GOBERNAR ES PRODUCIR RESPUESTAS

Como el agua que se estanca, el sistema político que no da respuestas se degrada

domingo, 8 de mayo de 2022 - 4:20

Por Analía Orr

 

A lo largo de los siglos, las comunidades han debido enfrentarse al desafío de resolver cómo satisfacer sus necesidades, administrar los recursos disponibles y decidir al respecto. Si bien a través del tiempo esas comunidades se transformaron y sus necesidades se multiplicaron y complejizaron, algunos aspectos de la vida en común persisten como núcleo de las razones por las cuales alguien se sujetaría a las decisiones tomadas por otros, sean reyes, aristócratas o presidentes. Esas necesidades elementales son las que tienen que ver con la reproducción de la vida material y simbólica; seguridad, alimento y sentido podrían sintetizarlas.

Si observamos algunos aportes de la teoría política para pensar este problema, advertiremos que más allá de las enormes diferencias entre la fundamentación del orden político como resultado de una naturaleza humana (Aristóteles) o de un pacto o contrato (por ejemplo, Hobbes, Locke, Rousseau) esa organización política responde a necesidades humanas cuya satisfacción fundamenta el hecho mismo del vivir juntos.

Liliana Porter (1968). Wrinkle.

Si bien el concepto de sistema político (Easton, 1965; Pasquino, 2004) es transversal a otras categorías típicas de la Ciencia Política como Estado, régimen y gobierno, es útil para pensar esta circularidad o retroalimentación entre demandas y apoyos que ingresan al sistema y respuestas que se dirigen a atender las necesidades que dichas demandas expresan.

En ese sentido, la clave de todo sistema -y el sistema político no es una excepción- radica en los equilibrios que pueda sostener. Cuando las demandas se acumulan y las respuestas no sólo no resuelven problemas, sino que por impericia, déficits de comunicación o dificultades de coordinación los acrecientan y multiplican, podemos vernos inmersos en dos escenarios. En el primero, es posible que la ausencia de respuestas adecuadas a las necesidades que se enuncian promueva un cambio en las preferencias electorales, de manera que otros actores disponibles en la oferta electoral sean consagrados como nuevos decisores encarnando la autoridad del sistema político. En el segundo, puede ocurrir que la magnitud del desencuentro entre demandas y respuestas, así como la caída de los apoyos afecte a todo el sistema político y así a la democracia como régimen y como forma de establecer reglas mediante las cuales se resuelve la pregunta sobre quiénes pueden decidir, cómo, sobre qué asuntos y por cuánto tiempo.

Por ello, la incapacidad del sistema político de producir respuestas adecuadas conlleva en sí el riesgo de una crisis de gobernabilidad. Es importante calibrar apropiadamente el efecto derribo de ese tipo de crisis. Hemos usado tanto la palabra crisis que ahora necesitamos adjetivar los tipos particulares de crisis, las crisis estructurales, las crisis sistémicas, el oxímoron de las crisis crónicas en Argentina.

Una crisis de esa magnitud afectaría en primer término al peronismo, pero no exclusivamente (alguien que le avise a la oposición). El peronismoredimido históricamente en su eficacia corre el riesgo de perder ese valor en manos de sus conflictos internos, que si bien no son nuevos sí son cada vez más pronunciados en términos de la distancia que separa a las partes y sus implicancias institucionales, porque no se trata sólo del enfrentamiento entre dos liderazgos de un partido, como ya hemos visto (pienso en Duhalde amenazando con una consulta popular contra el intento de Menem de forzar sure-reelección en 1999), sino que atestiguamos el choque de dos columnas que hicieron posible construir el Frente de Todos. Todos comparten el mito originario de Perón y Evita pero la manera en que leen y expresan ese pasado común es completamente diferente. Un ejemplo: mientras que una parte del peronismo grita que la deuda la paguen los que la fugaron, otro sector del peronismo negocia con el FMI y sostiene al ministro Guzmán que, dicho sea de paso, ha hecho muy bien aquello para lo cual fue convocado, en sus palabras “Me enfoco 100% en la gestión y no me meto en disputas de poder”.[1] Me recuerda a quienes señalan que no les interesa la política, a lo que siempre respondo que a la política sí le interesás vos. Lo mismo, Martín.

En este contexto, crece la presencia de Milei como expresión del descontento con lxs políticos, pero también con la política. ¿Ese descontento alcanza a la democracia? ¿Irradia al sistema político en su conjunto? El contexto no ayuda. Según el texto que nuestra colega Mariana Prats publicó en Agenda Pública, hay un deterioro de la confianza de los latinoamericanosen sus gobiernos. Tal es así queEn 2021, solo el 38% de los latinoamericanos declaró confiar en los suyos”.[2]

En Argentina, el miedo a Milei y la pregunta por los límites del sistema ya forman parte de la postura de representantes como Martín Tetaz quien expresó su rechazo a la posible incorporación de aquel a Juntos por el Cambio, mientras que otrxs dirigentes de su mismo espacio ven la oportunidad de sumar votos y desplazar el espacio político hacia una zona ideológica más acorde a sus intereses.

¿Qué valores expresa Milei? ¿Coraje, honestidad ‘brutal’, hartazgo con la clase política que él mismo integra, aunque le pese? A partir de una cuidadosa presentación de su imagen irritada y poco dispuesta frente a las reglas típicas del debate público democrático, como la de escuchar y ser escuchado, Milei logra eludir su identificación con la clase que denuncia. El sólo quiere decir sus verdades y en ese gesto insistente expresa la necesidad de decir de muchxs compatriotas que observan con impotencia las peleas de lxs dirigentes mientras la realidad los golpea en la cara todos los días.

Sin desconocer el esfuerzo denodado, personal y completo de muchxsfuncionarixs que durante los años de pandemia pusieron su vida al servicio de nuestro pueblo, es necesario advertir que no alcanza con hacer si no se cambia algo de la realidad que apremia. Es decir, no es posible contentarse con lo mucho que se hace si en ese hacer no se logra dar respuesta a las necesidades urgentes y crecientes de la comunidad, especialmente de lxs más vulnerables. Gobernar es producir respuestas, no por un partido, por una comunidad, por la democracia.

[1]“Martín Guzmán: “Me enfoco 100% en la gestión y no me meto en disputas de poder”, TN, 28 de abril 2022, disponible en https://tn.com.ar/economia/2022/04/28/martin-guzman-me-enfoco-100-en-la-gestion-y-no-me-meto-en-disputas-de-poder/

[2] Prats, M. (2022). “Algunos ingredientes para reconstruir la confianza en las instituciones”, Agenda Pública, disponible en https://agendapublica.elpais.com/noticia/17941/algunos-ingredientes-reconstruir-confianza-instituciones .

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