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Cultura y Espectáculos | Succession | Brian Cox | Jeremy Strong | Sarah Snook | Kieran Culkin | Matthew Macfadyen | Nicholas Braun | HBO

Succession: como Shakespeare en el siglo XXI

La alabada serie de HBO sorprendió con el Emmy al mejor guión original en 2019 y pelea por la corona en la próxima entrega, programada para septiembre de este año.

Si Shakespeare pudiera escribir el guión de una serie en el SXXI, la creación de Jesse Armstrong pondría su autoría bajo sospecha. Lo difícil, en este caso, sería rotular el producto final como una tragedia o una comedia. La trama de Succession tiene tintes de El Rey Lear que la hacen irresistible, pero su retrato de las relaciones de poder y los vínculos filiales en una familia multimillonaria también pueden, en ocasiones, volverse cómicamente absurdos.

Logan Roy (Brian Cox) es el padre octogenario de una familia que es dueña de un importante conglomerado de multimedios y negocios afines. Sus cuatro hijos, fruto de sus primeros matrimonios, pelean por la estima del padre y el efecto que esa mirada-espejo podría devolverles en términos de la sucesión al trono. Logan sabe que debe preparar a un sucesor y la apuesta por alguno de sus hijos es, a todas luces, lo más natural. Sin embargo, la sucesión despierta viejos rencores y rencillas entre los hermanos y su padre, quien, en cierto modo, también se ve acechado por el fantasma de la obsolescencia. Después de todo, ¿qué es un hombre como Logan Roy sin su trono?

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El guión de Succession es una obra de arte. Pleno de giros inesperados y traiciones que se vuelven sobre los perpetradores como un búmeran. Pero lo más destacable es el empleo módico y austero de sus diálogos, incisivos, donde todo lo que se enuncia podría ser enmarcado en una galería de frases emblemáticas. (O memes legendarios: luego de ver la serie, sigan la cuenta de Out of Context Succession en Twitter, para deleitarse con algunos - @SuccesionOOC). La ficción narra cuestiones arquetípicas acerca de los lazos paterno-filiales, pero también cuenta la trama del poder y su construcción en tiempos actuales, la relación entre los grandes grupos de medios audiovisuales y el poder político y financiero. Además, se hace un espacio para tratar el #metoo desde el cinismo de los números y las limpiezas corporativas que lo que buscan es, al fin y al cabo, asegurar el flujo constante del capital.

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La producción es ostentosa y el uso de distintas locaciones intenta reflejar de manera veraz la riqueza obscena a la que asistimos como espectadores. De todos modos, ni el guión ni esos escenarios valdrían en sí mismos sino fuera por el casting prodigioso en la elección de los intérpretes. Brian Cox es monumental, pero también el resto del elenco. Tanto Jeremy Strong en la piel de Kendall, ese hijo que pelea contra sí mismo por convertirse en el sucesor natural de su padre, como Sarah Snook en el rol de Siobhan, la predilecta, que en la búsqueda de su propio camino vuelve siempre a los brazos indulgentes y controladores del pater familias. Mención aparte para Kieran Culkin y ese personaje siempre al límite de lo enfermizo que es Roman, o Alan Ruck y la megalomanía de ese adulto-niño que es Connor. Aunque, tal vez, la dinámica que se da entre Tom (Matthew Macfadyen), pareja de Siobhan, y Greg (Nicholas Braun), ese primo lejano que nadie sabe cómo llegó allí, sea una de mis favoritas.

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Succession se volvió la niña mimada de HBO tras ser aclamada de manera casi unánime por la crítica y cosechar numerosos premios, tales como el Globo de Oro al mejor drama televisivo. Cuenta con dos temporadas: la primera, estrenada en 2018 y la segunda, al año siguiente. El final de temporada dio un batacazo que dejó a la audiencia con sed de más. En agosto de 2019, se confirmó una tercera temporada cuyo rodaje pareciera haberse visto condicionado por la pandemia. Una razón más para afirmar que el 2020, no pudiera haber sido peor.

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CienPuntoUno 2020

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