Entre la historia, la memoria y el fútbol, una semifinal que trasciende los 90 minutos y vuelve a enfrentar al rival que marcó generaciones enteras.
domingo, 12 de julio de 2026 - 12:59
Por Facundo Paredes
La semifinal contra Inglaterra es la cumbre del Cerro Aconcagua. Si bien para Lionel Scaloni, entrenador de la Selección Argentina, es “un partido de fútbol”, para el resto del país significa un nuevo capítulo contra el rival de la corona.
El primer capítulo de Lionel Messi. El astro mundial nunca jugó contra Inglaterra y lo hará por primera vez este miércoles. Casualidad o no, a 40 años de la “Mano de Dios” y del “Gol del Siglo” de Diego Armando Maradona en el Estadio Azteca de México, uno de los tres anfitriones de esta Copa del Mundo 2026.
La rivalidad entre los argentinos e ingleses no comenzó con la Guerra de las Malvinas. En 1966, el Mundial se jugó en Inglaterra en homenaje a los creadores del fútbol en 1863. Allí, en el estadio de Wembley y bajo la mirada de la Reina Isabel II, ambas selecciones se cruzaban en los cuartos de final.

En ese partido nació la pica. En ese partido, donde Inglaterra se lo adueñó por 1 a 0, Antonio Ubaldo Rattín fue expulsado por protestarle una falta al árbitro alemán Rudolf Kreitlein. Rattín no hablaba alemán ni inglés y el “juez” no comprendía el español. Estuvieron aproximadamente diez minutos discutiendo. Rattín, embroncado con justa razón porque todas las “chiquitas” eran para el dueño de casa, se retiró estrujando un banderín del Reino Unido como si fuera una esponja y se sentó en la alfombra roja del palco de la Reina.
Rattín, con la 10 en la espalda, fue el símbolo de un país y, curiosamente, también fue la causa del invento de las tarjetas en el fútbol, ya que, luego de ese episodio de embrollo, discusión y confusión de idiomas con el árbitro alemán, crearon la tarjeta amarilla y la tarjeta roja para representar la amonestación y expulsión, respectivamente. Un lenguaje universal de protesta y de reglas. Lo fantástico del fútbol.
Ese 10, capitán de aquella Selección Argentina en 1966, murió el 11 de julio de 2026, día en que la “Scaloneta” pasó a otra nueva semifinal. “La muerte fue acaso el aviso de la semifinal que casi todos deseábamos”, escribió Ezequiel Fernández Moores desde Kansas. Lo fantástico del futbol por dos.

Ahora, este 10, que anoche usó -como sus compañeros- el brazalete negro por el fallecimiento de Rattín, jugará contra el rival de un país. También los que nacimos en esta generación jugaremos este partido. La generación que no vio al mejor jugador de todos los tiempos haciendo el gol de todos los tiempos. La generación que no vivió a flor de piel la guerra de 1982 entre Argentina e Inglaterra por las Islas Malvinas. La generación que escuchó las muertes, los relatos y las historias de aquella época.
Para el entrenador albiceleste (también con justa razón para mantener la institucionalidad) “no hay que buscar otra cosa porque es un partido de fútbol”. Para Lionel Messi, que a sus 39 años sigue demostrando por qué es el astro del mundo, y para el resto de la Argentina será hacer cumbre en el Cerro Aconcagua.
Lo máximo de lo máximo. No hay más.