El tercer cuarto de Othar

En el básquet, todos saben que el partido no se gana en el primer cuarto. Tampoco necesariamente en el segundo. Pero hay un momento bisagra: el tercer cuarto. Ahí es donde se define el carácter del equipo. Ahí es donde se ajusta la defensa, se ordena el ataque y se decide si lo anterior fue preparación… o simplemente inercia.

miércoles, 1 de abril de 2026 - 5:11

Othar Macharashvili lo dijo desde el primer día: su gestión iba a leerse en cuartos, como un partido de básquet. Y esa metáfora, lejos de ser un recurso simpático, hoy empieza a tomar forma política.

Porque si el primer tiempo —los dos primeros cuartos— dejó la sensación de un intendente desdibujado, incluso desolado, este inicio de 2026 marca otra cosa. Un cambio de ritmo. Un cambio de tono. Una decisión.

La pregunta es: ¿es un ajuste táctico… o el inicio de una estrategia más profunda?

El Othar del primer tiempo fue paciente. Demasiado, dirán algunos. Un intendente que parecía correr detrás de los problemas más que anticiparlos. Una gestión que no terminaba de arrancar, o peor aún, que no encontraba narrativa. En términos políticos, eso es letal: sin relato, no hay conducción; sin conducción, no hay poder.

Pero el tercer cuarto arrancó distinto.

Discurso de apertura en el Concejo Deliberante (dato no menor) con definiciones incómodas —minería sí, pero con condiciones—, una confrontación abierta con YPF, denuncias de “fuego amigo” dentro de su propio espacio peronista y una postura más firme frente al gobernador de la Provincia del Chubut, Ignacio “Nacho” Torres.

¿Son movimientos aislados? ¿Son señales? ¿Señales tarde? ¿Justo a tiempo? ¿O calculado?

En el básquet, el tercer cuarto suele ser donde el equipo que estuvo contenido decide soltarse. Donde aparecen los liderazgos y donde se asume el riesgo. Y Othar, que viene del mundo de la naranja —jugador, técnico, dirigente y hasta jefe de equipo de la Generación Dorada—, entiende mejor que nadie que los partidos no se juegan solo con talento, se juegan con timing.

Othar "tirando del carro" con su equipo de básquet del colegio Dean Funes

Othar “tirando del carro” con su equipo de básquet del colegio Dean Funes

Hay algo más: el tono.

Un Othar más firme, más político, más dispuesto a incomodar. Incluso a incomodar hacia adentro. Eso, en su historia personal, no pasa desapercibido. Su perfil siempre fue más técnico que confrontativo, más gestor que dirigente. Hoy parece haber entendido que, sin conflicto, no hay posicionamiento.

Y en épocas de campaña, el posicionamiento es todo.

Ahora bien: ¿este cambio es reacción o planificación?

Porque también se puede leer de otra manera. Que el primer tiempo no fue improvisación, sino acumulación. Que esa aparente lentitud fue, en realidad, construcción de condiciones. Que el tercer cuarto no es un volantazo, sino el momento elegido para mostrar cartas.

Si es así, entonces la pregunta es más incómoda: ¿qué tiene preparado para el último cuarto?

Othar dejó una frase que no pasó desapercibida con el periodista Guillermo Rossi: “Hay sombrero para 2027”. En la jerga del básquet —y en su propia historia— el sombrero no es solo una cábala, es su identidad. Es pertenencia y es también un guiño.

¿Está jugando el partido de Comodoro… o ya está mirando la cancha nacional?

El 2027 es electoral. Y tanto en el peronismo de Chubut como en su trinchera, el tablero está abierto. No hay candidato claro. Nombres que circulan como Maximiliano Sampaoli, Fernando Ostoich, Gustavo Fita, entre otros, no terminan de consolidarse. Y el gran interrogante sigue siendo Juan Pablo Luque: ¿gobernador o intendente? ¿vuelve a Comodoro o juega en la provincia?

Con Luque, además, hay tensión. Distancia. Una relación que no fluye, como quedó reflejado en la apertura de sesiones de este año. Y en ese contexto, Othar empieza a ocupar un lugar que antes no tenía, el de actor político con agenda propia.

¿Está construyendo para ser senador nacional?

La lectura entre líneas es inevitable. El tercer cuarto, entonces, es un momento político. Su momento político, el de la definición y el de riesgo.

Porque así como en el básquet el tercer cuarto puede encaminar la victoria… también puede exponer las debilidades. Es el tramo donde ya no hay excusas. Donde el equipo muestra realmente para qué está.

Y Othar, fiel a su estilo, eligió jugarlo. La duda ya no es si la gestión arranca. La duda es hasta dónde quiere llegar.

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