Banner Radio Header

Opinión | Femicidios | Argentina | MuMaLá | Interrupción Voluntaria del Embarazo | Ley Micaela | Educación Sexual Integral | Emergencia Nacional en Violencias de Género

Somos lo que hacemos

Necesitamos responsabilidad estatal y compromiso cívico para enfrentar la violencia de género.

En los primeros dos meses de 2021 se produjeron 47 femicidios, femicidios vinculados y trans-travesticidios en Argentina, según datos registrados por Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana). Entre las víctimas, el 29% había denunciado al agresor y el 19% tenía una orden de restricción contra él [1]. El 70% de los femicidios ocurrieron en la vivienda de la víctima o en la vivienda compartida con el agresor.

Nada alcanzó para ellxs. Ni contarles lo que estaban viviendo a sus amigas, ni gritar corriendo por la calle, ni tomar la decisión de denunciar judicialmente las agresiones y decir el pánico que produce sentir que ese varón que es o fue tu pareja te va a matar. Porque según ese mismo informe, el 64% de los femicidas eran parejas o exparejas de las víctimas.

Frente a tanto dolor y tanta muerte nos sentimos desoladas, impotentes, expuestas, enojadas, entrampadas en una matriz de dominación que se vuelve un laberinto cada vez que queremos cambiar algo, como esos nudos que se cierran más cuando intentamos desarmarlos.

El 64% de los femicidas eran parejas o exparejas de las víctimas

Pero la desazón nos dura poco, porque inmediatamente nos hablamos, buscamos a otras mujeres con las cuales hacemos redes y empezamos a pensar juntas cómo construir una comunidad en la que cada día vivamos con más igualdad de género en el ejercicio de nuestros derechos, empezando por el derecho a la vida.

Exigimos responsabilidad del Estado y reclamamos su acción en el marco de un “proceso de aceptación de los derechos humanos de mujeres y de la desigualdad de género como un asunto legítimo de la acción pública”, tal como ha señalado Rodríguez Gustá (2020: 4) en su trabajo sobre el desarrollo de capacidad estatal e institucionalidad de género en Montevideo.

En ese sentido, Argentina está recorriendo el proceso de aceptación de los derechos humanos de las mujeres, uno de cuyos hitos fundamentales fue la sanción de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (Ley 27.610) en 2020. Más lentamente, avanzamos en el reconocimiento de las desigualdades de género como asuntos de acción pública, así como problemas públicos que requieren el desarrollo de una institucionalidad específica, capacidad estatal y asignación de recursos.

Estos procesos se relacionan con la creación de ministerios, secretarías, formación de equipos técnicos, implementación de capacitaciones en perspectiva de género en cumplimiento de la Ley Micaela (Ley 27.499), implementación efectiva de la Educación Sexual Integral (Ley 26.150), procesos de coordinación interinstitucional, diseño de políticas públicas innovadoras, adaptación de presupuestos, cambios en las prácticas institucionales, entre otras acciones.

Y es urgente. El 3 de marzo ingresó al Congreso de la Nación un nuevo proyecto de Ley de Declaración de Emergencia Nacional en Violencias de Género presentado por Mumalá, Mujeres Socialistas y el Diputado Enrique Estévez (Partido Socialista, Santa Fe). El proyecto está centrado en el fortalecimiento de las políticas públicas destinadas a la prevención, asistencia y erradicación de las violencias de género, incluyendo reasignaciones presupuestarias, acompañamiento económico y asistencia integral a las víctimas, asistencia técnica y financiera a los Estados locales, fortalecimiento de redes comunitarias para la promoción de la autonomía de las mujeres y las diversidades, abordaje y seguimiento de integrantes de fuerzas de seguridad que ejercen violencia de género, entre otros.

Sin embargo, pensar al Estado como un espacio homogéneo es un error teórico, metodológico y estratégico. Dentro de lo que hoy llamamos Estado, en sus distintos niveles, se libra también una batalla cultural y política en la que hay resistencias, falta de cooperación o lisa y llanamente desconocimiento y/o negación del problema de la desigualdad de género y de las violencias relacionadas. Por dar un ejemplo, hace pocos días el propio ministro del Interior Wado de Pedro cuestionó el accionar de los jueces frente a los femicidios[2].

Dentro de lo que hoy llamamos Estado, en sus distintos niveles, se libra también una batalla cultural y política en la que hay resistencias

Alguien dirá que mientras tanto nos siguen matando. Por esa misma razón, la pregunta que propongo no es sobre la responsabilidad del Estado, la cual es clara, sino sobre su suficiencia. Necesitamos un compromiso cívico con la lucha contra la violencia de género que además de exigir la responsabilidad indelegable del Estado se encamine a producir un trabajo de transformación en todas y cada una de las esferas de nuestra vida en común. En nuestras casas, lugares de trabajo, de militancia, de estudio, de esparcimiento, en todas partes es preciso que pongamos en marcha una revisión crítica de nuestros vínculos de género y de las formas de desigualdad y violencia que nos rodean.

Necesitamos un compromiso cívico con la lucha contra la violencia de género que se encamine a producir un trabajo de transformación en todas y cada una de las esferas de nuestra vida

Esa tarea significa implicar a los varones en pensar el problema y las soluciones, demandarles que no sean testigos silenciosos de los abusos de otros varones, porque somos los que hacemos y quien guarda silencio ante el abuso y la violencia es cómplice. Estamos conscientes de la complejidad humana, de las muchas maneras que existen de no ver lo que es doloroso o incómodo, de cómo muchxs varones que ejercen violencia de género son al mismo tiempo amigos o hermanos, padres o hijos. Por ello, comprometernos cívicamente en la lucha contra la violencia de género es un llamado para que quienes estemos en alerta no seamos solamente las mujeres, sino también los varones respecto a su género, a las formas en que demandan pruebas de masculinidad, a las exigencias que los atraviesan, a los discursos que convalidan, a los actos que callan.

La transformación que tenemos por delante nos convoca a pensar, hablar y discutir sobre violencia de género aunque incomode, aunque moleste. También nos reclama comprender la magnitud del problema y su dimensión social, los condicionamientos que sufren las víctimas, los efectos dañosos que la violencia de género extiende a toda la comunidad. La violencia de género tiene un efecto sistémico cuando ratifica el aprendizaje de la violencia como respuesta, como método de disciplinamiento y subordinación de quienes se encuentran en una posición de menor poder relativo.

La transformación que tenemos por delante nos convoca a pensar, hablar y discutir sobre violencia de género aunque incomode, aunque moleste

No hay inmanencia ni determinismo que nos exima de la responsabilidad de cambiar nuestro presente cuando lo que está en juego es la vida. Muchxs referentes territoriales, organizaciones sociales y voluntaries trabajan diariamente para acompañar, contener y asistir a mujeres y diversidades con necesidades múltiples. Pero sabemos que la estructuralidad de la dominación de género conlleva la obligación de implicar a todxs en su abordaje, nos exige enarbolar una apelación a nuestro compromiso cívico colectivo y actuar en favor de la transformación del Estado. Necesitamos que más personas nos escuchen, que más personas comprendan el problema y se impliquen en su abordaje.

El pensamiento aristotélico incluye una teoría de las causas, no como origen sino como elementos que hacen a la esencia de una cosa. Entre esas causas, Aristóteles nos habla de la causa final que es el sentido de una cosa, el propósito que la hace tal. Puede que la lucha contra la violencia de género sea la causa de nuestra vida, es posible que nos reconozcamos como responsables de transformar nuestra convivencia, sobre la base de un camino recorrido por tantxs luchadores y regado por la sangre de tantas víctimas.

Quizás nacimos para esto, para que nuestras hijas no teman ser violadas o golpeadas por un varón abusador y violento, para que nuestros hijos no tengan que demostrar nada y sólo ser lo que quieran y puedan ser como personas, no como machos. Para que nuestrxs hijes puedan vivir, esta es la causa de nuestras vidas.

[1] “En los dos primeros meses de 2021 se cometieron 47 femicidios”, Agencia Télam, 28/2/21.

[2] “Wado de pedro: ‘O los jueces se transforman o se van’”, La Nación, 2/3/21.

CienPuntoUno 2020

Dejá tu comentario

Seguí leyendo