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Opinión | Sororidad | Alejandra Lázzaro | Inés Tula

Sororidad, las pelotas

Transformar la vida pública y política para la igualdad de género es, por definición, una lucha colectiva. Será con todas, o no será.

Sororidad es la palabra que las mujeres nos dimos para nombrar un sentimiento, una estrategia y un desafío.

La sororidad es un sentimiento porque nos evoca el afecto que desplegamos entre nosotras en tanto nos reconocemos como sujetas de similares experiencias y de la misma lucha. A su vez, la sororidad es una estrategia porque funciona como energía aglutinadora, espacio de libertad, modo de supervivencia en un contexto hostil. Pero, además, la sororidad es un desafío que nos exige transformar una manera previa de ver el mundo y avanzar en el aprendizaje de una forma diferente de mirar, otros conceptos, un nuevo lenguaje. Se trata de un proceso, de desarmar y rearmar, de una deconstrucción para crear algo nuevo y eso lleva tiempo, paciencia y comprensión mutua.

En ese sentido, la sororidad es un desafío porque se pone en práctica en el encuentro con otres que tienen biografías, maneras de ser y hacer diferentes. Hay diversidad, hay interseccionalidad y también existen pertenencias partidarias. Difícilmente podríamos construir algo nuevo si partiéramos de la negación de esas diferencias y de su impacto sobre lo que hacemos como sujetas políticas.

Entonces, a veces nos encontramos frente a comportamientos que indican la presencia de esas otras lealtades, la afectación de otros intereses y alguien nos pregunta cómo puede ser que en lugar de apoyar la lucha de género algunas mujeres privilegien otras razones. Sororidad, las pelotas.

Y digo “las pelotas” y no “los ovarios”, como me sugirió un varón en twitter (obvio) porque, aunque Ud. no lo crea, elijo con cuidado mis palabras y la enunciación del título indica exactamente el carácter abierto, no concluido de la deconstrucción y reconstrucción de una perspectiva de género de la cual hablo, y señala precisamente los obstáculos que deberemos sortear para avanzar en nuestra construcción sorora. La presencia de lo viejo en lo nuevo, el peso de las trayectorias recorridas, la imposibilidad de pensar lo político sin las palabras, por ejemplo.

Aquella perplejidad frente a la irrupción de lo particular, incluso de lo partidista, sólo puede sobrevenir al entusiasmo que nos provoca sabernos parte de muchos logros que han sido colectivos. Pero ello no debe hacernos perder de vista nuestra posición estructural como grupo históricamente subrepresentado, marginado de la vida pública y negado en su autonomía hasta hace muy poco tiempo (y contando). El orden patriarcal que sostuvo esta dominación por tantos siglos tarda en caer y nosotras avanzamos en un proceso de aprendizaje que, como tal, no está exento de ensayos, de exploración y, quizás, de errores.

Muchas de nosotras hemos sido educadas para pensar a las otras mujeres como competencia en el mercado del trabajo y del amor. Hemos aprendido a silenciar todas nuestras alarmas y continuar conviviendo con varones violentos. Nos han dicho que nuestro lugar era la complacencia frente a formas de acoso, descalificación y silencio. De qué otra manera podía sostenerse esa dominación sino fuera sobre la fragmentación de nuestra posibilidad de encontrarnos. No más. Nos necesitamos. Nos necesitamos vivas, libres de violencias, conscientes del trabajo por hacer.

Y hay muchas formas de hacer ese trabajo, que es un trabajo político, porque es el trabajo de transformación de un orden. El capítulo 3 de Women, Politics and Power (Paxton, Hughes y Barnes, 2020), inicia con esa afirmación: “hay muchas formas de ser políticas” (p. 57) y, a continuación, las autoras enumeran algunas de ellas: protestar, marchar, distribuir y firmar peticiones, influir, son maneras informales de participar políticamente. Por supuesto, también hay modos formales de ejercer esa participación como votar, integrar partidos políticos, formar parte del gobierno.

Un ejemplo de ese trabajo político es la iniciativa [1] de nuestra querida colega María Inés Tula en relación con la postulación de la Dra. Alejandra Lázzaro para integrar la Cámara Nacional Electoral, la cual cuenta con dos titulares varones y un puesto vacante desde 2016. Al respecto, la incorporación de mujeres en puestos de decisión es parte de la construcción de una democracia paritaria. Además, la Dra. Lázzaro obtuvo la calificación más alta en la evaluación realizada por el Consejo de la Magistratura, cuenta con amplia experiencia en la Justicia Electoral y es profesora de la UBA. Sin embargo, el ex presidente Macri nunca impulsó su designación y en la terna elevada al Senado por el presidente Fernández la Dra. Lázzaro ocupa el segundo lugar, detrás del Dr. Raúl Daniel Bejas, juez federal de Tucumán.

Así, hay muchas maneras de ser políticas y hay diversidad en nosotras. Pero el problema político no deriva de fantasear con escenarios de acuerdo permanente, ausencia de errores y concordia dogmática sino de constituir ese nosotras a pesar de las diferencias. A favor, nos une el deseo de transformar lo que sabemos que hay que cambiar.

Tenemos mucho por hacer y nuestra agenda es urgente porque se trata de nuestras vidas, de nuestras posibilidades de desarrollar un proyecto vital con autonomía, de decidir sobre nuestros cuerpos, sin temor a que nos acosen, nos obliguen, nos marginen, nos discriminen, nos silencien, nos golpeen, nos violen o nos maten.

Nuestra lucha es tan colectiva, que se forja en ese mismo acto de construcción de lo que somos en común. Lagarde (2006) lo ha llamado un pacto de mujeres. Todo lo demás, las leyes, las políticas, los puestos, los presupuestos, los cambios que logremos derivarán de aquella constitución subjetiva trascendente de nuestra individualidad porque, al menos esto, solas no podemos. Hacemos solas muchísimas cosas, lo sabemos. Pero cualquier transformación de la estructura de relaciones de poder generizadas que habitamos es, por definición, colectiva. Y en esa lucha, todas somos importantes porque a todas nos importa.

Por ello, será con todas o no será.-

[1] La petición se puede firmar aquí.

CienPuntoUno 2020

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