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También en Economía "Nos Sobran Los Motivos"

Sabina -intuyo que el popularizador del concepto desde 1999 con el título de su canción- encuentra una sobreabundancia de razones para una despedida de pareja (sobran motivos para un adiós). En la 100.1 de Comodoro Rivadavia, un equipo periodístico la aplica a su propia existencia comunicacional (sobran motivos para hacer un programa radial). Un juez en lo penal la utiliza para reforzar su decisión judicial sancionatoria (sobran motivos para una incriminación). La carta del suicida la invoca (sobran motivos para no seguir existiendo). Al amor le sobran los motivos para la maternidad.

Los motivos son los motores de la acción y de la conducta humana. Toda actividad humana nace por algún motivo dado que el concepto se relaciona con movimiento, los motivos tienen la virtud de mover. Y son también los que permiten determinar la racionalidad de las decisiones. La acción humana siempre es motivada por un conjunto de intereses políticos, religiosos, económicos, deportivos, académicos, o el que fuere.

En ese sentido, los motivos son amorales -como el capitalismo. Algunos instintos como el odio, el instinto asesino o la envidia pueden ser motivos de femicidios, violaciones o pecados, así como el amor, el altruismo y la benevolencia motivan las acciones caritativas, solidarias.

Pero en economía los motivos siempre se relacionan con los intereses materiales. Públicos si son intereses comunes y privados si los son particulares. Intereses de satisfacción de necesidades, de acumulación. Y esos intereses son apasionados. Es cierto que somos portadores de necesidades que nos dan una dimensión de hombre económico, pero también portamos valores y eso nos convierte en hombres morales. Por ser sociales, los motivos económicos se moralizan, merecen juicios de valor sobre su conveniencia y generan opiniones contrapuestas.

El pensamiento ortodoxo en economía excluye todo motivo que sea extraño al interés propio. Adam Smith es el padre del liberalismo. Cuando plantea la idea de la mano invible del Mercado advierte que: "No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses".

Así nace el supuesto económico de que toda la sociedad se beneficia del hecho de que los individuos busquen su propio interés particular lo que se presenta como antropológicamente legítimo y compatible con el egoísmo como fundamento de la humanidad.

Uno de los impulsores del neoliberalsimo reconoce la acción humana como un comportamiento intencional y ajustado a los estímulos y las condiciones de su entorno. Su contracara es el comportamiento inconsciente e involuntario.

También reconoce tres requisitos previos: la inquietud, la visión de un futuro posible más satisfactorio y la posibilidad de que el comportamiento intencional alivie la inquietud sentida. Sin estas condiciones, ninguna acción humana es factible.

Los juicios de valor concretos y las acciones humanas definidas no están abiertos a un análisis más profundo. Ellos son el determinado final.

El supuesto liberal sobre la acción humana como necesariamente y siempre racional aleja la posibilidad del error. Si hubo errores han sido intencionales. Lo opuesto a la acción no es un comportamiento irracional, sino una respuesta reactiva que no puede ser controlada por la voluntad de la persona interesada. Debido a que la praxeología es subjetivista (toma los juicios de valor del hombre actuante como datos finales), es universalmente válida (objetivo).

En el campo económico el razonamiento humano y los motivos exigen un mundo causal y de regularidad de los fenómenos. Pensar y actuar son los rasgos de la especie humana. Hay una sola lógica que es social e inteligible para la mente humana, y hay un solo modo de acción que es comprensible para la mente humana.

El único método adecuado para estudiar las condiciones de nuestro entorno económico lo proporciona la categoría de causalidad. Y es por ello que en economía:

nos sobran los motivos para aumentar las retenciones a la exportación porque es imprescindible mejorar la balanza de pagos sustentada en la exportación de nuestra riqueza natural excedente del consumo interno;

… nos sobran los motivos para restituir la escala del impuesto a los bienes personales con mayor progresividad a los fines de cumplir el precepto de equidad tributaria;

… nos sobran los motivos para revisar el modelo de reparto jubilatorio ajustando los privilegios.

… nos sobran los motivos para congelar las tarifas que generan tasas de rentabilidad inaceptables para los servicios públicos.

… nos sobran los motivos para aumentar la ayuda solidaria a los más necesitados como equidad social y como criterio para aumentar el consumo interno.

… nos sobran los motivos para bajar la tasa de interés y desalentar la especulación financiera improductiva.

Desde la esencia social del ser humano nos faltan motivos para entender la pobreza (mucho más para justificarla), para contraer deudas improductivas, para defender la corrupción sistémica, las tasas de interés usurarias fomentadas desde el propio Estado, para aceptar el blanqueo fiscal de los parientes y amigos y las deudas impagas del correo argentino, para comprender la inflación con recesión. Faltan motivos que nos ayuden a entender porque estamos como estamos.

Quizás porque esos motivos -que siempre existen- apuntan al beneficio de unos pocos privilegiados y poderosos. Cuando se trata de oligarquías siempre faltan motivos porque se esconden las causas verdaderas. Cuando las bases de la racionalidad política son populares, sobran los motivos. Siempre. Cuando faltan los motivos es porque perdimos la esperanza del futuro como pueblo.

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