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Una mujer sola

La desigualdad de género se evidencia en el acceso a puestos de decisión, en la autonomía sobre los cuerpos y también en discursos mediáticos, políticos y jurídicos.

A medida que se pinta, se dibuja. La frase, atribuida al pintor Paul Cèzanne, hace alusión a un cambio de perspectiva, a una mirada diferente sobre la realidad que nos rodea. Ese cambio nos permite percibir el mundo de otra manera, pero también modificar nuestras acciones. Con Cèzanne llegó una nueva forma de pintar que en lugar de delinear bordes y luego rellenarlos encontraba las formas desde los colores. La pintura hacía al dibujo.

Con el debate sobre las desigualdades de género sucede lo mismo. A medida que estudiamos, investigamos, conocemos, aprendemos, conversamos, discutimos y hacemos públicos los problemas relacionados con esa agenda nuestra perspectiva se modifica. Hay avances y a veces sentimos caminar hacia una sociedad más igualitaria. Pintamos y confiamos en que el dibujo reflejará ese cambio.

Sin embargo, aún en un país con avances concretos en materia de género, cada tanto ese orden patriarcal nos recuerda su pretensión disciplinaria, su resistencia a la dislocación que provoca el desafío a su dominio. Y esas respuestas abarcan una amplia gama de expresiones, algunas simbólicas, otras muy materiales, físicas.

Al respecto, quisiera tomar tres ejemplos que tienen diferentes características, pero la misma potencia explicativa.

“Una señora sola”. En el mes de junio pasado, en un tradicional programa de televisión abierta, un periodista se refirió a la actual vicepresidenta como “el cáncer de la Argentina”, “una señora sola… es una señora que no quiere a nadie” (“lo dije el otro día”, acotaba otro invitado ala mesa), “creo que se mira adelante del espejo y dice estoy espléndida para cortar cabezas, salgo a arruinarle la vida a la gente”.

Cuántos significados condensan esas expresiones. Por un lado, la mujer como enfermedad, la soledad como marca, la atribución de la capacidad de elucubrar el daño, todo en el cuerpo de una mujer que se mira al espejo. Imperdonable vanidad. Curiosa indignación frente a una supuesta impiedad cuando el mismo hablante la ejerce. Y tanto desconocimiento sobre la condición política. Ninguna mujer que hace política está sola, nunca. Ninguna persona que hace política teme a la soledad porque la política es con otrxs, en el encuentro con otrxs. Quien hace política porta para siempre en su imaginario a un colectivo más amplio, sea en la cooperadora de una escuela, en una vecinal de barrio, en un club de fútbol o en un país.

Por otro lado, es preciso detenernos en el uso de la adjetivación “sola” como carácter menguado en la condición de mujer. En este caso, se trata de una mujer que enviudó, que sufrió la pérdida de su compañero mientras desempeñaba una función de enorme responsabilidad y exposición. Pero en cualquier otro caso, ese estar “sola” podría ser resultante de una decisión.

¿Cuál es la afrenta de la soledad de las mujeres para el orden patriarcal? Creo que es el peligro de la autonomía. Resuenan las mismas expresiones cuando se informa sobre mujeres que viajan “solas”, que viven “solas” o que eligen continuar una familia “solas”. Que el repudio que nos provocan esas expresiones no nos impida pensarlas políticamente, para responder y para actuar. Como señala Butler (2007: 283), “sólo hay que recoger las herramientas de donde están”.

El señalamiento “sola” sólo puede provenir de una comprensión de la vida de las mujeres dispuesta ineludiblemente en una pareja heterosexual. Ese es el lugar atribuido, soportable, funcional para el orden en cuestión. Lo viví en cuerpo propio. En las primeras vacaciones que disfruté con hijxs y sin pareja no hubo una sola noche en que no nos preguntaran si esperábamos a alguien más. Al principio nos quedábamos mirándonos, como si estuviéramos ahí de polizones, haciendo algo que no debíamos hacer. A los tres días levantábamos apuestas a ver en qué momento nos hacían la pregunta y nos reíamos.

La mala madre. Esta semana disfrutamos un conversatorio sobre Género y Justicia con mujeres que trabajan en favor de la igualdad de género desde el poder ejecutivo municipal y desde el poder judicial en Comodoro Rivadavia.[1] En una de las intervenciones, la defensora pública Laura Nogués Peralta relató un ejemplo de la presencia de sesgos de género en el discurso jurídico. El año pasado, una abogada utilizó como argumento contra la ex pareja de su representado que – atención- se le pudrían las verduras. En esa construcción discursiva se elaboró un intento de poner en duda la capacidad de la mujer como madre, dado su ¿comportamiento? con las verduras, omitiendo que el varón en cuyo nombre se hacía el reclamo vivía en la misma casa, con las mismas verduras, al momento de los hechos. En ese sentido, dicho varón era igualmente responsable por la vida de los alimentos que la mujer acusada.

De nuevo, podríamos limitarnos a la indignación frente a una mujer que utiliza el repertorio patriarcal para formular cuestionamientos ridículos sobre otra mujer, pero es más productivo hacer el esfuerzo por pensar de qué manera a veces burda, pero reiterada, la desigualdad de género se cuela una y otra vez en el discurso jurídico. Y estar atentxs, porque lo que suele estar en juego no es la salud de las verduras, sino el acceso a derechos, la justicia.

Será Ley. Esta semana se desarrolló la Caravana Verde organizada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en la que participaron organizaciones como Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumala), entre otras, en distintos puntos del país. La movilización tuvo por objeto impulsar el tratamiento de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en tanto en Argentina se producen 49 mil internaciones anuales por abortos inseguros, según informa la Campaña.[2]En 2018, el debate legislativo culminó con el rechazo del proyecto en la Cámara de Senadores, después de que había sido aprobado en Diputados.

Hay quienes piensan que somos demasiado exigentes con un presidente que no sólo ha manifestado públicamente su compromiso con la igualdad de género, sino que promueve políticas concretas en esa dirección – por ejemplo, la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, la incorporación de la perspectiva de género en el Presupuesto, el Plan Nacional de Acción contra las Violencias por motivos de género, la proyección de un Sistema Integral de Cuidados.

Pero sucede que la agenda de género es urgente porque se trata de la vida de muchas mujeres y personas gestantes, de evitar muertes, de garantizar derechos. Y es una agenda compleja que requiere avanzar de manera simultánea en el desmantelamiento de esas desigualdades, para que el cambio sea efectivo, tan concreto como la experiencia de una joven que muere en un aborto clandestino. Tal como afirma Human Rights Watch, cuando el aborto es ilegal o inaccesible se ponen en riesgo derechos humanos fundamentales.[3]

Por ello, el trabajo político de transformación de un orden es un trabajo reticular que requiere compromiso y mucha persistencia. Como afirmó Pino Solanas en aquel memorable discurso durante el debate sobre el aborto legal en 2018, será este año, o el próximo o el siguiente.

Porque una vez que comenzamos a pintar, ya no podemos guardar nuestros colores.

[1] El conversatorio está disponible aquí

[2] Más info aquí

[3] Más info aquí https://www.hrw.org/es/report/2020/08/31/es-hora-de-saldar-una-deuda/el-costo-humano-de-las-barreras-al-aborto-legal-en .

CienPuntoUno 2020

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