CAE EL DESEMPLEO, SUBE LA INFLACIÓN Y SE CONSOLIDAN LOS TRABAJADORES POBRES

El crecimiento de la economía impulsa los niveles de empleo. Pero mientras la inflación continúe escalando por encima de los ingresos, el repunte que muestran los datos no va a llegar a la calle.

martes, 29 de marzo de 2022 - 12:01

Por Gonzalo Finlez

 

Durante la semana pasada, el Indec publicó datos que alientan la recuperación económica promocionada por el gobierno nacional. Según las estadísticas oficiales, la economía creció un 10,3% durante el año pasado y el desempleo llegó a su nivel más bajo desde el 2016, al llegar al 7% de la población activa durante el cuarto trimestre de 2021.

Sin embargo, los trabajadores asalariados no registrados (“trabajo en negro”) representaron el 33,3% del total. Al mismo tiempo, la participación del cuentapropismo (que suelen ser monotributistas que ocultan una relación de dependencia para que su empleador se “ahorre” las cargas sociales) se ubicó en 22,9% sobre el total de ocupados.

Ambos datos reflejan un mercado de trabajo que avanza hacia una precarización de las relaciones laborales, donde una porción importante de los trabajadores está privada de las protecciones sociales (aportes jubilatorios, obra social, seguro de desempleo, indemnización por despido) que le corresponden a los asalariados del sector privado.

 El crecimiento del empleo también se ve eclipsado por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios desde el 2018 hasta la fecha. En este aspecto también se refleja una división hacia adentro del sector que vive de su trabajo: mientras quienes tienen un empleo formal consiguieron ganarle a la inflación durante el 2021, la capacidad de compra del resto de los empleados se volvió a resentir.

Durante estos primeros meses, la perspectiva de los ingresos para el 2022 dista de ser alentadora. La aceleración de los precios, que amenaza con elevar el nivel inflacionario promedio hacia los 60 puntos para este año, mientras la pauta salarial se ubica en 45% para el mismo período, apunta hacia una nueva erosión del poder adquisitivo.

Trabajadores pobres

En este marco se inscribe un fenómeno pocas veces visto en la historia argentina: personas que viven en la pobreza aunque trabajen todos los días durante 8 horas o más. El dato que grafica esta realidad es el del salario mínimo, que hoy se ubica en $33.000, mientras el costo de la Canasta Básica Alimentaria, necesaria para que una familia compuesta por dos adultos y dos niños no caigan en la indigencia, alcanzó los $37.413 en febrero.

El resultado de este panorama se verá parcialmente este miércoles, cuando el Indec informe el dato de pobreza del segundo semestre del año pasado, que se ubicaría entre 38% y 39%, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina. Pese a que se ubicaría por debajo del 40,6% de la primera mitad del 2021, el número está muy lejos del 25,7% registrado en el segundo semestre del 2017. Contrastado con el dato de desempleo del 7% mencionado anteriormente, el resultado es que contar con un trabajo no es suficiente para salir de la pobreza.

La aceleración inflacionaria que estamos viviendo durante los primeros meses del año amenaza con consolidar esta tendencia. Según la consultora LCG, los alimentos aumentaron 2,5% en promedio sólo durante la semana del 16 al 23 de marzo. En consecuencia, las sospechas de que la pobreza volverá a aumentar durante este 2022 están bien fundadas.

Si no se toman medidas decisivas para frenar el incremento de precios y recuperar los ingresos de los sectores más postergados de la sociedad, el crecimiento económico va a continuar profundizando las desigualdades sociales, donde trabajadores y desocupados resignan poder adquisitivo mientras unos pocos concentran cada vez más riqueza.