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Opinión | Emiliano Álvarez Raso | Argentina | coronavirus

Unidad frente al Big Bang de la pandemia

De 1983 a esta parte la Argentina logró establecer con un consenso ampliamente mayoritario la necesidad de vivir en democracia. Dicho ahora parece algo no tan trascendente, pero si tenemos en cuenta que desde 1928 a 1983 vivimos alternando gobiernos civiles con dictaduras, está conquista adquiere mayor dimensión. He aquí un valor arraigado en la sociedad argentina contemporánea. Distinta fue la suerte en materia económica y social. No hemos logrado - cada uno según su pertenencia partidaria hará su diagnóstico - articular una economía que dé respuestas y una sociedad más igualitaria. La Argentina de estas últimas cuatro décadas tiene una materia pendiente y ella es salir del círculo de inflación, recesión y crisis sistémica que repetidamente vuelve a ocurrir y que determina índices sociales siempre más preocupantes.

El cuadro de situación actual - y más aún el que está por venir - nos debe llamar a una profunda reflexión. La economía nacional de esta última década viene con dificultades de productividad y ha estado sometida a procesos de recesión tan prolongados que llamarían la atención de cualquier experto internacional en la materia. A este escenario debemos sumarle la llegada del coronavirus, que aún sin saber sus consecuencias totales, implicarán mayor caída económica, más dificultades en el empleo y mayor presión sobre precios. Las estimaciones hablan de una crisis en la región significativamente más importante que la de 2009. Estamos por vivir horas difíciles y corresponde a los actores de la democracia - partidos políticos y dirigentes - buscar la manera de hacerlo lo mejor posible.

Hay un ejemplo no tan lejano en el tiempo que puede servir para iluminar hacia donde se puede marchar. El gobierno de transición del Dr. Eduardo Duhalde 2002-2003 fue lo más cercano a un gobierno de unidad nacional frente a una crisis profunda como fue la de 2001. Esa administración, con el soporte de la UCR (entonces liderada por Raúl Alfonsin) hizo un ejercicio de diálogo (Movimiento Productivo Argentino, Iglesia) y permitió no solo el aporte de buenos hombres en la gestión sino avanzar en leyes de consenso. Acompaño la vocación democrática de Duhalde de entender que era una transición y la de Alfonsin de comprender que era necesario que el gobierno fuera exitoso. Al año siguiente se elegía en elecciones normales y con el país retomando la senda del crecimiento.

¿Está el país y sus élites gobernantes dispuestos a enfrentar juntos el big bang que implica la crisis agudizada por la pandemia? Del oficialismo habría que esperar una actitud de diálogo sincero, humildad y compresión de la hora. Más alejado de la construcción épica y más cerca de una austeridad que valga de ejemplo. A la oposición la necesidad de que al país y al gobierno le vaya bien. Los tiempos que vienen deben ser canalizados con las herramientas de la democracia representativa sino sonarán cada vez más fuerte las campanas de la anti política, motorizada por una sociedad sin respuestas.

Para avanzar en acuerdos de unidad nacional hacen falta hombres de Estado, dispuestos a privilegiar por sobre su destino personal el porvenir de la nación. Estamos en tiempo de descuento.

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