LAS CONSECUENCIAS DE SER MUJER

En los últimos días observamos una serie de evidencias que indican lo difícil de ser mujer en nuestro país, quizás en nuestro mundo.

domingo, 3 de abril de 2022 - 7:00

Por Analía Orr

 

Hace unos días comencé a leer el nuevo libro de Camila Sosa Villada, aquella que nos deslumbró y sacudió emocionalmente con Las Malas. Se trata de un libro de cuentos que lleva por título una expresión entrañable:Soy una tonta por quererte. Más allá de los cuentos en sí, el libro me resulta interesante porque declara un presupuesto metodológico cuando a poco de comenzar dice “en la escritura es inútil disfrazar la primera persona porque los escritos comienzan a enfermarse a los tres o cuatro párrafos” (2022: 13). No podría estar más de acuerdo. Por ello, confieso que soy mujer y he temido.

Sin embargo, el estudio de los obstáculos y condicionamientos que encontramos las mujeres para desarrollarnos en distintos ámbitos de la vida social nos enseña que nuestra historia no es singular, sino que forma parte de una estructuralidad de relaciones de género que dan forma a nuestra experiencia individual. De modo más amplio, es la relación entre biografía e historia que nos enseña Wright Mills en La imaginación sociológica, publicado originalmente en 1959.

Ser mujer es una condición que excede la determinación biológica y configura una posición relativa en una estructura de dominación que históricamente nos consume como combustible, pero nos ignora o abiertamente nos violenta cuando demandamos igualdad. Y los temores que atravesamos debido a nuestra condición de mujeres abarcan un rango que se extiende desde el miedo al rechazo, a la impugnación de nuestra capacidad, a la dependencia económica, al acoso, el abuso sexual, la violencia física, la muerte o a ser borradas de la historia por narrativas masculinizadas y hegemónicas que omiten el reconocimiento de las condiciones bajo las cuales todas sus proezas son posibles. Algunos ejemplos nos permitirán comprender la vigencia de este patrón de dominación.

La economía de los cuidados. El trabajo académico, político e institucional de muchas mujeres ha permitido avanzar hacia el reconocimiento de los cuidados como un sector económico estratégico, tal como lo propone el trabajo de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, encabezada hasta hace unos días por Mercedes D’Alessandro y ahora a cargo de Sol Prieto. Reconocer el aporte económico de los cuidados es un paso imprescindible para la ponderación adecuada de la contribución no sólo afectiva sino económica que las mujeres realizamos al sostenimiento de la vida en común. Además, es el punto de partida para el abordaje de las brechas de desigualdad que se fundan sobre la distribución inequitativa de las tareas de cuidados, así como para la transformación del entramado cultural que la sostiene, reproduce y refuerza mediante la culpabilización de las mujeres que no están dispuestas a someterse a este pacto no consentido. Porque si estás en tu casa se supone que no producís y si estás trabajando todo el día abandonás a los tuyos ¿te suena?.

En ese sentido, un informe publicado por la mencionada Dirección[1] sostiene que “La distribución del TDCNR -trabajo doméstico de cuidados no remunerado- es estructuralmente desigual: 9 de cada 10 mujeres realizan estas tareas, que significan en promedio 6,4 horas diarias. Ellas dedican tres veces más tiempo que los varones” a alimentar, cuidar, producir habitabilidad, satisfacer necesidades y sostener las posibilidades de estudio, trabajo y ocio de otrxs, con su consecuente impacto sobre las características de la inserción de las mujeres en el mercado laboral.

Ser mujer también es estar en plena pandemia sosteniendo los comedores, vacunando, enseñando, buscando componer un ingreso, cuidando familiares y acompañando niñeces en escolarización remota, tal como surge de la entrevista que el canal de noticias IP le hizo a la Secretaria Adjunta de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) Dina Sánchez el 30 de marzo pasado, en el contexto de movilizaciones por reclamo de alimentos para los comedores.

Ley de talles. Ser mujer también es vivir expuesta al juicio estético dominante y a complicaciones concretas y prácticas como no encontrar talle o ser maltratadas porque nuestros cuerpos no encajan. Al respecto, urge garantizar la vigencia del Sistema Único Normalizado de Talles de Indumentaria (SUNITI) sancionado por Ley 27.521 (Decreto reglamentario 375/2021) así como el trato digno y la defensa frente a prácticas abusivas, discriminatorias o vergonzantes, tal como lo establece el artículo 9° de dicha ley. En la misma dirección, el decreto reglamentarioincluyea representantes de Defensa del Consumidor(x) y del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo)en el Consejo Técnico Consultivo.

Femicidios. Según el último informe de Mumalá, entre el 1 de enero y el 30 de marzo 2022 se produjeron 103 muertes violentas de mujeres, travestis y trans. Una muerte violenta de mujeres, travestis y trans en la Argentina cada 21 hs. 66 de esas muertes son femicidios. A su vez, el 70% de los femicidios ocurren en la vivienda de la víctima o vivienda compartida y el 67% de los femicidas son la pareja o ex pareja de la víctima. Es decir, para una mujer la cocina de su casa puede ser un lugar muy peligroso.

Malvinas. Ser mujer también es ir a la guerra y tener que disputar el reconocimiento como veterana. Muchas mujeres estaban ahí, pero la narrativa dominante las invisibilizó. Es el caso de Alicia Reynoso, enfermera destacada en Comodoro Rivadavia, que en 2021 obtuvo una sentencia judicial que la reconoce como veterana (Lorenz, ElDiario.es, 1/4/22). Es también el caso de las mujeres sobre las que investiga Florencia Quintero, Profesora de Historia UNPSJB e integrante del Foro de Estudios de Historia Reciente de la Facultad de Humanidades y Cs. Sociales. En sus trabajos[2], Florencia repasa la experiencia social de la guerra, haciendo foco en la experiencia de las mujeres enfermeras, parientes de soldados, en organizaciones de la sociedad civil. Sin dudas, estas investigaciones contribuyen a producir conocimiento científico sobre un aspecto todavía poco explorado sobre la guerra, tal como lo son los diferentes roles desempeñados por las mujeres.

En suma, ser mujer es vivir en peligro actual, inminente o latente de padecer violencia física, económica, emocional, simbólica. Los relatos se multiplican, las voces se alzan cada vez con más fuerza, el silencio ya no es una opción.

 

[1] Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (2020). “Los cuidados, un sector económico estratégico. Medición del aporte del Trabajo Doméstico y de Cuidados no Remunerado al Producto Interno Bruto”, MECON, disponible en https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/los_cuidados_-_un_sector_economico_estrategico_0.pdf .

[2] Por ejemplo, “Las mujeres comodorenses durante la Guerra de Malvinas. ¿Invisibilización o empoderamiento en el espacio público?”, ponencia presentada en las I Jornadas de Análisis Político, UNPSJB, Comodoro Rivadavia, octubre de 2016.

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