese sentido está pleno de actualidad y de futuro en tanto se actualiza en una aspiración irrenunciable: la justicia social. Esa demanda dio al peronismo su origen y su fuerza. Ahora bien, qué significa hoy la justicia social es un debate necesario, un debate inevitable. Porque cada momento histórico tuvo su peronismo, porque la heterogeneidad es su marca constitutiva y porque la pluralidad ruidosa o, inclusive, desordenada, no es lo que más asusta a un o una peronista sino su contrario.

Está claro que los significados del peronismo son múltiples. Para muchos argentinos y argentinas significa trabajo, justicia, lucha, resistencia, amor, alegría, esperanza, sentirse parte. Pero no podemos desconocer que para muchos otros el peronismo es irreverencia, objeto de odio, demagogia, el mal a combatir.

En cualquier caso, mientras el peronismo signifique algo para cada argentino y argentina, su capacidad de orientar el proceso político seguirá intacta y su posibilidad de representar, latente. Porque la voz que irrumpió aquella tarde siempre puede volver nueva.

[1] “La interna peronista del siglo XXI. Enseñanzas desde Córdoba, corazón de un drama nacional”, en ¿Volverá el peronismo?, Capital Intelectual, Bs. As.

[2] Textualmente, “lo que está en juego es más profundo y no se reduce a una cuestión de estilos sino de quién puede legítimamente representar lo popular… ¿Acaso lo popular ya no es necesariamente peronista?”. “Ciencia y ficción en la política argentina”, Diario Crónica, 15 de noviembre de 2015.

[3] Tablero político: entre lo regional y nacional, Diario Crónica, 30 de diciembre de 2016, disponible aquí.

[4] Info disponible aquí.

[5] Info disponible aquí.

[6] Info disponible aquí.

[7] Hora, Roy (2020): 17 de octubre: la promesa, la apuesta y la lealtad, La Vanguardia Digital, disponible aquí.

CienPuntoUno 2020

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